/ martes 12 de mayo de 2020

“Biblioteca de la periferia”

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“La belleza de ser diferentes”

¿Seré guapo o seré feo?, ¿acaso son alguien muy capaz, o bien la inteligencia no fue precisamente mi fuerte?, ¿soy un agraciado o me tocó ser desgraciado? Estas y otras preguntas encuentran su respuesta no siempre en la auto valoración sino en estándares colocados desde un sector hegemónico, es decir, instalado como vector de las determinaciones verdaderas y lícitas. Pero… ¿eso es la verdad?

Los tiempos del colonialismo hicieron surgir varias teorías sobre la opresión, la resistencia, la violencia, elementos que ciertamente son altamente necesarios de análisis cuando la sociedad misma la está padeciendo. Desde esas teorías, particularmente las reflexionadas y aplicadas desde quien está sufriendo la opresión, o marginación, o la exclusión, llegan a provocar reacciones sociales, que según la lectura que hagan del análisis pueden llegar a ser reactivas hacia el sistema opresor, algunas veces con violencia y bajo el empeño de que dicha violencia es justificada o incluso catarsis. Otras veces la reacción es opuesta al esquema mismo de quienes oprimen, en este caso siendo más bien alternativos en su forma de manifestar su inconformidad (a través de manifestaciones de paz, armonía, amor, reconciliación) en modos pacifistas, o bien siendo reaccionarios -incluso con signos de violencia- pero ofreciendo alternativas que no sean una condición inversa al sistema opresor vigente.

Hoy, aunque llamemos que la época del colonialismo ha concluido, seguimos siendo testigos de esas enormes brechas entre los grupos en una misma sociedad, donde no todos tienen las mismas oportunidades ni pueden acceder todos a cubrir lo que por derecho pueden y deben aspirar. Los grupos de resistencia han aprendido nuevas formas de presentar una reacción y algunos incluso nuevas proposiciones de vida social.

La historia de la humanidad nos ha mostrado que ese vaivén de condiciones dinámicas, marcada cada una por las especificidades de sus tiempos, hacen que surjan acciones y reacciones específicas ante las condiciones de exclusión y marginación, aunque en otros muchos resignación y conformismo. Somos un mundo plural, diverso, lleno de diferencias que nos dan riqueza y de opciones similares que nos pueden también consolidar en la armonía si todos podemos colaborar.

Esa diversidad hace de nuestro mundo y en especial de nuestra especie humana una fuente de gran belleza, pero para poderla vivir como tal, se debe aprender a vivir y convivir en esa diversidad y, como todo aprendizaje, eso cuesta. Y, para cerrar igual como se abrió esta columna… cuando se habla de colonizar, se piensa en “conquistar”, pero el vivir en la diversidad en armonía no es una conquista en sí, sino un ejercicio constante y continuo, porque no se llega una sola vez y se instala, sino que nuestro mundo -que es dinámico- está en continuo e incesante movimiento, por lo que exige de nosotros una continua capacidad de adaptación y relectura de los acontecimientos para volver a trabajar en construir ese mundo donde quepan muchos mundos.

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“La belleza de ser diferentes”

¿Seré guapo o seré feo?, ¿acaso son alguien muy capaz, o bien la inteligencia no fue precisamente mi fuerte?, ¿soy un agraciado o me tocó ser desgraciado? Estas y otras preguntas encuentran su respuesta no siempre en la auto valoración sino en estándares colocados desde un sector hegemónico, es decir, instalado como vector de las determinaciones verdaderas y lícitas. Pero… ¿eso es la verdad?

Los tiempos del colonialismo hicieron surgir varias teorías sobre la opresión, la resistencia, la violencia, elementos que ciertamente son altamente necesarios de análisis cuando la sociedad misma la está padeciendo. Desde esas teorías, particularmente las reflexionadas y aplicadas desde quien está sufriendo la opresión, o marginación, o la exclusión, llegan a provocar reacciones sociales, que según la lectura que hagan del análisis pueden llegar a ser reactivas hacia el sistema opresor, algunas veces con violencia y bajo el empeño de que dicha violencia es justificada o incluso catarsis. Otras veces la reacción es opuesta al esquema mismo de quienes oprimen, en este caso siendo más bien alternativos en su forma de manifestar su inconformidad (a través de manifestaciones de paz, armonía, amor, reconciliación) en modos pacifistas, o bien siendo reaccionarios -incluso con signos de violencia- pero ofreciendo alternativas que no sean una condición inversa al sistema opresor vigente.

Hoy, aunque llamemos que la época del colonialismo ha concluido, seguimos siendo testigos de esas enormes brechas entre los grupos en una misma sociedad, donde no todos tienen las mismas oportunidades ni pueden acceder todos a cubrir lo que por derecho pueden y deben aspirar. Los grupos de resistencia han aprendido nuevas formas de presentar una reacción y algunos incluso nuevas proposiciones de vida social.

La historia de la humanidad nos ha mostrado que ese vaivén de condiciones dinámicas, marcada cada una por las especificidades de sus tiempos, hacen que surjan acciones y reacciones específicas ante las condiciones de exclusión y marginación, aunque en otros muchos resignación y conformismo. Somos un mundo plural, diverso, lleno de diferencias que nos dan riqueza y de opciones similares que nos pueden también consolidar en la armonía si todos podemos colaborar.

Esa diversidad hace de nuestro mundo y en especial de nuestra especie humana una fuente de gran belleza, pero para poderla vivir como tal, se debe aprender a vivir y convivir en esa diversidad y, como todo aprendizaje, eso cuesta. Y, para cerrar igual como se abrió esta columna… cuando se habla de colonizar, se piensa en “conquistar”, pero el vivir en la diversidad en armonía no es una conquista en sí, sino un ejercicio constante y continuo, porque no se llega una sola vez y se instala, sino que nuestro mundo -que es dinámico- está en continuo e incesante movimiento, por lo que exige de nosotros una continua capacidad de adaptación y relectura de los acontecimientos para volver a trabajar en construir ese mundo donde quepan muchos mundos.

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