/ martes 26 de mayo de 2020

“Biblioteca de la periferia”

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“La reivindicación de los marginados”

En muchas de nuestras sociedades sigue predominando el concepto de riqueza como sinónimo de acumulación, el capital se entiende como la capacidad misma de producir y acumular. Lo que deja en entredicho otras visiones y modos de apreciarse o de saberse útil,

Y cuando estos estándares de medición son los que imperan, se vuelve difícil y muchas veces incluso peligroso el tratar de vivir en otro esquema; se enjuicia, se estigmatiza, se margina a otras formas distintas. No es que sea mala en sí misma la acumulación y la intención del producir… lo que resulta negativo y peligroso es que eso se haga a costa de otros, o bien de la propia naturaleza y mundo en que vivimos. Rebasando la armonía y equilibrio en el que deberíamos de vivir, como inquilinos más de esta casa que compartimos temporalmente.

Pero es esa exacerbación del acumulamiento lo que también deja excluidos otros elementos y componentes del ser humano, que también son riqueza, pero como no se interpreta así desde la visión dominante, queda marginada a los añadidos de los cuales fácilmente se puede la sociedad desprender o sacrificar.

Algunos ejemplos son las decisiones de quienes gobiernan respecto a los presupuestos de la inversión que se hará en programas con el dinero púbico; cuántas veces las artes quedan excluidas o con un ínfimo apoyo, por no considerarse quizá indispensables para las políticas económicas, cuántas veces las disciplinas humanísticas han quedado relegadas o poco valoradas en sus tabuladores salariales por no apreciar la relevancia de su trabajo, que aparentemente no se ve reflejado en productos acumulados… cuántas veces las capacidades deportivas son poco incentivadas por considerar unas cuántas disciplinas dignas de invertir pero por su alto impacto comercial y la retribución que tiene para los amantes del acumulamiento del capital, dejando así de lado a tantos otros individuos que no pueden aspirar a desarrollar habilidades por la poca intención de aportar en actividades que promueven la salud y el sano esparcimiento… ¡cuántas veces las prácticas que alimentan la interioridad del ser humano, las espiritualidades, la vinculación con los ancestros y las conexiones con lo terreno y las expresiones de tratar con lo trascendente, son vistas incluso con desprecio y anti desarrollo!

Pues bien… ante momentos de crisis y situaciones en las que se apostaba por que el capital entendido como acumulamiento, daban la salvación a la humanidad, nos podemos dar cuenta que aquellas actividades y aquellos que fueron excluidos, son hoy en día un motor más que necesario para mantener a flote a tantísimos, porque si bien vamos a requerir más impulsos para reconstruir un capital familiar, nos damos cuenta de la enorme relevancia de las artes, de la interioridad, de impulso de la proyección y la trascendencia, de la conexión con la tierra y de lo valioso de mantenerse activo físicamente, con los cuidados y salud del equilibrio, no del exceso insaciable.

Hoy, se nos vuelve a gritar que es importante la armonía, que es de suma importancia invertir en aquello que a veces no se puede medir como una empresa mide las cantidades de productos al día que han fabricado, pero que es lo que queda, lo que permanece, lo que transforma. Una economía donde todos -no sólo algunos- tengamos lo suficiente.

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“La reivindicación de los marginados”

En muchas de nuestras sociedades sigue predominando el concepto de riqueza como sinónimo de acumulación, el capital se entiende como la capacidad misma de producir y acumular. Lo que deja en entredicho otras visiones y modos de apreciarse o de saberse útil,

Y cuando estos estándares de medición son los que imperan, se vuelve difícil y muchas veces incluso peligroso el tratar de vivir en otro esquema; se enjuicia, se estigmatiza, se margina a otras formas distintas. No es que sea mala en sí misma la acumulación y la intención del producir… lo que resulta negativo y peligroso es que eso se haga a costa de otros, o bien de la propia naturaleza y mundo en que vivimos. Rebasando la armonía y equilibrio en el que deberíamos de vivir, como inquilinos más de esta casa que compartimos temporalmente.

Pero es esa exacerbación del acumulamiento lo que también deja excluidos otros elementos y componentes del ser humano, que también son riqueza, pero como no se interpreta así desde la visión dominante, queda marginada a los añadidos de los cuales fácilmente se puede la sociedad desprender o sacrificar.

Algunos ejemplos son las decisiones de quienes gobiernan respecto a los presupuestos de la inversión que se hará en programas con el dinero púbico; cuántas veces las artes quedan excluidas o con un ínfimo apoyo, por no considerarse quizá indispensables para las políticas económicas, cuántas veces las disciplinas humanísticas han quedado relegadas o poco valoradas en sus tabuladores salariales por no apreciar la relevancia de su trabajo, que aparentemente no se ve reflejado en productos acumulados… cuántas veces las capacidades deportivas son poco incentivadas por considerar unas cuántas disciplinas dignas de invertir pero por su alto impacto comercial y la retribución que tiene para los amantes del acumulamiento del capital, dejando así de lado a tantos otros individuos que no pueden aspirar a desarrollar habilidades por la poca intención de aportar en actividades que promueven la salud y el sano esparcimiento… ¡cuántas veces las prácticas que alimentan la interioridad del ser humano, las espiritualidades, la vinculación con los ancestros y las conexiones con lo terreno y las expresiones de tratar con lo trascendente, son vistas incluso con desprecio y anti desarrollo!

Pues bien… ante momentos de crisis y situaciones en las que se apostaba por que el capital entendido como acumulamiento, daban la salvación a la humanidad, nos podemos dar cuenta que aquellas actividades y aquellos que fueron excluidos, son hoy en día un motor más que necesario para mantener a flote a tantísimos, porque si bien vamos a requerir más impulsos para reconstruir un capital familiar, nos damos cuenta de la enorme relevancia de las artes, de la interioridad, de impulso de la proyección y la trascendencia, de la conexión con la tierra y de lo valioso de mantenerse activo físicamente, con los cuidados y salud del equilibrio, no del exceso insaciable.

Hoy, se nos vuelve a gritar que es importante la armonía, que es de suma importancia invertir en aquello que a veces no se puede medir como una empresa mide las cantidades de productos al día que han fabricado, pero que es lo que queda, lo que permanece, lo que transforma. Una economía donde todos -no sólo algunos- tengamos lo suficiente.

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