/ jueves 4 de marzo de 2021

Bóvedas, grutas y subterráneos

El aeropuerto de Beijing, quizás el más moderno del mundo, tiene un increíble sistema para la recuperación de equipaje.

Bajo su edificación. Bajo las pistas. En un subterráneo. Circulan millones de maletas entre una complejísima red mecánica de bandas sinfín, interconectadas y ordenadas electrónicamente. El riesgo de pérdida de una maleta es mínimo.

Cierro mis ojos y pienso; así deben estar las catacumbas del poder en nuestro país. Hablo del poder político, legislativo y judicial.

Imaginemos:

Lo que alcanzamos a ver, es sólo lo superficial; siempre hay un cajón, una bóveda, un carril, donde se esconde lo que se desea esconder, donde se oculta quien tiene el poder para ocultarse y luego reaparecer.

Donde funciona una malla de esas bandas sinfín, que acercan, detienen, retrasan, aceleran, o desvían, las denuncias, resoluciones, peticiones de desafueros, y otras iniciativas que pueda usted imaginar.

Es temporada de solicitudes para desafueros.

Deben haber varias solicitudes, sin embargo, acá en Chihuahua, el primero, que nos inquietó, fue el de la solicitud de la fiscalía para desaforar al senador Cruz Pérez Cuéllar. Acusado, como María Eugenia Campos, de haber recibido unos milloncitos de parte del ex gobernador, ahora preso, César Duarte Jáquez.

Se recibió, y quedó pendiente de resolver en el el cajón de las respuestas lentas.

El más reciente, trae paralizados a los gobernadores panistas.

La solicitud de la FGR para desaforar al gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, y la aceptación del congreso del Estado de para desaforarlo por posibles delitos de delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y defraudación fiscal equiparada.

Aquí hubo fast track.

Sin duda, agarró el tobogán más resbaloso.

Mientras la solicitud contra Cruz Pérez Cuéllar, trae un agarre de lija de la más gorda, y se detiene en cada arista del camino.

Y luego tenemos el caso de Armando Cabada, en el que, reaparece un ominoso personaje como uno de sus defensores. Se trata de Rodrigo Moya Rosas.

Podría pasar inadvertido, pues las cortinas de la ignominia lo tenían oculto, sin embargo, fue descubierto por los cazanefastos, y nos pasan un documento oficial del 2018 en el que se ve involucrado como cómplice en el decomiso de 20 millones en CDMX que tenían como destino el PRI.

Así las cosas.

El aeropuerto de Beijing, quizás el más moderno del mundo, tiene un increíble sistema para la recuperación de equipaje.

Bajo su edificación. Bajo las pistas. En un subterráneo. Circulan millones de maletas entre una complejísima red mecánica de bandas sinfín, interconectadas y ordenadas electrónicamente. El riesgo de pérdida de una maleta es mínimo.

Cierro mis ojos y pienso; así deben estar las catacumbas del poder en nuestro país. Hablo del poder político, legislativo y judicial.

Imaginemos:

Lo que alcanzamos a ver, es sólo lo superficial; siempre hay un cajón, una bóveda, un carril, donde se esconde lo que se desea esconder, donde se oculta quien tiene el poder para ocultarse y luego reaparecer.

Donde funciona una malla de esas bandas sinfín, que acercan, detienen, retrasan, aceleran, o desvían, las denuncias, resoluciones, peticiones de desafueros, y otras iniciativas que pueda usted imaginar.

Es temporada de solicitudes para desafueros.

Deben haber varias solicitudes, sin embargo, acá en Chihuahua, el primero, que nos inquietó, fue el de la solicitud de la fiscalía para desaforar al senador Cruz Pérez Cuéllar. Acusado, como María Eugenia Campos, de haber recibido unos milloncitos de parte del ex gobernador, ahora preso, César Duarte Jáquez.

Se recibió, y quedó pendiente de resolver en el el cajón de las respuestas lentas.

El más reciente, trae paralizados a los gobernadores panistas.

La solicitud de la FGR para desaforar al gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, y la aceptación del congreso del Estado de para desaforarlo por posibles delitos de delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y defraudación fiscal equiparada.

Aquí hubo fast track.

Sin duda, agarró el tobogán más resbaloso.

Mientras la solicitud contra Cruz Pérez Cuéllar, trae un agarre de lija de la más gorda, y se detiene en cada arista del camino.

Y luego tenemos el caso de Armando Cabada, en el que, reaparece un ominoso personaje como uno de sus defensores. Se trata de Rodrigo Moya Rosas.

Podría pasar inadvertido, pues las cortinas de la ignominia lo tenían oculto, sin embargo, fue descubierto por los cazanefastos, y nos pasan un documento oficial del 2018 en el que se ve involucrado como cómplice en el decomiso de 20 millones en CDMX que tenían como destino el PRI.

Así las cosas.

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