/ miércoles 27 de enero de 2021

El Juglar de la Red

Pedrito y el lobo

Ahora que el presidente Andrés Manuel López Obrador resultó positivo a la prueba de Covid-19, su contagio fue noticia breve, de inmediato el tema evolucionó a uno más indicativo de lo que se piensa del Presidente de la República: un 70 por ciento de las personas que opinaron en redes sociales cree que el anuncio de su enfermedad es una mentira más.

Lo cierto es que para un personaje como López Obrador, que ganó la presidencia de la República con más de 30 millones de votos, debe ser devastador constatar que el apoyo que antes tenía en las redes sociales se diluyó y ahora lo que recibe es insultos y memes.

Fue tan avasalladora la ola de comentarios negativos que la propia empresa que maneja Twitter se vio obligada a emitir un comunicado donde señalaba que aquellos que le desearan la muerte a una persona – en este caso López Obrador--, a través de esa red social se les cancelaría su cuenta personal.

Lo que antes eran “las benditas redes sociales” de pronto dieron muestra de un hartazgo hacia el Presidente y más allá de que políticos de todas las corrientes fueron “políticamente correctos” al expresar sus parabienes y desearle pronta mejoría en la salud, el grueso de la población simplemente consideró que todo era un estrategia, un ardid para generar sentimientos y capitalizarlos electoralmente.

Hubo voces que hasta llegaron a asegurar que Andrés Manuel López Obrador ya había sido vacunado con un antígeno de origen chino y de ahí elaboraron todo un entramado de hipótesis para explicar el motivo del anuncio de su contagio.

En un país con la mayor tasa de letalidad y contagio en el mundo, donde la pandemia se salió de control y con un Jefe de Estado obcecado en no poner el ejemplo de utilizar cubre bocas, no es remoto que llegue a contagiarse.

Pero con el historial de manipulación que hace gala López Obrador, con la estrategia utilizada de que sus funcionarios se “enfermen” justo cuando les estalla un escándalo en la cara o están sujetos a dar explicaciones por alguna irregularidad que se detectó en la función pública que desempeñan, no es extraño que la gente dude de la veracidad de la información que proporciona el inquilino de Palacio Nacional.

El Presidente se enfermó justo cuando llegamos a la cifra de 150 mil personas muertas por Covid-19, esa cifra oficial –porque hay quienes calculan que en realidad son 300 mil los fallecidos—está muy lejos de lo que se consideró el escenario “catastrófico” planteado por Hugo López-Gatell que era de 60 mil muertes.

La enfermedad alcanzó a López Obrador justo en el momento cuando se descubrió que México es el único país que no había comprado ninguna de las vacunas existentes en el mercado y las que se aplicaron de la farmacéutica Pfizer fueron dadas como parte de la etapa experimental, para conocer efectos y reacciones en las personas que se la aplicaron, pero que además no habrá una segunda dosis porque simplemente no alcanzaron.

Ahora que el presidente López Obrador está en cuarentena, se sabe también que en México no hay vacunas porque nunca se compraron y de ahí se desprende el viaje que el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell debió realizar urgentemente a Argentina para gestionar allá la compra de la vacuna rusa, la misma que no se puede aplicar a personas mayores de 65 años; pero que el presidente López anunció se logró gestionar con su homólogo ruso, Vladimir Putin, las dosis para vacunar a 11 millones de personas.

La enfermedad de un Jefe de Estado no es un asunto menor, se trata de un tema que escala hasta convertirse de seguridad nacional y en un país como el nuestro, donde no está clara la línea de mando cuando el presidente falta por más de 60 días, es menester que el asunto no sea solamente de índole médico porque también tiene implicaciones políticas.

Por haber estado en contacto con el Presidente López en espacios cerrados y por más de 30 minutos sin utilizar cubre bocas, ahora deben estar encerrados en cuarentena los Secretarios de la Defensa Nacional, el Comandante de la Guardia Nacional, el Secretario de Marina, la Secretaria de Economías, el gobernador neolonés, el mandatario de San Luis Potosí, la secretaria de Seguridad Pública, diversos empresarios de Nuevo León y hasta la candidata de Morena a la gubernatura de esa entidad, incluso el propio Hugo López-Gatell, quien ahora se convirtió en rehén de todas las palabras zalameras y el uso político antes que científico dado a la pandemia.

El problema es que muy pocos le creen al Presidente y eso trasciende a todos los temas de la vida nacional; ahora se pudo verificar que aunque muchos lo respaldan, no necesariamente le creen.

Y es que esta como aquel cuento de Pedrito y el Lobo. Pedrito tantas veces engaño con el grito de “Ahí viene el lobo” que cuando realmente llegó, nadie le creyó su llamado de alerta y el lobo lo devoró.

Pedrito y el lobo

Ahora que el presidente Andrés Manuel López Obrador resultó positivo a la prueba de Covid-19, su contagio fue noticia breve, de inmediato el tema evolucionó a uno más indicativo de lo que se piensa del Presidente de la República: un 70 por ciento de las personas que opinaron en redes sociales cree que el anuncio de su enfermedad es una mentira más.

Lo cierto es que para un personaje como López Obrador, que ganó la presidencia de la República con más de 30 millones de votos, debe ser devastador constatar que el apoyo que antes tenía en las redes sociales se diluyó y ahora lo que recibe es insultos y memes.

Fue tan avasalladora la ola de comentarios negativos que la propia empresa que maneja Twitter se vio obligada a emitir un comunicado donde señalaba que aquellos que le desearan la muerte a una persona – en este caso López Obrador--, a través de esa red social se les cancelaría su cuenta personal.

Lo que antes eran “las benditas redes sociales” de pronto dieron muestra de un hartazgo hacia el Presidente y más allá de que políticos de todas las corrientes fueron “políticamente correctos” al expresar sus parabienes y desearle pronta mejoría en la salud, el grueso de la población simplemente consideró que todo era un estrategia, un ardid para generar sentimientos y capitalizarlos electoralmente.

Hubo voces que hasta llegaron a asegurar que Andrés Manuel López Obrador ya había sido vacunado con un antígeno de origen chino y de ahí elaboraron todo un entramado de hipótesis para explicar el motivo del anuncio de su contagio.

En un país con la mayor tasa de letalidad y contagio en el mundo, donde la pandemia se salió de control y con un Jefe de Estado obcecado en no poner el ejemplo de utilizar cubre bocas, no es remoto que llegue a contagiarse.

Pero con el historial de manipulación que hace gala López Obrador, con la estrategia utilizada de que sus funcionarios se “enfermen” justo cuando les estalla un escándalo en la cara o están sujetos a dar explicaciones por alguna irregularidad que se detectó en la función pública que desempeñan, no es extraño que la gente dude de la veracidad de la información que proporciona el inquilino de Palacio Nacional.

El Presidente se enfermó justo cuando llegamos a la cifra de 150 mil personas muertas por Covid-19, esa cifra oficial –porque hay quienes calculan que en realidad son 300 mil los fallecidos—está muy lejos de lo que se consideró el escenario “catastrófico” planteado por Hugo López-Gatell que era de 60 mil muertes.

La enfermedad alcanzó a López Obrador justo en el momento cuando se descubrió que México es el único país que no había comprado ninguna de las vacunas existentes en el mercado y las que se aplicaron de la farmacéutica Pfizer fueron dadas como parte de la etapa experimental, para conocer efectos y reacciones en las personas que se la aplicaron, pero que además no habrá una segunda dosis porque simplemente no alcanzaron.

Ahora que el presidente López Obrador está en cuarentena, se sabe también que en México no hay vacunas porque nunca se compraron y de ahí se desprende el viaje que el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell debió realizar urgentemente a Argentina para gestionar allá la compra de la vacuna rusa, la misma que no se puede aplicar a personas mayores de 65 años; pero que el presidente López anunció se logró gestionar con su homólogo ruso, Vladimir Putin, las dosis para vacunar a 11 millones de personas.

La enfermedad de un Jefe de Estado no es un asunto menor, se trata de un tema que escala hasta convertirse de seguridad nacional y en un país como el nuestro, donde no está clara la línea de mando cuando el presidente falta por más de 60 días, es menester que el asunto no sea solamente de índole médico porque también tiene implicaciones políticas.

Por haber estado en contacto con el Presidente López en espacios cerrados y por más de 30 minutos sin utilizar cubre bocas, ahora deben estar encerrados en cuarentena los Secretarios de la Defensa Nacional, el Comandante de la Guardia Nacional, el Secretario de Marina, la Secretaria de Economías, el gobernador neolonés, el mandatario de San Luis Potosí, la secretaria de Seguridad Pública, diversos empresarios de Nuevo León y hasta la candidata de Morena a la gubernatura de esa entidad, incluso el propio Hugo López-Gatell, quien ahora se convirtió en rehén de todas las palabras zalameras y el uso político antes que científico dado a la pandemia.

El problema es que muy pocos le creen al Presidente y eso trasciende a todos los temas de la vida nacional; ahora se pudo verificar que aunque muchos lo respaldan, no necesariamente le creen.

Y es que esta como aquel cuento de Pedrito y el Lobo. Pedrito tantas veces engaño con el grito de “Ahí viene el lobo” que cuando realmente llegó, nadie le creyó su llamado de alerta y el lobo lo devoró.

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