/ jueves 5 de mayo de 2022

Escribamos historia en el agua

El prestigioso astrónomo británico Martin Rees escribió en su estudio Perspectivas para el Futuro de la Humanidad: "Este es el primer siglo en el que una especie, la nuestra, ostenta tanto poder y es tan dominante que tiene el futuro del planeta en sus manos". Es decir, de los más de 45 millones de años que tiene la tierra, éste siglo es crucial.

Cada vez que realizamos las actividades más cotidianas quizá no somos conscientes de que la manera en la que utilizamos los recursos nos acerca peligrosamente a ese momento en el que no contaremos con recursos ni siquiera para subsistir.

Tal es el caso del agua, ya que aun partiendo de los más optimistas pronósticos, se estima que a Chihuahua capital le queda agua para dentro de unos 20 años, mientras que a Ciudad Juárez le quedan alrededor de 10 años sin contar que dentro de estas estimaciones se toman en cuenta mantos subterráneos de los cuales creemos poder disponer, pero que presentan contaminación con plomo, arsénico y flúor, lo cual nos acerca al “Día Cero”.

Quizá los seres humanos, acostumbrados a mantener nuestro estilo de vida y a que hasta el momento todos los recursos naturales han sido infinitos, solemos pensar que incluso 10 años son muchos y que algo llegará, algo inventaremos que evite nuestro fatal final. Confiados precisamente en ello, planeamos la gestión de nuestros recursos como si no tuvieran una fecha límite: ejemplo de lo anterior es el Plan Estatal Hídrico para 2020-2040, un ambicioso instrumento de planeación y gestión que contempla acciones y gestiones sobre un recurso que probablemente no nos alcance para entonces; este Plan Estatal puede ser el último.

Contrario a lo que se pueda pensar, no se trata de fatalismo, sino a lo que es un hecho: consumimos más agua de la que recuperamos y la situación es la misma a lo largo del estado: Desde Ascensión hasta el acuífero que incluye la presa La Boquilla, por mencionar sólo algunos, gozaban hace 5 años de disponibilidad de agua y ahora presentan un preocupante déficit.

Las consecuencias de lo anterior no sólo se reflejarán al momento de abrir la llave, sino cuando busquemos alimentos que sin duda como ya lo estamos viendo, encarecen sus precios y su disponibilidad se dificulta. Tenemos nogaleras prósperas, proyectos de parques acuáticos en pleno desierto a la par que comunidades tarahumaras enteras que cada temporada sí y la siguiente también sufren hambruna.

El negacionismo ya no es factible, ya no es una opción: la desigualdad en el acceso al agua, la falta de una gestión democrática, transparente, científica y efectiva del agua, y la política de sobreexplotación deben ser cuestiones abordadas no como el logro de alguna administración, sino un problema grave que demanda la coordinación intersectorial y los esfuerzos no sólo de gobierno, sino de la población. Decía William Shakespeare que Los vicios del hombre son grabados en bronce y sus virtudes se escriben en el agua”, hagamos entonces historia en el agua.

Economista. Diputado local

El prestigioso astrónomo británico Martin Rees escribió en su estudio Perspectivas para el Futuro de la Humanidad: "Este es el primer siglo en el que una especie, la nuestra, ostenta tanto poder y es tan dominante que tiene el futuro del planeta en sus manos". Es decir, de los más de 45 millones de años que tiene la tierra, éste siglo es crucial.

Cada vez que realizamos las actividades más cotidianas quizá no somos conscientes de que la manera en la que utilizamos los recursos nos acerca peligrosamente a ese momento en el que no contaremos con recursos ni siquiera para subsistir.

Tal es el caso del agua, ya que aun partiendo de los más optimistas pronósticos, se estima que a Chihuahua capital le queda agua para dentro de unos 20 años, mientras que a Ciudad Juárez le quedan alrededor de 10 años sin contar que dentro de estas estimaciones se toman en cuenta mantos subterráneos de los cuales creemos poder disponer, pero que presentan contaminación con plomo, arsénico y flúor, lo cual nos acerca al “Día Cero”.

Quizá los seres humanos, acostumbrados a mantener nuestro estilo de vida y a que hasta el momento todos los recursos naturales han sido infinitos, solemos pensar que incluso 10 años son muchos y que algo llegará, algo inventaremos que evite nuestro fatal final. Confiados precisamente en ello, planeamos la gestión de nuestros recursos como si no tuvieran una fecha límite: ejemplo de lo anterior es el Plan Estatal Hídrico para 2020-2040, un ambicioso instrumento de planeación y gestión que contempla acciones y gestiones sobre un recurso que probablemente no nos alcance para entonces; este Plan Estatal puede ser el último.

Contrario a lo que se pueda pensar, no se trata de fatalismo, sino a lo que es un hecho: consumimos más agua de la que recuperamos y la situación es la misma a lo largo del estado: Desde Ascensión hasta el acuífero que incluye la presa La Boquilla, por mencionar sólo algunos, gozaban hace 5 años de disponibilidad de agua y ahora presentan un preocupante déficit.

Las consecuencias de lo anterior no sólo se reflejarán al momento de abrir la llave, sino cuando busquemos alimentos que sin duda como ya lo estamos viendo, encarecen sus precios y su disponibilidad se dificulta. Tenemos nogaleras prósperas, proyectos de parques acuáticos en pleno desierto a la par que comunidades tarahumaras enteras que cada temporada sí y la siguiente también sufren hambruna.

El negacionismo ya no es factible, ya no es una opción: la desigualdad en el acceso al agua, la falta de una gestión democrática, transparente, científica y efectiva del agua, y la política de sobreexplotación deben ser cuestiones abordadas no como el logro de alguna administración, sino un problema grave que demanda la coordinación intersectorial y los esfuerzos no sólo de gobierno, sino de la población. Decía William Shakespeare que Los vicios del hombre son grabados en bronce y sus virtudes se escriben en el agua”, hagamos entonces historia en el agua.

Economista. Diputado local