/ martes 31 de diciembre de 2019

Gerontofóbicos

Dice mi anacoreta de cabecera, que hay una edad en la que necesitamos reflexionar sobre la muerte.

Entrar en el análisis de nuestra finitud, y dice: "Se hace filosofía cuando se piensa en la muerte" En nuestra finitud... Se hace religión cuando esperas otra vida después de la vida, la eternidad de las almas..."

Pensamiento profundo.

Pero, hoy, los viejos no tenemos tiempo para la reflexión filosófica. Necesitamos crear una fuerza de protección contra la galopante embestida de los GERONTOFÓBICOS.

Antes, a los viejos se les quería, se les respetaba, se les daba un lugar principal en la casa, en la calle, en los recintos públicos. Se les escuchaba. Ern una fuente natural de sabiduría.

Esta deferencia tenía sentido. De entrada, los valores profundos manejaban la estructura familiar y por extensión, la social.

El viejo tenía una expectativa de vida de 54 años. Y quienes lograban llegar a los 60 eran verdaderamente longevos.

El individuo no tenía temor de hacerse viejo, cuando comenzaba el envejecimiento, al poco tiempo moría.

Hoy, el notable aumento de expectativa de vida, atemoriza al individuo en proceso de envejecimiento.

El temor es fundado. Envejecer es entrar a una dimensión de vulnerabilidad muy perra.

Llegar a los 60, es entrar a una pileta de agua helada, donde los músculos comienzan a engarrotarse y el bullying a carcomerte.

La gerontofobia es una reacción irracional que arrolla a las personas mayores, con el desprecio, el maltrato y la agresión.

Considerado uno de los grupos de mayor vulnerabilidad, los viejitos carecen de políticas públicas sólidas que los protejan.

El rechazo a los ancianos ha llegado a extremos espeluznantes.

No solamente es el maltrato sistemático, la agresión y el abuso a su debilidad.

Es el despojo de su raquítica pensión. Y la dádiva del gobierno federal. Los roban y les avientan un plato de comida. ¡Y lo insólito! Los abandonan a morir en la intemperie.

Usted dirá, ¿Pues en qué colonia vives? Yo tengo otros datos.

Pero lo cierto es, que cada vez más, los ancianos sufren este dominio, este avasallamiento.

El temor a ser agredidos por los hijos, los nietos o por la mujer joven con la que convivieron en segundas o terceras nupcias, es la constante.

Gerontofobia, un problema económico.

Para evitar la agresión y el maltrato de los parientes cercanos que comienzan a rechazar al anciano, el individuo en "plenitud", necesita buscar salud y productividad.

Porque si tienes más de cincuenta, y no tienes independencia económica, «no vales»; no importa tu inapreciable experiencia u otras cualidades que se adquieren con la edad.

Necesitamos no solo filosofía, sino aplicar pedagogía. Urge equilibrar la sobrevaloración de la juventud, versus, la infravaloración de los viejos.

Esa lucha debe comenzar ahora. Partiré de la base siguente: NADIE VA A HACER NADA POR TI... NADIE.

Los adultos mayores, habrán de reinventarse ahora. Reingresar al mercado profesional. Inventar nuevos oficios. Descubrir y ofrecer asesorías, imaginar ocupaciones nuevas.

Pero sobre todo, agruparse. Defenderse en manada. Proteger a los más débiles. Exigir mayor protección gubernamental y apoyo para el desarrollo de la nueva gerontocracia.

El año culmina. Mañana entramos a la recta final de la segunda década del milenio y si no comenzamos con brío, se pierde el vigor y la esperanza.

Dice mi anacoreta de cabecera, que hay una edad en la que necesitamos reflexionar sobre la muerte.

Entrar en el análisis de nuestra finitud, y dice: "Se hace filosofía cuando se piensa en la muerte" En nuestra finitud... Se hace religión cuando esperas otra vida después de la vida, la eternidad de las almas..."

Pensamiento profundo.

Pero, hoy, los viejos no tenemos tiempo para la reflexión filosófica. Necesitamos crear una fuerza de protección contra la galopante embestida de los GERONTOFÓBICOS.

Antes, a los viejos se les quería, se les respetaba, se les daba un lugar principal en la casa, en la calle, en los recintos públicos. Se les escuchaba. Ern una fuente natural de sabiduría.

Esta deferencia tenía sentido. De entrada, los valores profundos manejaban la estructura familiar y por extensión, la social.

El viejo tenía una expectativa de vida de 54 años. Y quienes lograban llegar a los 60 eran verdaderamente longevos.

El individuo no tenía temor de hacerse viejo, cuando comenzaba el envejecimiento, al poco tiempo moría.

Hoy, el notable aumento de expectativa de vida, atemoriza al individuo en proceso de envejecimiento.

El temor es fundado. Envejecer es entrar a una dimensión de vulnerabilidad muy perra.

Llegar a los 60, es entrar a una pileta de agua helada, donde los músculos comienzan a engarrotarse y el bullying a carcomerte.

La gerontofobia es una reacción irracional que arrolla a las personas mayores, con el desprecio, el maltrato y la agresión.

Considerado uno de los grupos de mayor vulnerabilidad, los viejitos carecen de políticas públicas sólidas que los protejan.

El rechazo a los ancianos ha llegado a extremos espeluznantes.

No solamente es el maltrato sistemático, la agresión y el abuso a su debilidad.

Es el despojo de su raquítica pensión. Y la dádiva del gobierno federal. Los roban y les avientan un plato de comida. ¡Y lo insólito! Los abandonan a morir en la intemperie.

Usted dirá, ¿Pues en qué colonia vives? Yo tengo otros datos.

Pero lo cierto es, que cada vez más, los ancianos sufren este dominio, este avasallamiento.

El temor a ser agredidos por los hijos, los nietos o por la mujer joven con la que convivieron en segundas o terceras nupcias, es la constante.

Gerontofobia, un problema económico.

Para evitar la agresión y el maltrato de los parientes cercanos que comienzan a rechazar al anciano, el individuo en "plenitud", necesita buscar salud y productividad.

Porque si tienes más de cincuenta, y no tienes independencia económica, «no vales»; no importa tu inapreciable experiencia u otras cualidades que se adquieren con la edad.

Necesitamos no solo filosofía, sino aplicar pedagogía. Urge equilibrar la sobrevaloración de la juventud, versus, la infravaloración de los viejos.

Esa lucha debe comenzar ahora. Partiré de la base siguente: NADIE VA A HACER NADA POR TI... NADIE.

Los adultos mayores, habrán de reinventarse ahora. Reingresar al mercado profesional. Inventar nuevos oficios. Descubrir y ofrecer asesorías, imaginar ocupaciones nuevas.

Pero sobre todo, agruparse. Defenderse en manada. Proteger a los más débiles. Exigir mayor protección gubernamental y apoyo para el desarrollo de la nueva gerontocracia.

El año culmina. Mañana entramos a la recta final de la segunda década del milenio y si no comenzamos con brío, se pierde el vigor y la esperanza.

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