/ lunes 2 de diciembre de 2019

No Ficción

Bienvenido mensajero

Informativamente, nuestra ciudad se ha convertido en un páramo desolado. Aparecen, de repente, una que otra luz esperanzadora, pero no han sido suficiente. Parece que el ocaso caerá irremediablemente.

Debo admitir que poco espero en ocasiones del mundo periodístico, aunque mucho anhelo una corriente avasalladora de información fidedigna, rigurosa tal como su naturaleza lo exige, clara, explícita, pulcra, que obligue a la reflexión profunda y que alimente las conversaciones de café.

Y sí, soy optimista. Creo que pronto dejaremos esta lastimosa depresión y llegaremos, seguro que casi sin darnos cuenta, a una realidad informativa menos vergonzosa.

Es durante esta espera, a veces esperanzadora y otras desesperante, que llega hoy a la ciudad esta nueva oportunidad, este heraldo que puede, si lo desean lo suficiente sus responsables, convertirse en contrapeso, en referente, en un medio digno de la ciudad.

El periodismo, producto del esfuerzo de aquellos que buscan la verdad como fin último, es fundamental en cualquier sociedad. Es pilar de la democracia, y vestigio de la verdad a veces incómoda. Hacer periodismo no es fácil. Requiere talento, observación atenta, análisis concienzudo, pasión y mucho valor. Esto último llevado al extremo por la terrible e inicua realidad a la que nos enfrentamos en todo México y de la que Ciudad Juárez es un triste ejemplo nacional.

En nuestro país, los primeros esfuerzos periodísticos nacieron de la mano de valientes hombres que se enfrentaron a las fuerzas establecidas desde el poder político y económico, reforzadas desde la milicia. Hoy las cosas siguen prácticamente igual, solo que se agrega la mano inasible del narcotráfico. Ese que no da cuartel, que no respeta, que acalla a balazos en descarada comunión con policías y gobernantes.

Los asesinatos de periodistas se suceden irremediablemente: el miedo se percibe en el aire. Aun así, las teclas siguen resonando en las redacciones, las grabadoras no han dejado de registrar audios, las cámaras siguen capturando trozos de realidad y las rotativas siguen girando.

Algunas cosas han cambiado, es cierto. Ya no se imprime tanto, el internet ha ganado terreno y la inmediatez refuerza su valor de cambio, a pesar de que muchas veces sacrifica la calidad por la rapidez. Esto ultimo tal vez sea el único rescoldo que le queda al periodismo impreso. De ahí la importancia de hacer las cosas bien, de esforzarse como antaño para editar, revisar, cotejar, validar, verificar. Sin estas herramientas básicas del periodismo, los diarios se condenarán a sí mismos a sufrir su propia extinción.

Bienvenido a Ciudad Juárez, esperado mensajero. Que tu camino en esta generosa ciudad esté lleno de satisfacciones. La responsabilidad que hoy tienes en tus manos es muy grande: del mismo tamaño que tu compromiso con los lectores.

Bienvenido mensajero

Informativamente, nuestra ciudad se ha convertido en un páramo desolado. Aparecen, de repente, una que otra luz esperanzadora, pero no han sido suficiente. Parece que el ocaso caerá irremediablemente.

Debo admitir que poco espero en ocasiones del mundo periodístico, aunque mucho anhelo una corriente avasalladora de información fidedigna, rigurosa tal como su naturaleza lo exige, clara, explícita, pulcra, que obligue a la reflexión profunda y que alimente las conversaciones de café.

Y sí, soy optimista. Creo que pronto dejaremos esta lastimosa depresión y llegaremos, seguro que casi sin darnos cuenta, a una realidad informativa menos vergonzosa.

Es durante esta espera, a veces esperanzadora y otras desesperante, que llega hoy a la ciudad esta nueva oportunidad, este heraldo que puede, si lo desean lo suficiente sus responsables, convertirse en contrapeso, en referente, en un medio digno de la ciudad.

El periodismo, producto del esfuerzo de aquellos que buscan la verdad como fin último, es fundamental en cualquier sociedad. Es pilar de la democracia, y vestigio de la verdad a veces incómoda. Hacer periodismo no es fácil. Requiere talento, observación atenta, análisis concienzudo, pasión y mucho valor. Esto último llevado al extremo por la terrible e inicua realidad a la que nos enfrentamos en todo México y de la que Ciudad Juárez es un triste ejemplo nacional.

En nuestro país, los primeros esfuerzos periodísticos nacieron de la mano de valientes hombres que se enfrentaron a las fuerzas establecidas desde el poder político y económico, reforzadas desde la milicia. Hoy las cosas siguen prácticamente igual, solo que se agrega la mano inasible del narcotráfico. Ese que no da cuartel, que no respeta, que acalla a balazos en descarada comunión con policías y gobernantes.

Los asesinatos de periodistas se suceden irremediablemente: el miedo se percibe en el aire. Aun así, las teclas siguen resonando en las redacciones, las grabadoras no han dejado de registrar audios, las cámaras siguen capturando trozos de realidad y las rotativas siguen girando.

Algunas cosas han cambiado, es cierto. Ya no se imprime tanto, el internet ha ganado terreno y la inmediatez refuerza su valor de cambio, a pesar de que muchas veces sacrifica la calidad por la rapidez. Esto ultimo tal vez sea el único rescoldo que le queda al periodismo impreso. De ahí la importancia de hacer las cosas bien, de esforzarse como antaño para editar, revisar, cotejar, validar, verificar. Sin estas herramientas básicas del periodismo, los diarios se condenarán a sí mismos a sufrir su propia extinción.

Bienvenido a Ciudad Juárez, esperado mensajero. Que tu camino en esta generosa ciudad esté lleno de satisfacciones. La responsabilidad que hoy tienes en tus manos es muy grande: del mismo tamaño que tu compromiso con los lectores.

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