/ miércoles 3 de marzo de 2021

Un año de covid-19 y la pandemia no está domada

El 28 de febrero se cumplió un año del primer caso en México de coronavirus y el primer fallecido se registró el 18 de marzo, de entonces a la fecha las autoridades de salud han dado tumbos en sus recomendaciones, se han contradicho, han sido erráticos en el manejo de la pandemia y la estrategia para enfrentarla resultó en un completo fracaso.

Que lejos parecen estar aquellas declaraciones del presidente López Obrador asegurando que estábamos preparados para atender a los enfermos de la pandemia, cuando recomendaba salir a fondas, abrazarnos y besarnos porque no había mayor problema y lo mejor es que nuestro sistema de salud tenía camas, médicos, personal de enfermería y medicinas para atender a los enfermos.

Como suele suceder con el presidente López Obrador, eso existía solamente en su imaginación y al paso de los meses quedó evidenciada la falta de previsión, la carencia de medicinas, la precaria situación de médicos y personal de enfermería quienes a pesar de todo no claudicaron en su vocación de atender enfermos aunque en ellos a muchos se les fue la vida.

Mientras las muertes por Covid-19 estaban dentro de los márgenes “normales”, las autoridades insistieron en su mensaje triunfalista, generando una falsa sensación de inmunidad en la sociedad y renegando de los ejemplos de combate exitoso que se veía en otros países.

Las autoridades de salud encargadas de la contención –encabezadas por el doctor Hugo López-Gatell--, no solamente fueron sumisas para darle un sesgo político a sus decisiones sobre la pandemia; también evidenciaron impreparación, la carencia de método, falta de rigor científico, un manejo desparpajado de la situación y siempre minimizaron los efectos en la salud.

El problema de salud pasó a convertirse en un serio problema económico; las medidas de contención llevaron al cierre de negocios, siendo las más afectadas las micro y pequeñas empresas al igual que el empleo informal; el número de pobres creció y la estimación de pérdidas de empleo formal, según el IMSS, fue de casi 4 millones de personas que se quedaron sin trabajo.

A pesar de que el presidente López Obrador anunció medidas para evitar el desastre económico, entre ellas la creación de 2 millones de empleos para diciembre del año pasado, a lo más que llegó fue a cumplir con el 10 por ciento de esa oferta y con cero apoyo a las empresas, el resultado fue que retrocedimos 20 años en el desarrollo del país y enfrentamos una crisis de enorme dimensión que no se veía desde hace 85 años.

Tras un año de pandemia en México, los saldos son catastróficos y se siguen acumulando.

Hasta el 28 de febrero del 2021 teníamos 2 millones 84 mil 128 personas que había contraído la enfermedad; 185 mil 257 personas perdieron la vida por Covid-19 –300 por ciento por encima de lo que el gobierno consideró la “cifra catastrófica”--, en promedio mueren a diario 507 personas, eso significa que cada hora se contabilizan 21 muertos o que cada tres minutos fallecen dos personas por esta enfermedad.

Eso solamente considerando las cifras oficiales, porque otros estudios indican que esos números se deben multiplicar por dos.


Somos el tercer país con la cifra más alta de muertos en el mundo; ocupamos el nada honroso primer lugar en muertes dentro del personal médico por esta causa, tenemos la más alta mortalidad en el mundo –en México mueren por Covid-19 el 8 por ciento de quienes padecen la enfermedad mientras que en el mundo esa cifra es del 2 por ciento—y a pesar de que hay vacunas somos uno de los países con menos dosis aplicadas.

Y mientras los mexicanos estamos desanimados, estresados, afectados económicamente el gobierno aprovechó la pandemia para su propio beneficio: desapareció los fideicomisos bajo la premisa de que con ese dinero comprarían vacunas que jamás adquirieron.

Se dieron pasos políticos para coptar instituciones; se gastaron más de 80 mil millones de pesos con opacidad y ahora aprovechan electoralmente las vacunas.

Mientras el mundo paulatinamente regresa a su normalidad, se retoman los eventos masivos y se reanudan actividades de ocio y esparcimiento; en México no podemos ni siquiera organizar una fiestecita familiar, no por la pandemia, sí por la carencia de dinero pues hay muchas familias donde al perder el ingreso, también perdieron esa posibilidad.

Pero lo peor es que la pandemia sigue sin estar domada y las vacunas son el gran cebo para ganar votos.

El 28 de febrero se cumplió un año del primer caso en México de coronavirus y el primer fallecido se registró el 18 de marzo, de entonces a la fecha las autoridades de salud han dado tumbos en sus recomendaciones, se han contradicho, han sido erráticos en el manejo de la pandemia y la estrategia para enfrentarla resultó en un completo fracaso.

Que lejos parecen estar aquellas declaraciones del presidente López Obrador asegurando que estábamos preparados para atender a los enfermos de la pandemia, cuando recomendaba salir a fondas, abrazarnos y besarnos porque no había mayor problema y lo mejor es que nuestro sistema de salud tenía camas, médicos, personal de enfermería y medicinas para atender a los enfermos.

Como suele suceder con el presidente López Obrador, eso existía solamente en su imaginación y al paso de los meses quedó evidenciada la falta de previsión, la carencia de medicinas, la precaria situación de médicos y personal de enfermería quienes a pesar de todo no claudicaron en su vocación de atender enfermos aunque en ellos a muchos se les fue la vida.

Mientras las muertes por Covid-19 estaban dentro de los márgenes “normales”, las autoridades insistieron en su mensaje triunfalista, generando una falsa sensación de inmunidad en la sociedad y renegando de los ejemplos de combate exitoso que se veía en otros países.

Las autoridades de salud encargadas de la contención –encabezadas por el doctor Hugo López-Gatell--, no solamente fueron sumisas para darle un sesgo político a sus decisiones sobre la pandemia; también evidenciaron impreparación, la carencia de método, falta de rigor científico, un manejo desparpajado de la situación y siempre minimizaron los efectos en la salud.

El problema de salud pasó a convertirse en un serio problema económico; las medidas de contención llevaron al cierre de negocios, siendo las más afectadas las micro y pequeñas empresas al igual que el empleo informal; el número de pobres creció y la estimación de pérdidas de empleo formal, según el IMSS, fue de casi 4 millones de personas que se quedaron sin trabajo.

A pesar de que el presidente López Obrador anunció medidas para evitar el desastre económico, entre ellas la creación de 2 millones de empleos para diciembre del año pasado, a lo más que llegó fue a cumplir con el 10 por ciento de esa oferta y con cero apoyo a las empresas, el resultado fue que retrocedimos 20 años en el desarrollo del país y enfrentamos una crisis de enorme dimensión que no se veía desde hace 85 años.

Tras un año de pandemia en México, los saldos son catastróficos y se siguen acumulando.

Hasta el 28 de febrero del 2021 teníamos 2 millones 84 mil 128 personas que había contraído la enfermedad; 185 mil 257 personas perdieron la vida por Covid-19 –300 por ciento por encima de lo que el gobierno consideró la “cifra catastrófica”--, en promedio mueren a diario 507 personas, eso significa que cada hora se contabilizan 21 muertos o que cada tres minutos fallecen dos personas por esta enfermedad.

Eso solamente considerando las cifras oficiales, porque otros estudios indican que esos números se deben multiplicar por dos.


Somos el tercer país con la cifra más alta de muertos en el mundo; ocupamos el nada honroso primer lugar en muertes dentro del personal médico por esta causa, tenemos la más alta mortalidad en el mundo –en México mueren por Covid-19 el 8 por ciento de quienes padecen la enfermedad mientras que en el mundo esa cifra es del 2 por ciento—y a pesar de que hay vacunas somos uno de los países con menos dosis aplicadas.

Y mientras los mexicanos estamos desanimados, estresados, afectados económicamente el gobierno aprovechó la pandemia para su propio beneficio: desapareció los fideicomisos bajo la premisa de que con ese dinero comprarían vacunas que jamás adquirieron.

Se dieron pasos políticos para coptar instituciones; se gastaron más de 80 mil millones de pesos con opacidad y ahora aprovechan electoralmente las vacunas.

Mientras el mundo paulatinamente regresa a su normalidad, se retoman los eventos masivos y se reanudan actividades de ocio y esparcimiento; en México no podemos ni siquiera organizar una fiestecita familiar, no por la pandemia, sí por la carencia de dinero pues hay muchas familias donde al perder el ingreso, también perdieron esa posibilidad.

Pero lo peor es que la pandemia sigue sin estar domada y las vacunas son el gran cebo para ganar votos.

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