/ sábado 23 de mayo de 2020

Y hablando de…

Tristeza 2

Ayer viernes le hablaba con tristeza de la mal que estamos cumpliendo las restricciones de movilidad en nuestra ciudad, hoy sábado tuve la necesidad de salir de la casa para comparar alimentos y ¡no manches!, parece día de mercado, neta. El tráfico en la calle impresionante, camiones de transporte de personal, fábricas trabajando a pesar de que todavía no entramos en la nueva normalidad, no raza, ¡así cuándo vamos a acabar con esto!

En este tiempo de las redes sociales y los GPS, la herramienta de Google para medir la movilidad de las personas demuestra que en Juárez al menos el SESENTA POR CIENTO de quienes tienen un celular (y ya sabemos que prácticamente todos tenemos un celular) NUNCA han dejado de moverse a pesar de las restricciones.

La verdad sí estoy muy decepcionado de nosotros, una comunidad que tantas veces y en tantos conflictos ha demostrado su solidaridad, ahora hemos sido incapaces de cumplir con una cosa tan sencilla como quedarnos en casa, y todavía nos preguntamos por qué somos el municipio con el mayor problema de Covid – 19 en el estado, y tenemos una de las tazas de mortalidad más elevadas EN EL MUNDO. Neta, ¡qué tristeza!

Estoy tan sacado de onda que ya se me había olvidado que pedí este espacio, y hasta se me había olvidado para qué lo pedí. O sea, por si fuera poco tenemos otros motivos para mantener la mirada en el piso, y no es precisamente que estemos estrenando zapatos.

El pasado lunes el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, denunció en México “…el aumento en los niveles de estrés, la inseguridad económica y alimentaria, y el confinamiento a causa del COVID-19 han elevado radicalmente los niveles de violencia doméstica”, y nos recordó que ya desde antes de la pandemia las encuestas ya señalaban que “el hogar es usualmente el lugar más peligroso para las mujeres y sus hijos” en México. De hecho, seis de cada diez menores entre uno y catorce años en nuestro país, han sufrido al menos un caso de “disciplina violenta.”

Las restricciones a la movilidad se iniciaron el 23 de marzo, y sin embargo fue precisamente en ese mes cuando se estableció un récord en la recepción de llamadas denunciando violencia doméstica, desde que inició el registro de estas en 2016. Desde entonces la situación se ha mantenido en términos graves.

A pesar que el presidente López desestima estos datos y asegura que el noventa por ciento de esas llamadas son falsas (me imagino que las pobres señoras aburridas llaman al 911 inventando cosas para entretenerse), UNICEF sostiene que el aumento en los casos de violencia familiar en estos días de cuarentena ronda entre el sesenta y el ochenta por ciento más de las ya de por sí elevadas cifras cotidianas en nuestro país.

Si analizamos la situación nos daremos cuenta de que hay muchas cosas que pueden hacerse desde la política pública para reducir la violencia familiar, la primera sin duda, tomar en serio todas y cada una de las denuncias, investigarlas y tomar acciones para sancionar y corregir esas situaciones. La experiencia nos demuestra que una vez que la violencia surge en el entorno familiar va escalando con consecuencias cada vez peores, que además suelen marcar negativamente la mentalidad y el comportamiento de los menores, llevándolos a repetir los mismos ciclos, perpetuando así esta lamentable situación.

Pero hay muchas otras cuestiones que deben regularse desde lo público e inciden en el desarrollo y comportamiento de las familias. El hacinamiento es sin duda un grave problema. Por un lado está la pobreza sistemática que impide a las nuevas familias el adquirir una vivienda para sí misma. Cientos de nuevas familias cohabitan el domicilio parental de uno de los cónyuges, generando con ello mayores motivos y ocasiones de tensión.

Por otro lado, tenemos décadas favoreciendo el desarrollo de la industria de la construcción con cargo a sus clientes. Los ordenamientos de desarrollo urbano han permitido construir cada vez superficies más reducidas, casas de treinta y seis metros cuadrados en lotes de noventa, que generalmente comparten al menos una pared con el vecino. Si en condiciones normales esa aglomeración es complicada, imagínese pasar sesenta días sin poder salir (aunque ya vimos que en realidad sí salen). De este tipo de cosas le hablo cuando hablamos de establecer políticas públicas que favorezcan la formación y desarrollo funcional de las familias en nuestro entorno.

A mi ver, la violencia doméstica en sí, y el grave aumento que ha presentado durante esta contingencia, nos demuestra lo poco que estamos trabajando para formar en las nuevas generaciones la convicción de formar una familia. Debemos inculcar en las personas en formación privilegiar su participación en una familia, hacerse responsables de la seguridad física y emocional de sus integrantes. Esa responsabilidad no se cumple simplemente proveyendo lo necesario para adquirir satisfactores a las necesidades cotidianas, debe materializarse en una presencia constante y activa, interesada en cada uno de los miembros del grupo familiar, y en ayudarle a que consiga su propia realización.

Debemos enseñar a quienes están en posibilidad de formar un nuevo hogar a propiciar y fomentar la convivencia, y que esta sea regida por los principios de la tolerancia, la paciencia, la promoción de intereses comunes, el respeto a la dignidad individual de cada una de las personas que la integran, así como el fijar metas comunes y trabajar por su consecución.

Es obligación de la sociedad en su conjunto procurar la salud y felicidad de cada familia, pues su funcionalidad propicia la formación adecuada de los ciudadanos. San Juan Bosco, el gran educador de niños y jóvenes, nos enseñó que un niño que no es feliz no llega a ser un buen ciudadano. Por ello debo insistirle que combatir la violencia doméstica es responsabilidad de todos.

¿Qué hacer? Primero que nada, compórtese, no vaya usted a ser agresor dentro de su familia; trabajen en conjunto para resolver cualquier situación que se les presente. Conviértase en un promotor del cambio. Hable abiertamente de estos temas en su círculo de influencia, demuestre su preocupación por casos abstractos y propicie el diálogo al respecto, eso es visibilizar el problema, y recuerde que no podemos resolver lo que no vemos.

Si conoce algún caso en su entorno, no sea un cómplice, denuncie. En cuestión de violencia doméstica no debe haber tolerancia, así sea el compadre, su vecino o su propio hijo, si tiene conocimiento de maltrato al interior del hogar, denuncie e insiste en la resolución del caso.

Y desde luego, eduque para la sana convivencia, que los menores en su familia aprendan de usted como resolver las situaciones que presenta la vida cotidiana. En este sentido, le puede ser muy útil el folleto electrónico Familias Valiosas, que hace tiempo editó la secretaría de la función pública y continúa siendo una herramienta útil para formar un código de conducta en el interior del hogar. Mándeme un mensaje a mi buzón de yhablandode@gmail.com y se lo hago llegar. Échele una buena leída y lo comentamos en una próxima ocasión en que nos encontremos hablando de…

Tristeza 2

Ayer viernes le hablaba con tristeza de la mal que estamos cumpliendo las restricciones de movilidad en nuestra ciudad, hoy sábado tuve la necesidad de salir de la casa para comparar alimentos y ¡no manches!, parece día de mercado, neta. El tráfico en la calle impresionante, camiones de transporte de personal, fábricas trabajando a pesar de que todavía no entramos en la nueva normalidad, no raza, ¡así cuándo vamos a acabar con esto!

En este tiempo de las redes sociales y los GPS, la herramienta de Google para medir la movilidad de las personas demuestra que en Juárez al menos el SESENTA POR CIENTO de quienes tienen un celular (y ya sabemos que prácticamente todos tenemos un celular) NUNCA han dejado de moverse a pesar de las restricciones.

La verdad sí estoy muy decepcionado de nosotros, una comunidad que tantas veces y en tantos conflictos ha demostrado su solidaridad, ahora hemos sido incapaces de cumplir con una cosa tan sencilla como quedarnos en casa, y todavía nos preguntamos por qué somos el municipio con el mayor problema de Covid – 19 en el estado, y tenemos una de las tazas de mortalidad más elevadas EN EL MUNDO. Neta, ¡qué tristeza!

Estoy tan sacado de onda que ya se me había olvidado que pedí este espacio, y hasta se me había olvidado para qué lo pedí. O sea, por si fuera poco tenemos otros motivos para mantener la mirada en el piso, y no es precisamente que estemos estrenando zapatos.

El pasado lunes el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, denunció en México “…el aumento en los niveles de estrés, la inseguridad económica y alimentaria, y el confinamiento a causa del COVID-19 han elevado radicalmente los niveles de violencia doméstica”, y nos recordó que ya desde antes de la pandemia las encuestas ya señalaban que “el hogar es usualmente el lugar más peligroso para las mujeres y sus hijos” en México. De hecho, seis de cada diez menores entre uno y catorce años en nuestro país, han sufrido al menos un caso de “disciplina violenta.”

Las restricciones a la movilidad se iniciaron el 23 de marzo, y sin embargo fue precisamente en ese mes cuando se estableció un récord en la recepción de llamadas denunciando violencia doméstica, desde que inició el registro de estas en 2016. Desde entonces la situación se ha mantenido en términos graves.

A pesar que el presidente López desestima estos datos y asegura que el noventa por ciento de esas llamadas son falsas (me imagino que las pobres señoras aburridas llaman al 911 inventando cosas para entretenerse), UNICEF sostiene que el aumento en los casos de violencia familiar en estos días de cuarentena ronda entre el sesenta y el ochenta por ciento más de las ya de por sí elevadas cifras cotidianas en nuestro país.

Si analizamos la situación nos daremos cuenta de que hay muchas cosas que pueden hacerse desde la política pública para reducir la violencia familiar, la primera sin duda, tomar en serio todas y cada una de las denuncias, investigarlas y tomar acciones para sancionar y corregir esas situaciones. La experiencia nos demuestra que una vez que la violencia surge en el entorno familiar va escalando con consecuencias cada vez peores, que además suelen marcar negativamente la mentalidad y el comportamiento de los menores, llevándolos a repetir los mismos ciclos, perpetuando así esta lamentable situación.

Pero hay muchas otras cuestiones que deben regularse desde lo público e inciden en el desarrollo y comportamiento de las familias. El hacinamiento es sin duda un grave problema. Por un lado está la pobreza sistemática que impide a las nuevas familias el adquirir una vivienda para sí misma. Cientos de nuevas familias cohabitan el domicilio parental de uno de los cónyuges, generando con ello mayores motivos y ocasiones de tensión.

Por otro lado, tenemos décadas favoreciendo el desarrollo de la industria de la construcción con cargo a sus clientes. Los ordenamientos de desarrollo urbano han permitido construir cada vez superficies más reducidas, casas de treinta y seis metros cuadrados en lotes de noventa, que generalmente comparten al menos una pared con el vecino. Si en condiciones normales esa aglomeración es complicada, imagínese pasar sesenta días sin poder salir (aunque ya vimos que en realidad sí salen). De este tipo de cosas le hablo cuando hablamos de establecer políticas públicas que favorezcan la formación y desarrollo funcional de las familias en nuestro entorno.

A mi ver, la violencia doméstica en sí, y el grave aumento que ha presentado durante esta contingencia, nos demuestra lo poco que estamos trabajando para formar en las nuevas generaciones la convicción de formar una familia. Debemos inculcar en las personas en formación privilegiar su participación en una familia, hacerse responsables de la seguridad física y emocional de sus integrantes. Esa responsabilidad no se cumple simplemente proveyendo lo necesario para adquirir satisfactores a las necesidades cotidianas, debe materializarse en una presencia constante y activa, interesada en cada uno de los miembros del grupo familiar, y en ayudarle a que consiga su propia realización.

Debemos enseñar a quienes están en posibilidad de formar un nuevo hogar a propiciar y fomentar la convivencia, y que esta sea regida por los principios de la tolerancia, la paciencia, la promoción de intereses comunes, el respeto a la dignidad individual de cada una de las personas que la integran, así como el fijar metas comunes y trabajar por su consecución.

Es obligación de la sociedad en su conjunto procurar la salud y felicidad de cada familia, pues su funcionalidad propicia la formación adecuada de los ciudadanos. San Juan Bosco, el gran educador de niños y jóvenes, nos enseñó que un niño que no es feliz no llega a ser un buen ciudadano. Por ello debo insistirle que combatir la violencia doméstica es responsabilidad de todos.

¿Qué hacer? Primero que nada, compórtese, no vaya usted a ser agresor dentro de su familia; trabajen en conjunto para resolver cualquier situación que se les presente. Conviértase en un promotor del cambio. Hable abiertamente de estos temas en su círculo de influencia, demuestre su preocupación por casos abstractos y propicie el diálogo al respecto, eso es visibilizar el problema, y recuerde que no podemos resolver lo que no vemos.

Si conoce algún caso en su entorno, no sea un cómplice, denuncie. En cuestión de violencia doméstica no debe haber tolerancia, así sea el compadre, su vecino o su propio hijo, si tiene conocimiento de maltrato al interior del hogar, denuncie e insiste en la resolución del caso.

Y desde luego, eduque para la sana convivencia, que los menores en su familia aprendan de usted como resolver las situaciones que presenta la vida cotidiana. En este sentido, le puede ser muy útil el folleto electrónico Familias Valiosas, que hace tiempo editó la secretaría de la función pública y continúa siendo una herramienta útil para formar un código de conducta en el interior del hogar. Mándeme un mensaje a mi buzón de yhablandode@gmail.com y se lo hago llegar. Échele una buena leída y lo comentamos en una próxima ocasión en que nos encontremos hablando de…

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