/ viernes 19 de febrero de 2021

Y hablando de…

Decisiones frías.

Seguramente a usted también lo sorprendió la situación que vivimos a inicio de esta semana, y probablemente también recordó la otra helada que nos cayó por estas mismas fechas hace diez años. En aquel entonces la temperatura bajó a niveles sin precedentes y llegamos a tener una sensación térmica inferior a los menos veinte grados centígrados. Entre el lunes y el jueves de aquella fría semana transcurrieron noventa y seis horas consecutivas, sin que la temperatura superara los cero grados.

La ciudad vivió una grave crisis, al reventarse las tuberías de cientos de inmuebles escasearon las piezas de reparación y los profesionales no se dieron abasto. Sin embargo, a diferencia de hoy, las interrupciones al suministro eléctrico y al servicio de gas natural fueron aisladas. Aisladas también, porque no recuerdo que esa helada provocara la suspensión de dichos servicios en otras partes del estado y mucho menos del país.

Ahora nos faltó el agua, no porque se hubieran reventado tuberías, el desabasto fue prácticamente total porque los pozos del organismo operador no contaron con energía eléctrica para seguir operando. La Comisión Federal de Electricidad se vio superada por el desastre, incapacitada para dar respuesta en el ámbito local, el problema muy poco tiene que ver con la red de distribución, el problema está en la generación de energía.

Siendo más específicos, nada tiene que ver tampoco con la operación de las plantas en donde se genera la energía que consumimos, sino que estas a su vez carecen del combustible necesario para funcionar. Ahora bien, para analizar este aspecto concreto es necesario hacer un poco de historia, porque no es la primera vez que ocurre.

Entre marzo y abril de dos mil diecinueve se presentó el primer “apagón” en Yucatán; en esa entonces se dijo y Campeche fueron los primeros en sufrir interrupciones masivas de suministro eléctrico. En cuatro ocasiones, el 8 de marzo y los días 4, 11 y 22 de abril, esa región del país resintió cortes de energía, en cada ocasión el responsable del suministro eléctrico nacional salió a decir “que no cunda el pánico”, que tenía todo bajo control, y que por supuesto, no se volvería a repetir tal situación.

El veintiséis de julio de ese año, desde su púlpito palaciego, el presidente López aseguró que se tenía garantizada la producción y abasto de electricidad en el país, que no volverían a suscitarse interrupciones como las padecidas en el sureste, que ya se trabajaba en un plan a corto, mediano y largo plazo, y se invertía y trabajaba para fortalecer a la CFE y su participación en el mercado nacional eléctrico.

Sin embargo, ya a finales del año pasado se presentaron otros dos grandes eventos. El veintiocho de diciembre millones de capitalinos, creyendo primero que se trataba de una broma de día de los inocentes, se vieron desconectados del suministro eléctrico. Un día después se presentó una nueva interrupción en el estado de Tamaulipas y otras partes del noroeste mexicano.

Así venían dándose las cosas hasta que el lunes se nos reveló que la CFE no podría proporcionar toda la energía que necesitamos los habitantes del norte del país simplemente porque no tiene gas para producirla. Y uno se pregunta ¿por qué sin gas?

A diferencia de la electricidad, cuyo almacenamiento es complicado y costoso, el gas natural es un combustible que fácilmente puede almacenarse de manera segura, vaya, hasta en los vehículos se adaptan recipientes para alimentar a sus motores.

Una de las vertientes de la satanizada reforma energética consistía precisamente en aprovechar el gas natural nacional, cuya extracción se logra como parte del proceso de la explotación petrolera, y que en México hemos venido desperdiciando desde siempre al no contar con una red de conducción e instalaciones para su almacenamiento. Ante la falta de capacidad de la empresa del gobierno (PEMEX) para realizar estas inversiones, se optó por comprar ese gas a los texanos, pues en tiempos normales es sumamente barato.

Por cierto, el presidente López consideró que esos contratos son también un exceso, y hace seis meses dijo que estaba buscando la manera de vender a los asiáticos el gas que le compramos a Texas.

Algo se iba avanzando para aprovechar nuestro gas natural, cuando llegó este gobierno y congeló todo. Este pasado martes el Cluster de Energía de Coahuila reacción a las declaraciones del presidente López, quién como de costumbre se exculpa del problema del apagón y ataca a los gobiernos anteriores, señalando con toda claridad que México sí tenía un plan (derivado de la reforma energética) para solucionar sus necesidades de generación, almacenamiento y consumo de gas natural.

El CEC señala que en el plan se tenía considerado realizar 128 licitaciones para la extracción de gas, que fueron suspendidas por la administración. Señala además que las decisiones administrativas impidieron a PEMEX explotar los yacimientos más importantes, que le fueron reservados cuidando el interés nacional; y ejemplifica con el caso del Campo Olmos, en Hidalgo Coahuila, cuya operación suspendió la actual administración y que, de operar, hoy produciría diariamente ciento diecisiete millones de pies cúbicos de gas natural.

Esto nos demuestra que la administración actual no toma las decisiones basándose en criterios técnicos y de rentabilidad, sino en posiciones ideológicas, o tal vez meros prejuicios. Se invierte sin justificación en grandes plantas para refinar el escaso petróleo que aun extraemos, que no es rentable ni tiene futuro, mientras se desperdicia nuestro gran potencial de otros energéticos, incluyendo los no contaminantes y renovables.

Ha este gobierno que le ha dado por congelar todo parece que también le ha dado por congelarnos. Las bajas temperaturas continúan y en las condiciones actuales no tenemos la seguridad de contar en Juárez con el gas suficiente para calentar nuestros hogares. Industrias y comercios ya son afectados por los cortes al suministro. Esperemos que nadie sufra en exceso y lo comentamos la próxima ocasión en que nos encontremos hablando de…


Decisiones frías.

Seguramente a usted también lo sorprendió la situación que vivimos a inicio de esta semana, y probablemente también recordó la otra helada que nos cayó por estas mismas fechas hace diez años. En aquel entonces la temperatura bajó a niveles sin precedentes y llegamos a tener una sensación térmica inferior a los menos veinte grados centígrados. Entre el lunes y el jueves de aquella fría semana transcurrieron noventa y seis horas consecutivas, sin que la temperatura superara los cero grados.

La ciudad vivió una grave crisis, al reventarse las tuberías de cientos de inmuebles escasearon las piezas de reparación y los profesionales no se dieron abasto. Sin embargo, a diferencia de hoy, las interrupciones al suministro eléctrico y al servicio de gas natural fueron aisladas. Aisladas también, porque no recuerdo que esa helada provocara la suspensión de dichos servicios en otras partes del estado y mucho menos del país.

Ahora nos faltó el agua, no porque se hubieran reventado tuberías, el desabasto fue prácticamente total porque los pozos del organismo operador no contaron con energía eléctrica para seguir operando. La Comisión Federal de Electricidad se vio superada por el desastre, incapacitada para dar respuesta en el ámbito local, el problema muy poco tiene que ver con la red de distribución, el problema está en la generación de energía.

Siendo más específicos, nada tiene que ver tampoco con la operación de las plantas en donde se genera la energía que consumimos, sino que estas a su vez carecen del combustible necesario para funcionar. Ahora bien, para analizar este aspecto concreto es necesario hacer un poco de historia, porque no es la primera vez que ocurre.

Entre marzo y abril de dos mil diecinueve se presentó el primer “apagón” en Yucatán; en esa entonces se dijo y Campeche fueron los primeros en sufrir interrupciones masivas de suministro eléctrico. En cuatro ocasiones, el 8 de marzo y los días 4, 11 y 22 de abril, esa región del país resintió cortes de energía, en cada ocasión el responsable del suministro eléctrico nacional salió a decir “que no cunda el pánico”, que tenía todo bajo control, y que por supuesto, no se volvería a repetir tal situación.

El veintiséis de julio de ese año, desde su púlpito palaciego, el presidente López aseguró que se tenía garantizada la producción y abasto de electricidad en el país, que no volverían a suscitarse interrupciones como las padecidas en el sureste, que ya se trabajaba en un plan a corto, mediano y largo plazo, y se invertía y trabajaba para fortalecer a la CFE y su participación en el mercado nacional eléctrico.

Sin embargo, ya a finales del año pasado se presentaron otros dos grandes eventos. El veintiocho de diciembre millones de capitalinos, creyendo primero que se trataba de una broma de día de los inocentes, se vieron desconectados del suministro eléctrico. Un día después se presentó una nueva interrupción en el estado de Tamaulipas y otras partes del noroeste mexicano.

Así venían dándose las cosas hasta que el lunes se nos reveló que la CFE no podría proporcionar toda la energía que necesitamos los habitantes del norte del país simplemente porque no tiene gas para producirla. Y uno se pregunta ¿por qué sin gas?

A diferencia de la electricidad, cuyo almacenamiento es complicado y costoso, el gas natural es un combustible que fácilmente puede almacenarse de manera segura, vaya, hasta en los vehículos se adaptan recipientes para alimentar a sus motores.

Una de las vertientes de la satanizada reforma energética consistía precisamente en aprovechar el gas natural nacional, cuya extracción se logra como parte del proceso de la explotación petrolera, y que en México hemos venido desperdiciando desde siempre al no contar con una red de conducción e instalaciones para su almacenamiento. Ante la falta de capacidad de la empresa del gobierno (PEMEX) para realizar estas inversiones, se optó por comprar ese gas a los texanos, pues en tiempos normales es sumamente barato.

Por cierto, el presidente López consideró que esos contratos son también un exceso, y hace seis meses dijo que estaba buscando la manera de vender a los asiáticos el gas que le compramos a Texas.

Algo se iba avanzando para aprovechar nuestro gas natural, cuando llegó este gobierno y congeló todo. Este pasado martes el Cluster de Energía de Coahuila reacción a las declaraciones del presidente López, quién como de costumbre se exculpa del problema del apagón y ataca a los gobiernos anteriores, señalando con toda claridad que México sí tenía un plan (derivado de la reforma energética) para solucionar sus necesidades de generación, almacenamiento y consumo de gas natural.

El CEC señala que en el plan se tenía considerado realizar 128 licitaciones para la extracción de gas, que fueron suspendidas por la administración. Señala además que las decisiones administrativas impidieron a PEMEX explotar los yacimientos más importantes, que le fueron reservados cuidando el interés nacional; y ejemplifica con el caso del Campo Olmos, en Hidalgo Coahuila, cuya operación suspendió la actual administración y que, de operar, hoy produciría diariamente ciento diecisiete millones de pies cúbicos de gas natural.

Esto nos demuestra que la administración actual no toma las decisiones basándose en criterios técnicos y de rentabilidad, sino en posiciones ideológicas, o tal vez meros prejuicios. Se invierte sin justificación en grandes plantas para refinar el escaso petróleo que aun extraemos, que no es rentable ni tiene futuro, mientras se desperdicia nuestro gran potencial de otros energéticos, incluyendo los no contaminantes y renovables.

Ha este gobierno que le ha dado por congelar todo parece que también le ha dado por congelarnos. Las bajas temperaturas continúan y en las condiciones actuales no tenemos la seguridad de contar en Juárez con el gas suficiente para calentar nuestros hogares. Industrias y comercios ya son afectados por los cortes al suministro. Esperemos que nadie sufra en exceso y lo comentamos la próxima ocasión en que nos encontremos hablando de…


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