/ viernes 26 de febrero de 2021

Y hablando de…

¿Qué pasa con PASA?

Hace un par de años me visitó una persona de origen español que realizaba una investigación sobre nuestra ciudad. Recuerdo que su primera pregunta fue ¿qué le duele a Juárez? Todo – le respondí – ahí dónde le toques, ahí tiene un problema Juárez. Si se trata de infraestructura educativa, si hablas del sistema de transporte, del estado de sus vialidades, de espacios de esparcimiento, etc.

Cada año, la organización Así estamos Juárez, presenta un análisis de los diferentes indicadores de desarrollo de la ciudad, el más reciente es del año pasado. De entre veinte ciudades comparadas en el índice de infraestructura de desarrollo, nuestra ciudad ocupa el último. Este es uno de los factores fundamentales para que nuestra ciudad ocupe también el número 15 entre las veinte ciudades evaluadas en el índice de bienestar social.

Uno de los factores que a ver son causa de semejantes resultados es la dispersión de la ciudad. No me canso de hablar de la visión que tuvo nuestro alcalde Francisco Villarreal, de su amor por la ciudad y de lo mucho que la cuidó. Fue en su administración, 1992-95, que se estableció un Plan de Desarrollo Urbano con visión a largo plazo y contemplaba el crecimiento ordenado de la ciudad desde 1995 hasta el 2020. Dicho plan establecí un límite de crecimiento para la mancha urbana en los terrenos del antiguo Lote Bravo (en el momento propiedad municipal en virtud de un decreto expropiatorio), un área de integración ecológica con usos de suelo específicos y armonizados para dar a la ciudad un equilibrio en la vera del Río Bravo.

Lamentablemente esa visión no se siguió. Fue el propio exgobernador Patricio Martinez quien violó el plan ordenando la construcción de viviendas en el área de la Laguna de Patos (las cuales terminaron inundándose con las lluvias del 2006), y luego en el Ejido Zaragoza. Desde 2004 hasta el 2016, prácticamente cada administración municipal aprobó un nuevo plan parcial de desarrollo, integrando cada vez más tierras desarrollables a la mancha urbana, y creando inmensos espacios de terrenos sin utilizar. Todo al gusto de los desarrolladores inmobiliarios.

Obviamente, una ciudad que se expande sin control dificulta la prestación de los servicios. La dispersión diluye el número de habitantes en las áreas, por lo que es más difícil contar con suficientes escuelas, habilitar y mantener parques públicos y áreas deportivas, tender y operar líneas de agua y drenaje, y desde luego, aumenta monumentalmente la longitud de vialidades por pavimentar y el mantenimiento de las que ya cuentan con el recubrimiento.

Pero después de todo este rollo me vengo acordando que le iba a hablar de lo que pasa con PASA, a eso voy. Durante la primera administración de Héctor Murguía, se decidió concesionar el servicio público de recolección de basura. En un inicio todo parecía muy bien: se proporcionó equipo nuevo para realizar los trabajos, se regularizaron y aumentaron los recorridos en toda la ciudad a tres veces por semana, y diariamente en la zona centro, y tenía una regularidad que, al menos por mi casa, pasaban puntualmente a las siete de la mañana, lunes, miércoles y viernes. El nivel de prestación del servicio era bien evaluado por los juarenses, a grado que en los análisis publicados por la misma organización Así estamos Juárez, tradicionalmente era el mejor reconocido, lugar que en los últimos años es ocupado por el servicio de agua potable.

¿Qué ha ocurrido? En primer lugar, me parece que hay una falla en el diseño de la prestación del servicio. Por motivos que desconozco se dejaron de utilizar las llamadas “estaciones de transferencia”: unidades instaladas en el interior de la mancha urbana a donde los camiones recolectores transportaban la basura recolectada en las colonias y fraccionamientos, ahí se compactaba y cargaba en remolques de mucha mayor capacidad para ir a depositarse en el relleno sanitario.

Esta maniobra permitía, por un lado, retornar las unidades recolectoras de manera más frecuente a sus rutas de servicio; y por otro, evitaba el desgaste innecesario de las mismas. El cambio de estrategia ha ocasionado el “destartalamiento” de las unidades, y habiendo menos unidades en condiciones operativas, la disminución en la frecuencia de recorridos. Esto obviamente genera la molestia de los ciudadanos.

Sin embargo, sigo sin entender dos cosas: no entiendo por qué la empresa no corrige la situación, cobre todo en un tiempo en que está próximo a vencerse su contrato, y creo debería interesarles quedar bien para que se los renueven. Y, por otro lado, cómo es que la administración municipal no le aprieta los tornillos. En julio de año pasado se llevó el tema al cabildo, proponiendo incluso que en caso de no haber mejoras en el servicio se procediera a rescindir el contrato, pero la petición fue desechada con el voto de la mayoría, y la situación sigue deteriorándose.

En fin, parece que ni la empresa ni a la presente administración le ponen mucho interés al tema, y que cantidades de basura que no se recolectarán eficazmente, y luego se desparraman por nuestras calles, dando a Juárez la mala imagen con la que la identifican muchos de nuestros vecinos y visitantes.

Otro de los graves problemas de Juárez es su nivel de gasto. Nuestra ciudad es uno de los centros productivos más grandes de América del Norte, su actividad industrial genera una migración y un crecimiento poblacional desproporcionado, lo que no conlleva un desarrollo porque los niveles salariales ofertados son básicos, y sus habitantes no tienen una capacidad de consumo similar a las de otras ciudades, incluso de menor tamaño y grado de actividad económica. Pero ese tema bien vale la pena abordarlo en otra ocasión en que nos encontremos hablando de…


¿Qué pasa con PASA?

Hace un par de años me visitó una persona de origen español que realizaba una investigación sobre nuestra ciudad. Recuerdo que su primera pregunta fue ¿qué le duele a Juárez? Todo – le respondí – ahí dónde le toques, ahí tiene un problema Juárez. Si se trata de infraestructura educativa, si hablas del sistema de transporte, del estado de sus vialidades, de espacios de esparcimiento, etc.

Cada año, la organización Así estamos Juárez, presenta un análisis de los diferentes indicadores de desarrollo de la ciudad, el más reciente es del año pasado. De entre veinte ciudades comparadas en el índice de infraestructura de desarrollo, nuestra ciudad ocupa el último. Este es uno de los factores fundamentales para que nuestra ciudad ocupe también el número 15 entre las veinte ciudades evaluadas en el índice de bienestar social.

Uno de los factores que a ver son causa de semejantes resultados es la dispersión de la ciudad. No me canso de hablar de la visión que tuvo nuestro alcalde Francisco Villarreal, de su amor por la ciudad y de lo mucho que la cuidó. Fue en su administración, 1992-95, que se estableció un Plan de Desarrollo Urbano con visión a largo plazo y contemplaba el crecimiento ordenado de la ciudad desde 1995 hasta el 2020. Dicho plan establecí un límite de crecimiento para la mancha urbana en los terrenos del antiguo Lote Bravo (en el momento propiedad municipal en virtud de un decreto expropiatorio), un área de integración ecológica con usos de suelo específicos y armonizados para dar a la ciudad un equilibrio en la vera del Río Bravo.

Lamentablemente esa visión no se siguió. Fue el propio exgobernador Patricio Martinez quien violó el plan ordenando la construcción de viviendas en el área de la Laguna de Patos (las cuales terminaron inundándose con las lluvias del 2006), y luego en el Ejido Zaragoza. Desde 2004 hasta el 2016, prácticamente cada administración municipal aprobó un nuevo plan parcial de desarrollo, integrando cada vez más tierras desarrollables a la mancha urbana, y creando inmensos espacios de terrenos sin utilizar. Todo al gusto de los desarrolladores inmobiliarios.

Obviamente, una ciudad que se expande sin control dificulta la prestación de los servicios. La dispersión diluye el número de habitantes en las áreas, por lo que es más difícil contar con suficientes escuelas, habilitar y mantener parques públicos y áreas deportivas, tender y operar líneas de agua y drenaje, y desde luego, aumenta monumentalmente la longitud de vialidades por pavimentar y el mantenimiento de las que ya cuentan con el recubrimiento.

Pero después de todo este rollo me vengo acordando que le iba a hablar de lo que pasa con PASA, a eso voy. Durante la primera administración de Héctor Murguía, se decidió concesionar el servicio público de recolección de basura. En un inicio todo parecía muy bien: se proporcionó equipo nuevo para realizar los trabajos, se regularizaron y aumentaron los recorridos en toda la ciudad a tres veces por semana, y diariamente en la zona centro, y tenía una regularidad que, al menos por mi casa, pasaban puntualmente a las siete de la mañana, lunes, miércoles y viernes. El nivel de prestación del servicio era bien evaluado por los juarenses, a grado que en los análisis publicados por la misma organización Así estamos Juárez, tradicionalmente era el mejor reconocido, lugar que en los últimos años es ocupado por el servicio de agua potable.

¿Qué ha ocurrido? En primer lugar, me parece que hay una falla en el diseño de la prestación del servicio. Por motivos que desconozco se dejaron de utilizar las llamadas “estaciones de transferencia”: unidades instaladas en el interior de la mancha urbana a donde los camiones recolectores transportaban la basura recolectada en las colonias y fraccionamientos, ahí se compactaba y cargaba en remolques de mucha mayor capacidad para ir a depositarse en el relleno sanitario.

Esta maniobra permitía, por un lado, retornar las unidades recolectoras de manera más frecuente a sus rutas de servicio; y por otro, evitaba el desgaste innecesario de las mismas. El cambio de estrategia ha ocasionado el “destartalamiento” de las unidades, y habiendo menos unidades en condiciones operativas, la disminución en la frecuencia de recorridos. Esto obviamente genera la molestia de los ciudadanos.

Sin embargo, sigo sin entender dos cosas: no entiendo por qué la empresa no corrige la situación, cobre todo en un tiempo en que está próximo a vencerse su contrato, y creo debería interesarles quedar bien para que se los renueven. Y, por otro lado, cómo es que la administración municipal no le aprieta los tornillos. En julio de año pasado se llevó el tema al cabildo, proponiendo incluso que en caso de no haber mejoras en el servicio se procediera a rescindir el contrato, pero la petición fue desechada con el voto de la mayoría, y la situación sigue deteriorándose.

En fin, parece que ni la empresa ni a la presente administración le ponen mucho interés al tema, y que cantidades de basura que no se recolectarán eficazmente, y luego se desparraman por nuestras calles, dando a Juárez la mala imagen con la que la identifican muchos de nuestros vecinos y visitantes.

Otro de los graves problemas de Juárez es su nivel de gasto. Nuestra ciudad es uno de los centros productivos más grandes de América del Norte, su actividad industrial genera una migración y un crecimiento poblacional desproporcionado, lo que no conlleva un desarrollo porque los niveles salariales ofertados son básicos, y sus habitantes no tienen una capacidad de consumo similar a las de otras ciudades, incluso de menor tamaño y grado de actividad económica. Pero ese tema bien vale la pena abordarlo en otra ocasión en que nos encontremos hablando de…


ÚLTIMASCOLUMNAS
viernes 11 de junio de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 28 de mayo de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 21 de mayo de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 07 de mayo de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 30 de abril de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 16 de abril de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 09 de abril de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 19 de marzo de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 12 de marzo de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

viernes 26 de febrero de 2021

Y hablando de…

Sergio Madero

Cargar Más