/ viernes 16 de julio de 2021

Y hablando de…

La sobremesa

Antes que nada, debo hablarle del impacto que me produce la situación en Cuba, isla que he tenido la oportunidad de visitar en ocasiones y dejó en mí la impresión de que su población estaba adormilada, como que en transe, esperándolo todo sin atreverse a hacer nada. Finalmente, las gotas derramaron el vaso y la situación también se ha desbordado; su gobierno, incapaz de corregir, ha reaccionado en la forma más rudimentaria posible. Mi solidaridad para el pueblo cubano que busca su libertad y para los cientos de mexicanos que están en la isla.

Particularmente me refiero a los médicos mexicanos que emigran a Cuba para realizar su residencia y obtener un grado de especialidad ya que el sistema formativo aquí no brinda oportunidades para todos. Muchos juarenses se encuentran cursando estos programas; Cinthia, mis oraciones por tu bienestar.

Le decimos sobre mesa a ese espacio cuando ya se consumieron los alimentos y surge la plática entre los comensales en un tono relajado. Así, pasado ya el momento electoral vamos hablando tranquilamente sobre lo que pasa.

Antes le hablé de cómo, a mi ver, nadie podía llamarse vencedor ni derrotado de forma absoluta, pero si algo parece desvanecerse es la posibilidad de reelección para el presidente López; si bien es cierto nuestro actual sistema constitucional no permite la reelección del presidente de la república y nadie lo ha explorado con algún grado de seriedad desde los tiempos de Miguel Alemán Valdés.

El mismo López en múltiples ocasiones había asegurado que no intentaría reelegirse, sin embargo, la dominancia de su figura y su parecido a otros líderes latinoamericanos que se han estacionado en el puesto, hacían pensar que encontraría la manera de permanecer en la silla. Al no obtener una mayoría calificada en la cámara de diputados, y no tenerla ya en el senado, parece que esa sombra se desvanece.

Pero quitar esa piedra del camino no significa desaparecer los peligros para la débil democracia mexicana.

La fuerza del fenómeno AMLO fue tal que logró una mayoría absoluta en la elección del 2018, arrastrando detrás de él a cientos de candidatos a otros puestos que, en condiciones distintas, nunca hubieran ganado ni un reintegro.

Desde entonces su programa de continuidad se ha basado en el desmantelamiento de las estructuras creadas, sustituyéndolas por su ejército de siervos de la elección (a los que él llama de la nación), construyendo una descarada simbiosis entre su partido y su gobierno.

A ello hay que sumarle una efectiva estrategia de comunicación encabezada por él mismo: exponer su figura durante más de diez horas a la semana le permite dominar la conversación pública, tanto para que se hable de lo que le interesa como para que se deje de hablar de lo que le molesta. Desde ese púlpito continúa además con su narrativa de buenos y malos que le permite exacerbar los motivos de sus seguidores para mantenerse fieles a la causa y apasionarse contra los “adversarios”.

Pero el secuestro del discurso y el restablecimiento de un partido de estado son los únicos problemas que enfrentará nuestra democracia. Durante el priato la mitad del sexenio marcaba el punto en que la figura del presidente empezaba su declive y se iniciaba una lucha soterrada para obtener la postulación al período siguiente. Parece que ahora no será así.

Y no sólo porque el presidente no esté dispuesto a perder la primacía de la vida pública, sino porque no se ve cómo pueda surgir otra figura que le haga compañía. Si la abrumadora mayoría con que fue electo le parece dominante, no es nada comparado con el dominio que ejerce sobre las organizaciones políticas que ha dirigido.

Después de perder la elección de 2006 ejerció tal influencia sobre el PRD, que lo había postulado, que no permitió a nadie competirle la candidatura para el 2012, elección en la que fue claramente superado. Después del segundo descalabro decidió crear su propio partido para no tener que lidiar con una burocracia interna y convertirse en el único con poder de decisión. Hoy la gran pregunta es si será capaz de mantener el control sobre el conglomerado de intereses diversos que reunió su proyecto hace apenas tres años, y la cosa parece no estar muy clara.

Cuestionado en una primera ocasión sobre las personas que pudieran sucederle mencionó a los más evidentes, Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, excluyendo al líder del senado Ricardo Monreal; en lo que persistió una segunda ocasión en la que sí mencionó a personas que ni al caso. La inconformidad de los monrealistas por el desaire fue tal que ha obligado a corregir la plana al presidente y empezar a nombrarlo.

Pero hay dos cosas que de momento parecen poco probables de acontecer: la primera es que el presidente se vaya a decantar a favor del zacatecano, y la segunda, que este se vaya a quedar quieto si no se le designa.

Si el presidente se inclina por alguno de los dos primeros mencionados, y de momento las opciones parecen limitadas a ellos dos, es muy probable que a Monreal le sobren partidos para postularse a la presidencia. Recordemos que en 2018 no quedó conforme con la designación de Sheinbaum a la jefatura de CDMX, y amenazó rompimiento, pero fue el propio presidente quien lo metió al redil y terminó como coordinador del senado. No hay muchos premios de consolación que parezcan atractivos.

Ciertamente es un poco temprano para estar hablando de estas cosas, y muy probablemente el presidente esté sacando el tema para distraernos de otros muchos de los que no quiere hablar, como el repunte en contagios y mortandad en esta pandemia, lo que pone en duda la efectividad de los programas de vacunación; pero bueno, estamos de sobre mesa y todavía nos quedan algunos otros temas para seguir hablando de…

La sobremesa

Antes que nada, debo hablarle del impacto que me produce la situación en Cuba, isla que he tenido la oportunidad de visitar en ocasiones y dejó en mí la impresión de que su población estaba adormilada, como que en transe, esperándolo todo sin atreverse a hacer nada. Finalmente, las gotas derramaron el vaso y la situación también se ha desbordado; su gobierno, incapaz de corregir, ha reaccionado en la forma más rudimentaria posible. Mi solidaridad para el pueblo cubano que busca su libertad y para los cientos de mexicanos que están en la isla.

Particularmente me refiero a los médicos mexicanos que emigran a Cuba para realizar su residencia y obtener un grado de especialidad ya que el sistema formativo aquí no brinda oportunidades para todos. Muchos juarenses se encuentran cursando estos programas; Cinthia, mis oraciones por tu bienestar.

Le decimos sobre mesa a ese espacio cuando ya se consumieron los alimentos y surge la plática entre los comensales en un tono relajado. Así, pasado ya el momento electoral vamos hablando tranquilamente sobre lo que pasa.

Antes le hablé de cómo, a mi ver, nadie podía llamarse vencedor ni derrotado de forma absoluta, pero si algo parece desvanecerse es la posibilidad de reelección para el presidente López; si bien es cierto nuestro actual sistema constitucional no permite la reelección del presidente de la república y nadie lo ha explorado con algún grado de seriedad desde los tiempos de Miguel Alemán Valdés.

El mismo López en múltiples ocasiones había asegurado que no intentaría reelegirse, sin embargo, la dominancia de su figura y su parecido a otros líderes latinoamericanos que se han estacionado en el puesto, hacían pensar que encontraría la manera de permanecer en la silla. Al no obtener una mayoría calificada en la cámara de diputados, y no tenerla ya en el senado, parece que esa sombra se desvanece.

Pero quitar esa piedra del camino no significa desaparecer los peligros para la débil democracia mexicana.

La fuerza del fenómeno AMLO fue tal que logró una mayoría absoluta en la elección del 2018, arrastrando detrás de él a cientos de candidatos a otros puestos que, en condiciones distintas, nunca hubieran ganado ni un reintegro.

Desde entonces su programa de continuidad se ha basado en el desmantelamiento de las estructuras creadas, sustituyéndolas por su ejército de siervos de la elección (a los que él llama de la nación), construyendo una descarada simbiosis entre su partido y su gobierno.

A ello hay que sumarle una efectiva estrategia de comunicación encabezada por él mismo: exponer su figura durante más de diez horas a la semana le permite dominar la conversación pública, tanto para que se hable de lo que le interesa como para que se deje de hablar de lo que le molesta. Desde ese púlpito continúa además con su narrativa de buenos y malos que le permite exacerbar los motivos de sus seguidores para mantenerse fieles a la causa y apasionarse contra los “adversarios”.

Pero el secuestro del discurso y el restablecimiento de un partido de estado son los únicos problemas que enfrentará nuestra democracia. Durante el priato la mitad del sexenio marcaba el punto en que la figura del presidente empezaba su declive y se iniciaba una lucha soterrada para obtener la postulación al período siguiente. Parece que ahora no será así.

Y no sólo porque el presidente no esté dispuesto a perder la primacía de la vida pública, sino porque no se ve cómo pueda surgir otra figura que le haga compañía. Si la abrumadora mayoría con que fue electo le parece dominante, no es nada comparado con el dominio que ejerce sobre las organizaciones políticas que ha dirigido.

Después de perder la elección de 2006 ejerció tal influencia sobre el PRD, que lo había postulado, que no permitió a nadie competirle la candidatura para el 2012, elección en la que fue claramente superado. Después del segundo descalabro decidió crear su propio partido para no tener que lidiar con una burocracia interna y convertirse en el único con poder de decisión. Hoy la gran pregunta es si será capaz de mantener el control sobre el conglomerado de intereses diversos que reunió su proyecto hace apenas tres años, y la cosa parece no estar muy clara.

Cuestionado en una primera ocasión sobre las personas que pudieran sucederle mencionó a los más evidentes, Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, excluyendo al líder del senado Ricardo Monreal; en lo que persistió una segunda ocasión en la que sí mencionó a personas que ni al caso. La inconformidad de los monrealistas por el desaire fue tal que ha obligado a corregir la plana al presidente y empezar a nombrarlo.

Pero hay dos cosas que de momento parecen poco probables de acontecer: la primera es que el presidente se vaya a decantar a favor del zacatecano, y la segunda, que este se vaya a quedar quieto si no se le designa.

Si el presidente se inclina por alguno de los dos primeros mencionados, y de momento las opciones parecen limitadas a ellos dos, es muy probable que a Monreal le sobren partidos para postularse a la presidencia. Recordemos que en 2018 no quedó conforme con la designación de Sheinbaum a la jefatura de CDMX, y amenazó rompimiento, pero fue el propio presidente quien lo metió al redil y terminó como coordinador del senado. No hay muchos premios de consolación que parezcan atractivos.

Ciertamente es un poco temprano para estar hablando de estas cosas, y muy probablemente el presidente esté sacando el tema para distraernos de otros muchos de los que no quiere hablar, como el repunte en contagios y mortandad en esta pandemia, lo que pone en duda la efectividad de los programas de vacunación; pero bueno, estamos de sobre mesa y todavía nos quedan algunos otros temas para seguir hablando de…

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