/ viernes 23 de julio de 2021

Y hablando de…

La sobremesa 2.0


A veces pasa, uno empieza a platicar y luego surge otra cosa, y así, como no queriendo, la sobremesa se alarga, y este parece el caso de la que iniciamos la semana pasada a la qué Humberto me reviró preguntando si no veo en la oposición una posibilidad real de retomar la presidencia de la república dentro de tres años. La verdad no.

Noah Haris narra en su libro Sapiens que los hombres se reúnen, y mantienen unidos, en torno a una historia, de modo que quien cuenta la mejor historia es capaz de reunir a más personas por más tiempo. En este momento, no veo como la oposición, ni por separado ni en su conjunto, sea capaz de construir una narrativa mejor que la del presidente.

Si se analiza con detenimiento, la narrativa del presidente es simplista. Cuenta la historia de un pueblo ultrajado por una “clase dominante” que durante, mas o menos las últimas cuatro décadas, se ha enriquecido de forma descomunal, gracias a relaciones, no necesariamente ilegales, pero sí deshonestas, que lo mismo conducen los recursos públicos a sus bolsillos, que les otorgan condiciones ventajosas para hacer negocios y evitarles competencia. En esa simplicidad está el secreto de su éxito.

El presidente no ofrece datos sólidos, pero con este argumento no requiere utilizar siquiera sus “otros datos”, la realidad es abrumadora. México es una sociedad desigual a ojos vista: el diez por ciento más rico reúne cerca de la mitad de la riqueza nacional, mientras que el diez por ciento más pobre del país apenas posee el 0.3 por ciento de esta.

Para ejemplificarlo, si la riqueza nacional fueran cien pesos y sólo hubiera en el país diez habitantes, el más rico tendría cincuenta pesos y el más pobre sólo treinta centavos. Los cuarenta y siete pesos restantes se reparten en distintas proporciones entre los otros ocho habitantes.

Según el informe de CONEVAL de febrero de este año, casi setenta y un millones de mexicanos tienen ingresos por debajo de la “línea de la pobreza”, es decir, son familias que en la ciudad perciben menos de $6,766.00 pesos, y en el campo menos de $4,439.00

Ciertamente el presidente López pone el énfasis en el discurso, y no en las acciones, como lo demuestra el hecho de que, entre 2018 y 2021, la cantidad de mexicanos en situación de pobreza aumento en casi ocho millones de personas (7.9 según el mismo informe de CONEVAL), pasando de 61 a 70 millones de mexicanos.

Cierto es también que en este incremento tiene un gran impacto la recesión inducida por la pandemia, pero fue el mismo presidente quien calificó que le había caído “como anillo al dedo” para cimentar su proyecto; y que es precisamente su administración la encargada de establecer las medidas para controlar la crisis sanitaria y sus efectos sobre los demás aspectos de la vida comunal.

México se ha distinguido negativamente por ser uno de los países más parcos al implementar medidas de prevención: las restricciones a la movilidad fueron tardías y escasamente obligadas, incluso la misma OMS le pidió que actuara con seriedad y no mandara mensajes contradictorios que invitaban a la población a abrazarse y salir a comer en familia; nunca se estableció un sistema de pruebas a personas sospechosas y seguimiento a casos confirmados; y bueno, ¡qué mas quiere si el mismo presidente es incapaz de utilizar un cubrebocas siquiera sea por dar el ejemplo!

A pesar de los resultados negativos el discurso de López sigue guiando la voluntad popular a falta, no de otro mejor, si no porque realmente no hay otro. Si como ya vimos, el diez porciento de la población acumula casi la mitad de la riqueza mientras más de la mitad de la población no gana lo suficiente para adquirir todo lo que necesita, el discurso de “tú eres pobre y ellos son ricos” es evidente para esos setenta millones de personas. La acción se detona cuando al discurso se le añade que “tú eres pobre y ellos son ricos porque ellos son transas”, y se decanta a favor del movimiento que el presidente encabeza cuando concluye que él, y sólo él, es capaz de defender a ese “tú” y perseguir a “ellos”, aunque en realidad no haga nada en su contra.

La oposición, hasta el momento, ha sido incapaz de elaborar una narrativa mejor. Sujeta por los grilletes de sus acciones pasadas, que se vuelven más pesados por el diario recuerdo que se hace desde el púlpito presidencial, siguen también atados a sus viejos discursos, creyendo que si fueron útiles en el pasado volverán a dar resultados; incapaces de innovar, no encontramos ni canales para llegar, ni argumentos para convencer a esa inmensa mayoría de mexicanos que viven con alguna necesidad insatisfecha.

Por ello creo que el principal problema, ya no del presidente, sino de la democracia mexicana, será la manera en que resuelva la designación de quien haya de sucederlo, sin caer en una fragmentación polarizada que vuelva a inmovilizar al país, ni en la tentación de simular la trasmisión del poder. La fortaleza y el poder acumulado por la figura del presidente puede ser una ventaja para evitar lo primero, y a la vez un caldo de cultivo para lo segundo.

Un tercer y más lamentable escenario posible es que el presidente evite los otros dos primeros haciendo uso de las fuerzas militares a las que tanto ha consentido, y que permanezca más allá del período para el que fue electo, compartiendo el poder exclusivamente con ellas. Pero de eso mejor ni hablar para no atraerlo.

En una circunstancia como la actual ¿qué puede hacer la oposición rumbo al 2024? Qué le parece si extendemos la sobremesa y lo platicamos otra ocasión en que nos encontremos hablando de…

La sobremesa 2.0


A veces pasa, uno empieza a platicar y luego surge otra cosa, y así, como no queriendo, la sobremesa se alarga, y este parece el caso de la que iniciamos la semana pasada a la qué Humberto me reviró preguntando si no veo en la oposición una posibilidad real de retomar la presidencia de la república dentro de tres años. La verdad no.

Noah Haris narra en su libro Sapiens que los hombres se reúnen, y mantienen unidos, en torno a una historia, de modo que quien cuenta la mejor historia es capaz de reunir a más personas por más tiempo. En este momento, no veo como la oposición, ni por separado ni en su conjunto, sea capaz de construir una narrativa mejor que la del presidente.

Si se analiza con detenimiento, la narrativa del presidente es simplista. Cuenta la historia de un pueblo ultrajado por una “clase dominante” que durante, mas o menos las últimas cuatro décadas, se ha enriquecido de forma descomunal, gracias a relaciones, no necesariamente ilegales, pero sí deshonestas, que lo mismo conducen los recursos públicos a sus bolsillos, que les otorgan condiciones ventajosas para hacer negocios y evitarles competencia. En esa simplicidad está el secreto de su éxito.

El presidente no ofrece datos sólidos, pero con este argumento no requiere utilizar siquiera sus “otros datos”, la realidad es abrumadora. México es una sociedad desigual a ojos vista: el diez por ciento más rico reúne cerca de la mitad de la riqueza nacional, mientras que el diez por ciento más pobre del país apenas posee el 0.3 por ciento de esta.

Para ejemplificarlo, si la riqueza nacional fueran cien pesos y sólo hubiera en el país diez habitantes, el más rico tendría cincuenta pesos y el más pobre sólo treinta centavos. Los cuarenta y siete pesos restantes se reparten en distintas proporciones entre los otros ocho habitantes.

Según el informe de CONEVAL de febrero de este año, casi setenta y un millones de mexicanos tienen ingresos por debajo de la “línea de la pobreza”, es decir, son familias que en la ciudad perciben menos de $6,766.00 pesos, y en el campo menos de $4,439.00

Ciertamente el presidente López pone el énfasis en el discurso, y no en las acciones, como lo demuestra el hecho de que, entre 2018 y 2021, la cantidad de mexicanos en situación de pobreza aumento en casi ocho millones de personas (7.9 según el mismo informe de CONEVAL), pasando de 61 a 70 millones de mexicanos.

Cierto es también que en este incremento tiene un gran impacto la recesión inducida por la pandemia, pero fue el mismo presidente quien calificó que le había caído “como anillo al dedo” para cimentar su proyecto; y que es precisamente su administración la encargada de establecer las medidas para controlar la crisis sanitaria y sus efectos sobre los demás aspectos de la vida comunal.

México se ha distinguido negativamente por ser uno de los países más parcos al implementar medidas de prevención: las restricciones a la movilidad fueron tardías y escasamente obligadas, incluso la misma OMS le pidió que actuara con seriedad y no mandara mensajes contradictorios que invitaban a la población a abrazarse y salir a comer en familia; nunca se estableció un sistema de pruebas a personas sospechosas y seguimiento a casos confirmados; y bueno, ¡qué mas quiere si el mismo presidente es incapaz de utilizar un cubrebocas siquiera sea por dar el ejemplo!

A pesar de los resultados negativos el discurso de López sigue guiando la voluntad popular a falta, no de otro mejor, si no porque realmente no hay otro. Si como ya vimos, el diez porciento de la población acumula casi la mitad de la riqueza mientras más de la mitad de la población no gana lo suficiente para adquirir todo lo que necesita, el discurso de “tú eres pobre y ellos son ricos” es evidente para esos setenta millones de personas. La acción se detona cuando al discurso se le añade que “tú eres pobre y ellos son ricos porque ellos son transas”, y se decanta a favor del movimiento que el presidente encabeza cuando concluye que él, y sólo él, es capaz de defender a ese “tú” y perseguir a “ellos”, aunque en realidad no haga nada en su contra.

La oposición, hasta el momento, ha sido incapaz de elaborar una narrativa mejor. Sujeta por los grilletes de sus acciones pasadas, que se vuelven más pesados por el diario recuerdo que se hace desde el púlpito presidencial, siguen también atados a sus viejos discursos, creyendo que si fueron útiles en el pasado volverán a dar resultados; incapaces de innovar, no encontramos ni canales para llegar, ni argumentos para convencer a esa inmensa mayoría de mexicanos que viven con alguna necesidad insatisfecha.

Por ello creo que el principal problema, ya no del presidente, sino de la democracia mexicana, será la manera en que resuelva la designación de quien haya de sucederlo, sin caer en una fragmentación polarizada que vuelva a inmovilizar al país, ni en la tentación de simular la trasmisión del poder. La fortaleza y el poder acumulado por la figura del presidente puede ser una ventaja para evitar lo primero, y a la vez un caldo de cultivo para lo segundo.

Un tercer y más lamentable escenario posible es que el presidente evite los otros dos primeros haciendo uso de las fuerzas militares a las que tanto ha consentido, y que permanezca más allá del período para el que fue electo, compartiendo el poder exclusivamente con ellas. Pero de eso mejor ni hablar para no atraerlo.

En una circunstancia como la actual ¿qué puede hacer la oposición rumbo al 2024? Qué le parece si extendemos la sobremesa y lo platicamos otra ocasión en que nos encontremos hablando de…

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