/ jueves 9 de septiembre de 2021

Y hablando de…

El barco

La neblina dificultaba la visibilidad a los marineros aquella noche. Uno de ellos toma la decisión y corre a dar aviso al capitán: a la distancia se divisa una señal parpadeante, y a pesar de haberle hecho las señales de rigor no variaba su curso, de seguir así la colisión era inminente. El capitán se dirige al puente de mando, toma la radio y en tono amenazante ordena: le habla el capital del buque, somos la nave nodriza, vire usted su dirección diez grados a babor. Una voz en tono algo jocoso le responde: aquí le habla Juan Pérez, soy el conserje, no entiendo mucho de esto, pero mejor muévanse ustedes si no se quieren estrellar, le estoy hablando desde el faro de la isla.Así parece conducirse el gobierno del país.

Desde el puente de mando se escucha una voz autoritaria, sabe que conduce la maquinaria más poderosa que se haya visto en un cuarto de siglo, y parece estar dispuesto a imponerla ante todo, incluso la realidad. No es capaz de variar un ápice sus posturas, no importa que la evidencia le demuestre que a errado al fijar el rumbo, ignora el surgimiento de nueva información, y lo que es peor, considera la publicación de evidencias como un ataque a su persona y su proyecto.

Ya antes hablamos de la evaluación de CONEVAL respecto a las personas en situación de pobreza en México, cómo el problema ha crecido en su administración, particularmente durante la pandemia; cómo se priva a millones de mexicanos el acceso a un servicio médico y medicinas por la decisión, tomada a rajatabla y ejecutada con mucha deficiencia, de eliminar el sistema de Seguro Popular e instaurar el INSABI.

El presidente no es responsable de la pandemia,pero el manejo que le ha dado su administración,así como de los cambios en el sistema de salud pública. La suma de los resultados es desastrosa. A día de hoy, los contagios por Coviden el país superan los tres millones y medio, y el gobierno reconoce más de doscientos cincuenta y cinco mil fallecimientos por esta causa. Sin embargo, los datos del INEGI demuestran que durante la pandemia ha fallecido cerca de medio millón de personas más de lo normal, ese “excedente” de muertes no tiene otra explicación posible, son muertes por Covid.

Los decesos son lamentables, tal vez miles de ellos pudieron haberse evitado de actuar a tiempo y correctamente, acatando las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre la aplicación masiva de pruebas (que nunca se adquirieron), obligar al uso del cubrebocas en vez de tener una postura ambivalente al respecto, y tomar las medidas necesarias para disminuir la movilidad de las personas y las aglomeraciones. Pero en todo ello se fue negligente.

Desde luego, la reducción de las actividades trae como consecuencia el freno de las económicas, y con ello los problemas para miles de personas y familias. El gobierno ha sido ralo y lento, si no es que del todo ausente, al tomar medidas al respecto.

Según datos del mismo INEGI reportados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en mayo de 2020, el 52.9% de las personas en aptitud de trabajar reportaron no tener ocupación alguna o bastante para cubrir sus necesidades. Aun hoy, 26.4% de esa población económicamente activa se encuentra desempleada o subocupada. Esto se traduce en que una de cada cuatro personas dispuestas a trabajar, y sus familias, no cuenta con el ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades.

Pero el discurso oficial insiste en que vamos bien, y no admite cambio alguno a su política. Por el contrario, se desgasta creando bombas de humo para no atender la situación apremiante.

Conocedor de la poderosa maquinaria que conduce, se comporta como sus antecesores totalitarios a quien dice combatir. La subordinación de la Fiscalía General de la República a la voluntad del presidente quedó clara desde el inicio de la administración cuando se ordenó el encarcelamiento de Rosario Robles, quien le antecedió en el gobierno de la Ciudad de México y a quien tiene por traidora y mantiene encarcelada. Hoy se confirma con la causa que se sigue contra Ricardo Anaya.

Ante la denuncia pública del excandidato el presidente ordenó al fiscal general dar a conocer los hechos que se investigan, lo cual obedeció de inmediato. Lo expuesto deja muchas dudas, por decir lo menos. Supuestamente se acusa a Anaya de haber recibido dinero para que apoyara con su voto como diputado la reforma energética, sólo que en el momento en que se supone ocurrieron esos hechos, la reforma ya había sido aprobada. Por si quedara alguna duda de la intromisión del presidente en los trabajos de la fiscalía, el comunicado el delito de Anaya es “entregar el patrimonio del país a intereses y a empresas extranjeras”, una frase así sólo puede ser rubricada por el mismo López.

Parece que el presidente confía en la inconmensurable capacidad de sufrimiento del pueblo mexicano, que el vaso no se derramará antes del término de su mandato, que podrá mantener entretenido al suficiente número de votantes con su prédica mañanera como para mantener el poder en el 2024; y que por ello no se ocupa de atender los graves problemas que aquejan al país y que desdeña. Pero fue precisamente el hartazgo, el deseo de no seguir sufriendo a una clase gobernante inepta y corrupta lo que desembocó en el ascenso de López, tal vez al vaso ya no le quepa la última gota.

Y sin embargo, no se ve en el futuro cercano una competencia real que pueda hacer tropezar su proyecto. No vaya a ser que, al igual que en 2005, un proceso penal generé una figura fuerte y el tiro le salga por la culata. Hay que ver como se van dando las cosas y lo platicamos otra ocasión en que nos encontremos hablando de…

El barco

La neblina dificultaba la visibilidad a los marineros aquella noche. Uno de ellos toma la decisión y corre a dar aviso al capitán: a la distancia se divisa una señal parpadeante, y a pesar de haberle hecho las señales de rigor no variaba su curso, de seguir así la colisión era inminente. El capitán se dirige al puente de mando, toma la radio y en tono amenazante ordena: le habla el capital del buque, somos la nave nodriza, vire usted su dirección diez grados a babor. Una voz en tono algo jocoso le responde: aquí le habla Juan Pérez, soy el conserje, no entiendo mucho de esto, pero mejor muévanse ustedes si no se quieren estrellar, le estoy hablando desde el faro de la isla.Así parece conducirse el gobierno del país.

Desde el puente de mando se escucha una voz autoritaria, sabe que conduce la maquinaria más poderosa que se haya visto en un cuarto de siglo, y parece estar dispuesto a imponerla ante todo, incluso la realidad. No es capaz de variar un ápice sus posturas, no importa que la evidencia le demuestre que a errado al fijar el rumbo, ignora el surgimiento de nueva información, y lo que es peor, considera la publicación de evidencias como un ataque a su persona y su proyecto.

Ya antes hablamos de la evaluación de CONEVAL respecto a las personas en situación de pobreza en México, cómo el problema ha crecido en su administración, particularmente durante la pandemia; cómo se priva a millones de mexicanos el acceso a un servicio médico y medicinas por la decisión, tomada a rajatabla y ejecutada con mucha deficiencia, de eliminar el sistema de Seguro Popular e instaurar el INSABI.

El presidente no es responsable de la pandemia,pero el manejo que le ha dado su administración,así como de los cambios en el sistema de salud pública. La suma de los resultados es desastrosa. A día de hoy, los contagios por Coviden el país superan los tres millones y medio, y el gobierno reconoce más de doscientos cincuenta y cinco mil fallecimientos por esta causa. Sin embargo, los datos del INEGI demuestran que durante la pandemia ha fallecido cerca de medio millón de personas más de lo normal, ese “excedente” de muertes no tiene otra explicación posible, son muertes por Covid.

Los decesos son lamentables, tal vez miles de ellos pudieron haberse evitado de actuar a tiempo y correctamente, acatando las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre la aplicación masiva de pruebas (que nunca se adquirieron), obligar al uso del cubrebocas en vez de tener una postura ambivalente al respecto, y tomar las medidas necesarias para disminuir la movilidad de las personas y las aglomeraciones. Pero en todo ello se fue negligente.

Desde luego, la reducción de las actividades trae como consecuencia el freno de las económicas, y con ello los problemas para miles de personas y familias. El gobierno ha sido ralo y lento, si no es que del todo ausente, al tomar medidas al respecto.

Según datos del mismo INEGI reportados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en mayo de 2020, el 52.9% de las personas en aptitud de trabajar reportaron no tener ocupación alguna o bastante para cubrir sus necesidades. Aun hoy, 26.4% de esa población económicamente activa se encuentra desempleada o subocupada. Esto se traduce en que una de cada cuatro personas dispuestas a trabajar, y sus familias, no cuenta con el ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades.

Pero el discurso oficial insiste en que vamos bien, y no admite cambio alguno a su política. Por el contrario, se desgasta creando bombas de humo para no atender la situación apremiante.

Conocedor de la poderosa maquinaria que conduce, se comporta como sus antecesores totalitarios a quien dice combatir. La subordinación de la Fiscalía General de la República a la voluntad del presidente quedó clara desde el inicio de la administración cuando se ordenó el encarcelamiento de Rosario Robles, quien le antecedió en el gobierno de la Ciudad de México y a quien tiene por traidora y mantiene encarcelada. Hoy se confirma con la causa que se sigue contra Ricardo Anaya.

Ante la denuncia pública del excandidato el presidente ordenó al fiscal general dar a conocer los hechos que se investigan, lo cual obedeció de inmediato. Lo expuesto deja muchas dudas, por decir lo menos. Supuestamente se acusa a Anaya de haber recibido dinero para que apoyara con su voto como diputado la reforma energética, sólo que en el momento en que se supone ocurrieron esos hechos, la reforma ya había sido aprobada. Por si quedara alguna duda de la intromisión del presidente en los trabajos de la fiscalía, el comunicado el delito de Anaya es “entregar el patrimonio del país a intereses y a empresas extranjeras”, una frase así sólo puede ser rubricada por el mismo López.

Parece que el presidente confía en la inconmensurable capacidad de sufrimiento del pueblo mexicano, que el vaso no se derramará antes del término de su mandato, que podrá mantener entretenido al suficiente número de votantes con su prédica mañanera como para mantener el poder en el 2024; y que por ello no se ocupa de atender los graves problemas que aquejan al país y que desdeña. Pero fue precisamente el hartazgo, el deseo de no seguir sufriendo a una clase gobernante inepta y corrupta lo que desembocó en el ascenso de López, tal vez al vaso ya no le quepa la última gota.

Y sin embargo, no se ve en el futuro cercano una competencia real que pueda hacer tropezar su proyecto. No vaya a ser que, al igual que en 2005, un proceso penal generé una figura fuerte y el tiro le salga por la culata. Hay que ver como se van dando las cosas y lo platicamos otra ocasión en que nos encontremos hablando de…

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