/ miércoles 20 de noviembre de 2019

“Quería ser un torero diferente” El Glison

Payaso de rodeo, jinete, charro, novillero, torero, domador, empresario, poeta, columnista, han sido algunas de sus actividades

Ciudad Juárez, Chihuahua.- “La peor lucha es la que no se hace”, ha sido la filosofía de Jorge de Jesús “El Glison”, matador retirado que se ha debatido entre la vida y la muerte por su esencia de arrojo y valentía ante los animales, además su espíritu aventurero lo llevó a conocer diferentes partes del mundo.

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Payaso de rodeo, jinete, charro, novillero, torero, domador, empresario, poeta, columnista, además de jugador de futbol americano, ingeniero y conferencista de superación personal, han sido algunas de las actividades que ha desarrollado “El Glison”.

El matador visitó las instalaciones de Periódico El Mexicano, donde compartió cómo fue su travesía hasta llegar a convertirse en novillero y posteriormente en matador de toros, que le dio grandes satisfacciones, pero también lo pusieron al borde de la muerte.

En su palmarés tiene el récord de la mayor cantidad de novilladas, con más de doscientas y cuatrocientas orejas cortadas.

Sufrió 39 cornadas tanto en su trayectoria como novillero y como matador de toros y tiene 18 fracturas; consiguió vencer la gangrena después de una grave cornada en la plaza de Tlaxcala, el 7 de noviembre de 1987.

Desde niño convivió con los animales y le nació el amor por ellos, especialmente por los caballos, mencionó que su madre le decía que primero dijo “callo” de caballo, que decir mamá.

De inicio mucha gente dice que estoy loco, a la gente que en ocasiones se le dice que está loca es quienes se salen de los parámetros normales, quienes buscan un camino diferente o simplemente sueñan y buscan lograr su sueño, yo creo que soy de ese tipo de locos, si se puede poner ese calificativo a la gente que no acepta que le coarten la libertad expresó El Glison.

“La vida me ha llevado por muchos rumbos, algo que tengo muy claro es mi amor por los caballos, desde muy chiquito, mi mamá dice, quien sabe si sea cierto, que era tanto mi amor por caballos que yo dije callo, antes de decir mamá, no creo, ese amor me llevó a montar y mi papá compró una granja”, añadió.

Jorge de Jesús “El Glison”, es originario de Saltillo, Coahuila, nació en 1960 y de pequeño se lo llevaron a vivir a la Ciudad de México y su papá compró una granja en Morelos.

Ahí yo tuve la oportunidad de convivir con los animales, tenía mi caballito, criábamos puercos, pollos y yo empecé a tener una relación muy importante con los gallos de pelea, de muy niño y me regalaban gallos heridos, que en la pelea habían salido tuertos o cojos y yo los curaba, para mí fue un ejemplo muy importante en cuanto a que el gallo de pelea para mí, como el toro bravo, son animales que no se rinden

“Que aún y cuando son heridos y sienten dolor, no se convierte en sufrimiento, el dolor lo puedes inhibir, superar, para mí el sufrimiento ya es de alguien que perdió la batalla”, mencionó.

A los 17 años, al concluir sus estudios de preparatoria, se fue a la aventura de “aventón” con destino a Alaska, pasando por Ciudad Juárez por donde cruzó a Estados Unidos, con la mentalidad de pescar salmón.

De su viaje a Alaska regresó para entrar a la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, de donde es egresado y a la mitad de su carrera le dieron ganas de viajar, con el sueño de darle vuelta al mundo.

Con una mochila y una tienda de campaña viajó también a Nueva York (1982, cuando tenía 21 años), Bruselas, Bélgica, Israel, Pakistán, India, Malasia, Tailandia; “Literal le di la vuelta al mundo en un año”.

Para costear su viaje vendía en Europa joyería de plata de Taxco, anillos, pulseras y collares, hasta diez veces de su valor. Trabajó también en un campamento de elefantes en la India, paseando turistas. Lo que consideró un viaje educativo que le forjó carácter y disciplina. Hablaba inglés, que aprendió en Alaska, además aprendió francés y alemán.

Fue jugador de futbol americano con los Buitres de la Narro, donde fue campeón por tres años consecutivos, a la par era charro y jinete de rodeo.

“En un rodeo cuando estaba faroleando como le dicen en Saltillo, como echando rostro, a veces salían toros bravos, que embestían y salió uno de esos toros, yo por una razón me quedé hipnotizado cuando vi que el toro venía, de 800 kilos como un tren, me quedé enamorado de esa embestida y ya estaba para arrollarme, pero como en el futbol americano era corredor, sabía hacer quiebres y esperé, Dios me iluminó, hice un movimiento y el toro me pasó por un ladito, ufff, me enamoré de esa sensación”, recordó.

De 714 kilogramos fue el toro de mayor peso que llegó a lidiar el matador coahuilense “El Glison”.

“Ya después busca si salía un toro bravillo para jugar con él, hasta que me hice profesional, me empezaron a pagar dinero, como payaso de rodeo me ganaba una lana, mil pesos, a finales de los setentas, cuando tenía 18 años.

Se volvió empresario de rodeo y llevó sus eventos a Jalisco, San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato, con competencias mexicanos y estadounidenses.

En su viaje a los 21 años fue a Pamplona a correr con los toros, cuando era jinete y charro pero no taurino.

Como mucha gente que desconoce la fiesta brava, yo la veía en la televisión y se me hacía hasta mala onda, decía ese toro está menso, nada más corretea el trapo rojo, no sabía nada, qué fácil está torear, nada más un toro como perrito, veía que se metía un montón de gente y lo banderilleaban, lo picaban, lógicamente cuando no estás informado desconoces y no puedes tener un juicio válido

Su primera corrida fue en Pamplona, donde la gente a su alrededor le explicaba sobre la fiesta brava.

“Llevaba una banderita de México, una manera de identificarte y cuando estaba en la corrida, me dicen ese es tu paisano mexicano, era el matador Jorge Gutiérrez, toreó muy bien, cortó una oreja y le pegaron una pequeña cornada, como había cortado una oreja lo cargaron en hombros y yo me había echado 3, 4 botellas de vino, dije también me bajo (sonrió), dicen en la historia taurina que yo cargué en hombros a Jorge Gutiérrez, pero yo no lo cargué, ya lo traían cargando”, recordó.

“Iba en la bola y entonces le pasé mi bandera, entonces Jorge la traía en la mano y dimos una vuelta al ruedo, a todo dar y tuve mi primer problema con el ambiente taurino porque ya se quería robar mi bandera, ya se la quería llevar, oye mi bandera, de recuerdo, no manches la necesito para pegarla en mi mochila, hasta que la soltó”, añadió.

Se enamoró de la fiesta brava

A los 24 años de edad, El Glison manifestó su interés por convertirse en un matador de toros, enamorado del romanticismo y del heroísmo taurino y con la admiración a los primeros toreros.

“Dije ahora voy a ser torero, era mi sueño, cuando terminé la universidad, hice mi tesis, empecé a buscar y fui con una peña taurina, les dije que quería ser torero y se rieron de mí, estás loco, si estás bien viejo, me dijeron el toreo es de babas no de barbas, yo tenía 24 años”, expresó.

“Me intentaron decepcionar y sin embargo no me rendí y continúe con mi búsqueda, más difícil ya me había casado, había conocido una mujer muy guapa, que fue señorita Coahuila 1984, nos enamoramos, gracias a Dios me ha bendecido con mujeres, tengo muchas cornadas y muchas recompensas”, añadió.

El Glison destacó que nadie creía en él, cuando manifestó sus deseos por ser matador de toros a su familia, ni su apoderado.

“Dije tengo que hacer algo diferente para llamar la atención, porque había muchos novilleros valientes y buenos, yo dije ya estoy viejo, no tengo lana, no se torear, todo en contra, en libros que había leído de la tauromaquia, había visto que había unas suertes antiguas donde saltaban desde una silla a los toros y ponían banderillas cortitas, dije voy a hacer eso, porque en los rodeos yo saltaba a los toros”, explicó.

La primera vez que toreo fusionó un rodeo con participación, con un novillo, en ciudad Acuña, Coahuila.

“Que lo hago y exitazo, la gente loca, no pegue ni un muletazo, ni uno (sonrió), gracias a Dios el rodeo lleno, gane mucha lana, no sabía torear nada, lo salte, le puse banderillas, la gente feliz, con los madrazos, le metí la espada como pude y todavía el juez me dio las orejas (sonrió) me emocionó”, mencionó.

Después organizó una novillada, donde tuvo tres alternantes; vestido de luces en las taquillas cobraba

Empezó a torear a finales de 1985; su primera novillada fue el 13 de octubre de 1985, en Saltillo, Coahuila.

A los periodistas taurinos les caía muy mal, decían está rompiendo las reglas, me acuerdo que sacaban las planas enteras, el Glison payaso, cirquero, está loco, pero atacándome, la gente decía hay que ir a ver al loco, me hacían un favor

Acudió a las instalaciones del ESTO, donde buscó al periodista Don Francisco Lazo y con su televisión y videocasetera le mostró sus videos y causó expectación. “El Glison no está loco, ni es un payaso ni un cirquero, lo que él hace esta en los canones de la tauromaquia”, fue la nota que le publicó el ESTO.

Pepe Alameda le ofreció su apoyo en su actividad como novillero; lo invitó a su primera tienta (método de selección).

Después de realizar seis novilladas, con 3, 4 meses de haber empezado como novillero, fue invitado a un festejo en la Plaza México.

Era como echarme a los leones, sin saber torear, nunca había toreado en alguna plaza importante, fue como una corrida de toros, mi novillo de presentación ahí el Plaza México se llamaba Piel Roja y 470 kilos, aparte bien armado, fueron novillos de la Trasquila, debuté con Alberto Galindo `El Geno` y Rafael González, ambos de Monterrey

Resaltó “habitualmente no voy a los sorteos, porque una noche antes me iba de fiesta a encontrar muchachas (sonrió), no me emborrachaba mucho si andaba buscando novia, es muy buena terapia”.

En los corrales había cinco toros negros y un castaño con unos cuernotes, complicado, que fue el que le toco.

“Salgo con mi silla, toda la gente gritando, con la expectativa de ver que iba a hacer yo y siempre divido opiniones, desde que partí plaza la mitad me raya la madre, payaso, cirquero, mala onda y la otra mitad, bien, para adelante, yo quiero saltar el toro pero como era malo se iba de lado, no lo podía saltar, no funcionaba la cosa, para torear hay un ayudado, como una espada pero de un material más liviano, pero resistente, yo y la gente que me acompañaba éramos tan ignorantes, como un amigo era cortinero me hizo un ayudado de ese material, bien débil”, recordó.

“No había estado bien y la gente me estaba abucheando, me voy a los medios para hacer el péndulo, yo con mi ayudado mal hecho, cuando le quise hacer el cambio, el novillo se regresó y me dio un madrazo, me pegó una cornada fuerte y grande, ya cornado voy otra vez a los medios parta pegarle el péndulo, otra vez para arriba, otro madrazo, me levante y le pegó un muletazo, la gente hizo wow, ya le meto la espada, pero no cae y al final descabelle con la puntilla”, añadió.

El Glison dijo tener doce hijos con siete mujeres y una de sus hijas es de aquí de Ciudad Juárez, María Fernanda y su mamá Arminda.

“Si alguien lee de la familia, les mando saludos y las quiero mucho, me siento muy orgulloso de ellas y de tener aquí descendencia de Juárez”, dijo.

Récord en novilladas y luego una cornada con la que estuvo a punto de morir

El Glison dijo tener el récord de la carrera como novillero más fructífera en México, con más de 200 y con más orejas, como 400, en dos etapas de año y medio cada una.

Sufrió una grave cornada en la plaza de Tlaxcala, Jorge Ranchero Aguilar, el 7 de noviembre de 1987.

“En un par de banderillas en la silla, a veces las banderillas las hacían de un material muy chafa, se doblaban, intente con el novillo Golfo de la ganadería Tepeyahualco fracción de Haro, el toro me pega, al estarle poniendo la banderilla el toro me estaba metiendo el cuerno y me hecho para arriba, tengo 39 cornadas y 18 fracturas, me metió el cuerno, me hecho para arriba, no me soltó y me arrastro como 3, 4 metros y me levanto”, relató.

“La cornada fue de arriba de la rodilla hasta aquí (ingle), el pedo fue que en el camino se rompió la femoral, la arteria femoral y músculos, para morirme, pero además paso algo terrible porque el jefe de los servicios médicos (Javier Campos) y tenía un quirófano móvil, pero era un fraude, me pagan esa cornada y no había ni curitas”.

Destacó que luego de la cornada y ante la falta de sangre, la gente “buena onda, borrachos) hacía fila para donarle.

“La libre, pero como estaba muy malo el servicio médico, no supieron que hacer, nada más me taponearon y me mandaron para México, no me juntaron la arteria, estuve 14 horas sin circulación, me salvaron la vida, pero no me alivianaron bien, despierto en México y veo mi pierna hinchada, toda morada y fría, dijeron hay que volverte a operar “, dijo.

Debido al tiempo que duro sin circulación hicieron que músculos se murieran, pero con la intervención del doctor Romeo García Benavides salvó la pierna y venció la gangrena.

“Yo sabía que tenía que volver a torear para volverme a sentirme un hombre íntegro, como que pierdes una batalla y tienes que levantarte y ganarla, el aliciente para mí, para volver a caminar y sentirme un hombre sin traumas, sin complejos, sin miedos era poder volver a torear en una ocasión y fue lo que me motivo a luchar con la gangrena, a luchar contra mi rehabilitación”, destacó.

“Fueron un montón de problemas físicos y emocionales y mentales, depresión, rencor, frustración, de toro, estaba para morirme físicamente y ya no quería vivir, nunca pensé en suicidarme, pero si le decía a Dios, ya para que quiero seguir aquí”, expresó.

“Total la libre, le gane a la gangrena, me rehabilite, volví a caminar y nadie quería que volviera a torear, menos el doctor, yo mismo sabía que no iba a ser exitosa mi carrera, gracias a Dios venzo todos los problemas y estaba listo, ya nadie creía en mí, al año de mi cornada reaparecí en Mérida, donde cortó orejas, luego Tlaxcala, Monterrey y Aguascalientes”, indicó.

Su alternativa como matador de toros la tomó el 2 de septiembre de 1990, en Monterrey, Nuevo León, con toros de Manuel Macías, padrino Mariano Ramos y testigo Alejandro Silveti.

“Disciplinado) no ni madre, un día antes de torear me iba a buscar una novia, soy responsable, pero no soy disciplinado”, finalizó.

Fueron aproximadamente 62 corridas las que realizó en su primer año de haber tomado la alternativa. Fue primer lugar del escalafón por cinco años de 1991 al 95.

“El Glison” actualmente radica en Mérida, Yucatán y se dedica a impartir conferencias de superación personal.

Ciudad Juárez, Chihuahua.- “La peor lucha es la que no se hace”, ha sido la filosofía de Jorge de Jesús “El Glison”, matador retirado que se ha debatido entre la vida y la muerte por su esencia de arrojo y valentía ante los animales, además su espíritu aventurero lo llevó a conocer diferentes partes del mundo.

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Payaso de rodeo, jinete, charro, novillero, torero, domador, empresario, poeta, columnista, además de jugador de futbol americano, ingeniero y conferencista de superación personal, han sido algunas de las actividades que ha desarrollado “El Glison”.

El matador visitó las instalaciones de Periódico El Mexicano, donde compartió cómo fue su travesía hasta llegar a convertirse en novillero y posteriormente en matador de toros, que le dio grandes satisfacciones, pero también lo pusieron al borde de la muerte.

En su palmarés tiene el récord de la mayor cantidad de novilladas, con más de doscientas y cuatrocientas orejas cortadas.

Sufrió 39 cornadas tanto en su trayectoria como novillero y como matador de toros y tiene 18 fracturas; consiguió vencer la gangrena después de una grave cornada en la plaza de Tlaxcala, el 7 de noviembre de 1987.

Desde niño convivió con los animales y le nació el amor por ellos, especialmente por los caballos, mencionó que su madre le decía que primero dijo “callo” de caballo, que decir mamá.

De inicio mucha gente dice que estoy loco, a la gente que en ocasiones se le dice que está loca es quienes se salen de los parámetros normales, quienes buscan un camino diferente o simplemente sueñan y buscan lograr su sueño, yo creo que soy de ese tipo de locos, si se puede poner ese calificativo a la gente que no acepta que le coarten la libertad expresó El Glison.

“La vida me ha llevado por muchos rumbos, algo que tengo muy claro es mi amor por los caballos, desde muy chiquito, mi mamá dice, quien sabe si sea cierto, que era tanto mi amor por caballos que yo dije callo, antes de decir mamá, no creo, ese amor me llevó a montar y mi papá compró una granja”, añadió.

Jorge de Jesús “El Glison”, es originario de Saltillo, Coahuila, nació en 1960 y de pequeño se lo llevaron a vivir a la Ciudad de México y su papá compró una granja en Morelos.

Ahí yo tuve la oportunidad de convivir con los animales, tenía mi caballito, criábamos puercos, pollos y yo empecé a tener una relación muy importante con los gallos de pelea, de muy niño y me regalaban gallos heridos, que en la pelea habían salido tuertos o cojos y yo los curaba, para mí fue un ejemplo muy importante en cuanto a que el gallo de pelea para mí, como el toro bravo, son animales que no se rinden

“Que aún y cuando son heridos y sienten dolor, no se convierte en sufrimiento, el dolor lo puedes inhibir, superar, para mí el sufrimiento ya es de alguien que perdió la batalla”, mencionó.

A los 17 años, al concluir sus estudios de preparatoria, se fue a la aventura de “aventón” con destino a Alaska, pasando por Ciudad Juárez por donde cruzó a Estados Unidos, con la mentalidad de pescar salmón.

De su viaje a Alaska regresó para entrar a la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, de donde es egresado y a la mitad de su carrera le dieron ganas de viajar, con el sueño de darle vuelta al mundo.

Con una mochila y una tienda de campaña viajó también a Nueva York (1982, cuando tenía 21 años), Bruselas, Bélgica, Israel, Pakistán, India, Malasia, Tailandia; “Literal le di la vuelta al mundo en un año”.

Para costear su viaje vendía en Europa joyería de plata de Taxco, anillos, pulseras y collares, hasta diez veces de su valor. Trabajó también en un campamento de elefantes en la India, paseando turistas. Lo que consideró un viaje educativo que le forjó carácter y disciplina. Hablaba inglés, que aprendió en Alaska, además aprendió francés y alemán.

Fue jugador de futbol americano con los Buitres de la Narro, donde fue campeón por tres años consecutivos, a la par era charro y jinete de rodeo.

“En un rodeo cuando estaba faroleando como le dicen en Saltillo, como echando rostro, a veces salían toros bravos, que embestían y salió uno de esos toros, yo por una razón me quedé hipnotizado cuando vi que el toro venía, de 800 kilos como un tren, me quedé enamorado de esa embestida y ya estaba para arrollarme, pero como en el futbol americano era corredor, sabía hacer quiebres y esperé, Dios me iluminó, hice un movimiento y el toro me pasó por un ladito, ufff, me enamoré de esa sensación”, recordó.

De 714 kilogramos fue el toro de mayor peso que llegó a lidiar el matador coahuilense “El Glison”.

“Ya después busca si salía un toro bravillo para jugar con él, hasta que me hice profesional, me empezaron a pagar dinero, como payaso de rodeo me ganaba una lana, mil pesos, a finales de los setentas, cuando tenía 18 años.

Se volvió empresario de rodeo y llevó sus eventos a Jalisco, San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato, con competencias mexicanos y estadounidenses.

En su viaje a los 21 años fue a Pamplona a correr con los toros, cuando era jinete y charro pero no taurino.

Como mucha gente que desconoce la fiesta brava, yo la veía en la televisión y se me hacía hasta mala onda, decía ese toro está menso, nada más corretea el trapo rojo, no sabía nada, qué fácil está torear, nada más un toro como perrito, veía que se metía un montón de gente y lo banderilleaban, lo picaban, lógicamente cuando no estás informado desconoces y no puedes tener un juicio válido

Su primera corrida fue en Pamplona, donde la gente a su alrededor le explicaba sobre la fiesta brava.

“Llevaba una banderita de México, una manera de identificarte y cuando estaba en la corrida, me dicen ese es tu paisano mexicano, era el matador Jorge Gutiérrez, toreó muy bien, cortó una oreja y le pegaron una pequeña cornada, como había cortado una oreja lo cargaron en hombros y yo me había echado 3, 4 botellas de vino, dije también me bajo (sonrió), dicen en la historia taurina que yo cargué en hombros a Jorge Gutiérrez, pero yo no lo cargué, ya lo traían cargando”, recordó.

“Iba en la bola y entonces le pasé mi bandera, entonces Jorge la traía en la mano y dimos una vuelta al ruedo, a todo dar y tuve mi primer problema con el ambiente taurino porque ya se quería robar mi bandera, ya se la quería llevar, oye mi bandera, de recuerdo, no manches la necesito para pegarla en mi mochila, hasta que la soltó”, añadió.

Se enamoró de la fiesta brava

A los 24 años de edad, El Glison manifestó su interés por convertirse en un matador de toros, enamorado del romanticismo y del heroísmo taurino y con la admiración a los primeros toreros.

“Dije ahora voy a ser torero, era mi sueño, cuando terminé la universidad, hice mi tesis, empecé a buscar y fui con una peña taurina, les dije que quería ser torero y se rieron de mí, estás loco, si estás bien viejo, me dijeron el toreo es de babas no de barbas, yo tenía 24 años”, expresó.

“Me intentaron decepcionar y sin embargo no me rendí y continúe con mi búsqueda, más difícil ya me había casado, había conocido una mujer muy guapa, que fue señorita Coahuila 1984, nos enamoramos, gracias a Dios me ha bendecido con mujeres, tengo muchas cornadas y muchas recompensas”, añadió.

El Glison destacó que nadie creía en él, cuando manifestó sus deseos por ser matador de toros a su familia, ni su apoderado.

“Dije tengo que hacer algo diferente para llamar la atención, porque había muchos novilleros valientes y buenos, yo dije ya estoy viejo, no tengo lana, no se torear, todo en contra, en libros que había leído de la tauromaquia, había visto que había unas suertes antiguas donde saltaban desde una silla a los toros y ponían banderillas cortitas, dije voy a hacer eso, porque en los rodeos yo saltaba a los toros”, explicó.

La primera vez que toreo fusionó un rodeo con participación, con un novillo, en ciudad Acuña, Coahuila.

“Que lo hago y exitazo, la gente loca, no pegue ni un muletazo, ni uno (sonrió), gracias a Dios el rodeo lleno, gane mucha lana, no sabía torear nada, lo salte, le puse banderillas, la gente feliz, con los madrazos, le metí la espada como pude y todavía el juez me dio las orejas (sonrió) me emocionó”, mencionó.

Después organizó una novillada, donde tuvo tres alternantes; vestido de luces en las taquillas cobraba

Empezó a torear a finales de 1985; su primera novillada fue el 13 de octubre de 1985, en Saltillo, Coahuila.

A los periodistas taurinos les caía muy mal, decían está rompiendo las reglas, me acuerdo que sacaban las planas enteras, el Glison payaso, cirquero, está loco, pero atacándome, la gente decía hay que ir a ver al loco, me hacían un favor

Acudió a las instalaciones del ESTO, donde buscó al periodista Don Francisco Lazo y con su televisión y videocasetera le mostró sus videos y causó expectación. “El Glison no está loco, ni es un payaso ni un cirquero, lo que él hace esta en los canones de la tauromaquia”, fue la nota que le publicó el ESTO.

Pepe Alameda le ofreció su apoyo en su actividad como novillero; lo invitó a su primera tienta (método de selección).

Después de realizar seis novilladas, con 3, 4 meses de haber empezado como novillero, fue invitado a un festejo en la Plaza México.

Era como echarme a los leones, sin saber torear, nunca había toreado en alguna plaza importante, fue como una corrida de toros, mi novillo de presentación ahí el Plaza México se llamaba Piel Roja y 470 kilos, aparte bien armado, fueron novillos de la Trasquila, debuté con Alberto Galindo `El Geno` y Rafael González, ambos de Monterrey

Resaltó “habitualmente no voy a los sorteos, porque una noche antes me iba de fiesta a encontrar muchachas (sonrió), no me emborrachaba mucho si andaba buscando novia, es muy buena terapia”.

En los corrales había cinco toros negros y un castaño con unos cuernotes, complicado, que fue el que le toco.

“Salgo con mi silla, toda la gente gritando, con la expectativa de ver que iba a hacer yo y siempre divido opiniones, desde que partí plaza la mitad me raya la madre, payaso, cirquero, mala onda y la otra mitad, bien, para adelante, yo quiero saltar el toro pero como era malo se iba de lado, no lo podía saltar, no funcionaba la cosa, para torear hay un ayudado, como una espada pero de un material más liviano, pero resistente, yo y la gente que me acompañaba éramos tan ignorantes, como un amigo era cortinero me hizo un ayudado de ese material, bien débil”, recordó.

“No había estado bien y la gente me estaba abucheando, me voy a los medios para hacer el péndulo, yo con mi ayudado mal hecho, cuando le quise hacer el cambio, el novillo se regresó y me dio un madrazo, me pegó una cornada fuerte y grande, ya cornado voy otra vez a los medios parta pegarle el péndulo, otra vez para arriba, otro madrazo, me levante y le pegó un muletazo, la gente hizo wow, ya le meto la espada, pero no cae y al final descabelle con la puntilla”, añadió.

El Glison dijo tener doce hijos con siete mujeres y una de sus hijas es de aquí de Ciudad Juárez, María Fernanda y su mamá Arminda.

“Si alguien lee de la familia, les mando saludos y las quiero mucho, me siento muy orgulloso de ellas y de tener aquí descendencia de Juárez”, dijo.

Récord en novilladas y luego una cornada con la que estuvo a punto de morir

El Glison dijo tener el récord de la carrera como novillero más fructífera en México, con más de 200 y con más orejas, como 400, en dos etapas de año y medio cada una.

Sufrió una grave cornada en la plaza de Tlaxcala, Jorge Ranchero Aguilar, el 7 de noviembre de 1987.

“En un par de banderillas en la silla, a veces las banderillas las hacían de un material muy chafa, se doblaban, intente con el novillo Golfo de la ganadería Tepeyahualco fracción de Haro, el toro me pega, al estarle poniendo la banderilla el toro me estaba metiendo el cuerno y me hecho para arriba, tengo 39 cornadas y 18 fracturas, me metió el cuerno, me hecho para arriba, no me soltó y me arrastro como 3, 4 metros y me levanto”, relató.

“La cornada fue de arriba de la rodilla hasta aquí (ingle), el pedo fue que en el camino se rompió la femoral, la arteria femoral y músculos, para morirme, pero además paso algo terrible porque el jefe de los servicios médicos (Javier Campos) y tenía un quirófano móvil, pero era un fraude, me pagan esa cornada y no había ni curitas”.

Destacó que luego de la cornada y ante la falta de sangre, la gente “buena onda, borrachos) hacía fila para donarle.

“La libre, pero como estaba muy malo el servicio médico, no supieron que hacer, nada más me taponearon y me mandaron para México, no me juntaron la arteria, estuve 14 horas sin circulación, me salvaron la vida, pero no me alivianaron bien, despierto en México y veo mi pierna hinchada, toda morada y fría, dijeron hay que volverte a operar “, dijo.

Debido al tiempo que duro sin circulación hicieron que músculos se murieran, pero con la intervención del doctor Romeo García Benavides salvó la pierna y venció la gangrena.

“Yo sabía que tenía que volver a torear para volverme a sentirme un hombre íntegro, como que pierdes una batalla y tienes que levantarte y ganarla, el aliciente para mí, para volver a caminar y sentirme un hombre sin traumas, sin complejos, sin miedos era poder volver a torear en una ocasión y fue lo que me motivo a luchar con la gangrena, a luchar contra mi rehabilitación”, destacó.

“Fueron un montón de problemas físicos y emocionales y mentales, depresión, rencor, frustración, de toro, estaba para morirme físicamente y ya no quería vivir, nunca pensé en suicidarme, pero si le decía a Dios, ya para que quiero seguir aquí”, expresó.

“Total la libre, le gane a la gangrena, me rehabilite, volví a caminar y nadie quería que volviera a torear, menos el doctor, yo mismo sabía que no iba a ser exitosa mi carrera, gracias a Dios venzo todos los problemas y estaba listo, ya nadie creía en mí, al año de mi cornada reaparecí en Mérida, donde cortó orejas, luego Tlaxcala, Monterrey y Aguascalientes”, indicó.

Su alternativa como matador de toros la tomó el 2 de septiembre de 1990, en Monterrey, Nuevo León, con toros de Manuel Macías, padrino Mariano Ramos y testigo Alejandro Silveti.

“Disciplinado) no ni madre, un día antes de torear me iba a buscar una novia, soy responsable, pero no soy disciplinado”, finalizó.

Fueron aproximadamente 62 corridas las que realizó en su primer año de haber tomado la alternativa. Fue primer lugar del escalafón por cinco años de 1991 al 95.

“El Glison” actualmente radica en Mérida, Yucatán y se dedica a impartir conferencias de superación personal.

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