/ miércoles 28 de octubre de 2020

Creo en la justicia divina, también en la de los hombres: Mamá de Jessy

Padres de Jessy hablan, luego de conocer avances en la investigación del crimen

MEOQUI.- “Creo en Dios, en la justicia divina, pero también creo en la justicia de los hombres”, expresa aún con el dolor en el alma la señora Justina Zamarripa, madre de Jessica Silva, la mujer muerta acribillada junto con su esposo Jaime Torres por balas atribuidas a elementos de la Guardia Nacional el pasado 8 de septiembre, cuando regresaban de una manifestación en la zona de la presa La Boquilla.

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Ayer, luego de que la misma Guardia Nacional dio a conocer a través de las redes sociales que se habían liberado órdenes de aprehensión en contra 6 elementos de la institución y el presidente Andrés Manuel López Obrador tocara el tema en su conferencia mañanera, los papás de Jessica Silva respondieron a este acto.

Don José Luis Silva, sentado en la parte frontal de su pequeño rancho en Estación Consuelo, esbozó: “Al parecer se busca hacer justicia, pero ojalá sea cierto”.

Aparentemente tranquilo con el dolor cobijado en su interior y tratando de mostrar ánimo, don José Luis pide: “Me gustaría que el autor de ese crimen, quien dio la orden, también estuviera detenido, pero ese está libre”, expresa.

Doña Justina está en el interior de su casa auxiliando a un par de nietos, mientras su esposo José Luis con un buen ánimo recibe a los reporteros. “Ahí vienen otros”, expresa y refiere: “pásenle que no muerden”, al referirse a un par de perros criollos que custodian la entrada de su humilde rancho.

Don José Luis es el primero que accede a hablar con El Heraldo de Chihuahua y expresa: “queremos saber si los militares están presos, dónde están o si están en Chihuahua”.

Refiere que si pide o exige justicia es porque le duele. “Es mi hija -la víctima del crimen-, que se muestre que están detenidos los responsables”, exige.

En el rancho hay unas cuantas vacas y tres árboles de nogal, fruto muy apreciado por los agricultores. Don José Luis trae un puño de nuez de su arbusto más cercano e invita a comer algunas recién caídas del árbol.

Los campesinos son muy abiertos a dialogar, el reportero sabe que les duele en el alma tocar el tema, pero ellos están más que agradecidos con todos los periodistas que se han acercado a su casa, para que conozcan la realidad en que viven y el esfuerzo por sacar el alimento todos los días.

Reconocen tanto José Luis como Justina que si no se hubiera mediatizado el caso de Jessy, no habría respuesta de las autoridades.

Doña Justina, a quien todos conocen como “la Chata”, advierte que si no hubiera sido por los medios, su caso ya se hubiera archivado, como muchos crímenes que salen un día en la prensa, al otro día sale el funeral y luego se olvidan.

En su caso refiere que han venido periodistas de todo México, de Estados Unidos y hasta de Dinamarca.

“Yo sé que exigir justicia no me va a devolver a la vida mi Jessy, pero sí queremos justicia”, resalta doña Justina.

Señala que desde un principio ella siempre ha apelado a la justicia divina, “no me mataron a un perro ni a un gato, me mataron a mi hija”, dice sollozando mientras un par de lágrimas corren por sus mejillas.

Admite que el dolor por la muerte de Jessy sigue siendo tremendo y sólo el trabajo la distrae, todos los días ordeña a sus vacas, pues es su tarea cotidiana que hace dos veces al día, aunque muestra un dolor físico en una de sus rodillas.

Admite que a casi dos meses del crimen de Jessica Silva, aún no ha recibido ninguna vista de nadie. Ni del gobierno federal ni del estatal se ha acercado para brindarle ayuda o informarle de cómo va el caso del crimen de su hija.

“Yo no quiero que quede impune, yo sé que todos los agricultores, todo Meoqui y Delicias, que todo Chihuahua está de luto por el crimen de Jessica Estrella”, recuerda.

“Ella era una mujer de paz, emprendedora, se estaba capacitando como quiropráctica, le ayudaba a su esposo en las tareas del campo, pero le truncaron su vida”, revela “la Chata”.

“Yo sé que la vida de Jessy no me la van a regresar, pero que nos quede la satisfacción que se hizo justicia por mi hija”, expresa.

“Yo ya estoy vieja y ni modo, pero mis nietos se quedaron sin una madre, son niños”, resalta en las respuestas al reportero y vuelve a sollozar.

Se remite a los soldados que hirieron de muerte a Jessica Silva: “Que la piensen antes de hacer otra barbarie, quiero que se vaya esa gente de aquí, aquí no la necesitamos”.

Doña Justina dice que “en Chihuahua la gente es unida y de paz, no necesitamos a ninguna Guardia Nacional aquí”.

Al pedir justicia, insiste que no va a ganar nada, nadie le va a regresar viva a Jessica Estrella, pero advierte que no quiere que pase otra cosa igual, “que otros padres se queden sin sus hijos o que otros nietos se queden sin madre”.

“Queremos que no haya impunidad, creo en la justicia divina, pero también en la justicia de los hombres”, puntualiza.



MEOQUI.- “Creo en Dios, en la justicia divina, pero también creo en la justicia de los hombres”, expresa aún con el dolor en el alma la señora Justina Zamarripa, madre de Jessica Silva, la mujer muerta acribillada junto con su esposo Jaime Torres por balas atribuidas a elementos de la Guardia Nacional el pasado 8 de septiembre, cuando regresaban de una manifestación en la zona de la presa La Boquilla.

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Ayer, luego de que la misma Guardia Nacional dio a conocer a través de las redes sociales que se habían liberado órdenes de aprehensión en contra 6 elementos de la institución y el presidente Andrés Manuel López Obrador tocara el tema en su conferencia mañanera, los papás de Jessica Silva respondieron a este acto.

Don José Luis Silva, sentado en la parte frontal de su pequeño rancho en Estación Consuelo, esbozó: “Al parecer se busca hacer justicia, pero ojalá sea cierto”.

Aparentemente tranquilo con el dolor cobijado en su interior y tratando de mostrar ánimo, don José Luis pide: “Me gustaría que el autor de ese crimen, quien dio la orden, también estuviera detenido, pero ese está libre”, expresa.

Doña Justina está en el interior de su casa auxiliando a un par de nietos, mientras su esposo José Luis con un buen ánimo recibe a los reporteros. “Ahí vienen otros”, expresa y refiere: “pásenle que no muerden”, al referirse a un par de perros criollos que custodian la entrada de su humilde rancho.

Don José Luis es el primero que accede a hablar con El Heraldo de Chihuahua y expresa: “queremos saber si los militares están presos, dónde están o si están en Chihuahua”.

Refiere que si pide o exige justicia es porque le duele. “Es mi hija -la víctima del crimen-, que se muestre que están detenidos los responsables”, exige.

En el rancho hay unas cuantas vacas y tres árboles de nogal, fruto muy apreciado por los agricultores. Don José Luis trae un puño de nuez de su arbusto más cercano e invita a comer algunas recién caídas del árbol.

Los campesinos son muy abiertos a dialogar, el reportero sabe que les duele en el alma tocar el tema, pero ellos están más que agradecidos con todos los periodistas que se han acercado a su casa, para que conozcan la realidad en que viven y el esfuerzo por sacar el alimento todos los días.

Reconocen tanto José Luis como Justina que si no se hubiera mediatizado el caso de Jessy, no habría respuesta de las autoridades.

Doña Justina, a quien todos conocen como “la Chata”, advierte que si no hubiera sido por los medios, su caso ya se hubiera archivado, como muchos crímenes que salen un día en la prensa, al otro día sale el funeral y luego se olvidan.

En su caso refiere que han venido periodistas de todo México, de Estados Unidos y hasta de Dinamarca.

“Yo sé que exigir justicia no me va a devolver a la vida mi Jessy, pero sí queremos justicia”, resalta doña Justina.

Señala que desde un principio ella siempre ha apelado a la justicia divina, “no me mataron a un perro ni a un gato, me mataron a mi hija”, dice sollozando mientras un par de lágrimas corren por sus mejillas.

Admite que el dolor por la muerte de Jessy sigue siendo tremendo y sólo el trabajo la distrae, todos los días ordeña a sus vacas, pues es su tarea cotidiana que hace dos veces al día, aunque muestra un dolor físico en una de sus rodillas.

Admite que a casi dos meses del crimen de Jessica Silva, aún no ha recibido ninguna vista de nadie. Ni del gobierno federal ni del estatal se ha acercado para brindarle ayuda o informarle de cómo va el caso del crimen de su hija.

“Yo no quiero que quede impune, yo sé que todos los agricultores, todo Meoqui y Delicias, que todo Chihuahua está de luto por el crimen de Jessica Estrella”, recuerda.

“Ella era una mujer de paz, emprendedora, se estaba capacitando como quiropráctica, le ayudaba a su esposo en las tareas del campo, pero le truncaron su vida”, revela “la Chata”.

“Yo sé que la vida de Jessy no me la van a regresar, pero que nos quede la satisfacción que se hizo justicia por mi hija”, expresa.

“Yo ya estoy vieja y ni modo, pero mis nietos se quedaron sin una madre, son niños”, resalta en las respuestas al reportero y vuelve a sollozar.

Se remite a los soldados que hirieron de muerte a Jessica Silva: “Que la piensen antes de hacer otra barbarie, quiero que se vaya esa gente de aquí, aquí no la necesitamos”.

Doña Justina dice que “en Chihuahua la gente es unida y de paz, no necesitamos a ninguna Guardia Nacional aquí”.

Al pedir justicia, insiste que no va a ganar nada, nadie le va a regresar viva a Jessica Estrella, pero advierte que no quiere que pase otra cosa igual, “que otros padres se queden sin sus hijos o que otros nietos se queden sin madre”.

“Queremos que no haya impunidad, creo en la justicia divina, pero también en la justicia de los hombres”, puntualiza.



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