/ sábado 9 de marzo de 2024

El mal de todos los males

Sabemos que, en ningún país del mundo, se puede afirmar que exista equidad entre géneros, aun cuando en algunos, es menos evidente que en otros.

De acuerdo a Naciones Unidas; la violencia contra mujeres y niñas, sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos, más extendidas y generalizadas del mundo.

Recordemos, que la Asamblea General de la ONU en 1993, definió la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas y la privación arbitraria de la libertad; que se producen en la vida pública como en la vida privada.”

Se trata de una lacra que se ha intensificado en diferentes entornos, y en el caso de México y de acuerdo encuestas nacionales, desafortunadamente el 70.1 % de las mujeres han experimentado algún tipo de violencia en su vida, y el 39.9 % de esa violencia proviene de una pareja; sin contar con la discriminación, que además de ser injusta constituye una ofensa a la dignidad humana.

De tal forma, que miles de mujeres, luchan todos los días por sus derechos. Exigen un fin inmediato a la impunidad, insisten en la protección de sus derechos, pero también los derechos de las niñas; para vivir libres de violencia y discriminación.

Porque no podemos hablar de paz, progreso y desarrollo, sin igualdad; mucho menos hablar de prosperidad, sin hacernos la siguiente pregunta; ¿Cuántas veces por omisión e indiferencia, hemos sido cómplices de un maltrato y con ello, hemos permitido que la violencia contra las mujeres siga sucediendo?

Por tal motivo, es urgente construir un mundo más inclusivo, justo y próspero para las mujeres, y las niñas, dondequiera que estén.

Pero se requiere, un cambio cultural de la idiosincrasia del mexicano hacia la mujer; sabemos que no es fácil desterrar el “machismo”, tan arraigado en nuestro país; calificado como una actitud de prepotencia de los hombres, sobre las mujeres.

Además, es una verdadera vergüenza, que se siga tolerando.

Esto por supuesto que no es nada nuevo, lo cual nos hace recordar a una mujer destacada en la literatura, y me refiero a Virginia Woolf, cuando en 1895 con tan solo trece años, fue abusada por sus medios hermanos, George y Gerald Duckworth, quienes eran más grandes de edad. Virginia intentó denunciar el abuso; pero nadie le creyó.

Este hecho ocurrió a finales del S XIX, pero desafortunadamente hoy en día, aún hay quienes siguen prefiriendo culpar a las niñas de los "deslices" de sus abusadores, antes que ver a estos individuos supuestamente "respetables" con cara de inocencia y de doble moral, perder su prestigio.

Pese al abuso sufrido, y las consecuencias que le provocaron, Virginia Woolf tuvo la determinación de ser una de las escritoras más originales del siglo XX; quien en su obra "Un cuarto propio", publicada en 1929, analiza las relaciones de poder entre hombres y mujeres, además, describe el contraste que tiene la mujer en la sociedad, en el aspecto político, económico y social.

De esta forma el libro se convierte en un parte aguas por la reflexión y vitalidad, para la liberación femenina. Mencionaba que las mujeres han tenido menos libertad intelectual, porque tan solo se les ubica en el aspecto doméstico.

Sin embargo, nunca sabremos hasta qué punto aquel abuso, influyó en el trágico final de la escritora, quien tenía ya un largo tiempo deprimida, así que el 28 de marzo de 1941, cuando tenía 59 años, decidió arrojarse al río Ouse en Inglaterra, dejándose llevar por la corriente.

Después de tanto tiempo, la voz de Virginia Woolf, sigue vigente, esta viva y su denuncia, resuena con nuevas fuerzas.

Ella creía, que era necesario que cada vez hubiera más mujeres que escribieran, para dar nuevas formas de identidad femenina y romper con los estereotipos que estigmatizan y discriminan a la mujer.

Porque más allá del discurso, es necesario que los derechos humanos de las mujeres se conviertan en una realidad, y que estas garantías sean actuales y vigentes.

Este es un llamado a la comunidad e instancias gubernamentales, para llevar a cabo políticas de promoción efectivas, para erradicar los agravios hacia las mujeres; al mismo tiempo es una propuesta de colaboración y cooperación, no de discriminación o dominación; para lograr un modelo nuevo de sociedad no excluyente, sino inclusiva.

Virginia Woolf mencionaba que “No hay cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”





Sabemos que, en ningún país del mundo, se puede afirmar que exista equidad entre géneros, aun cuando en algunos, es menos evidente que en otros.

De acuerdo a Naciones Unidas; la violencia contra mujeres y niñas, sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos, más extendidas y generalizadas del mundo.

Recordemos, que la Asamblea General de la ONU en 1993, definió la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas y la privación arbitraria de la libertad; que se producen en la vida pública como en la vida privada.”

Se trata de una lacra que se ha intensificado en diferentes entornos, y en el caso de México y de acuerdo encuestas nacionales, desafortunadamente el 70.1 % de las mujeres han experimentado algún tipo de violencia en su vida, y el 39.9 % de esa violencia proviene de una pareja; sin contar con la discriminación, que además de ser injusta constituye una ofensa a la dignidad humana.

De tal forma, que miles de mujeres, luchan todos los días por sus derechos. Exigen un fin inmediato a la impunidad, insisten en la protección de sus derechos, pero también los derechos de las niñas; para vivir libres de violencia y discriminación.

Porque no podemos hablar de paz, progreso y desarrollo, sin igualdad; mucho menos hablar de prosperidad, sin hacernos la siguiente pregunta; ¿Cuántas veces por omisión e indiferencia, hemos sido cómplices de un maltrato y con ello, hemos permitido que la violencia contra las mujeres siga sucediendo?

Por tal motivo, es urgente construir un mundo más inclusivo, justo y próspero para las mujeres, y las niñas, dondequiera que estén.

Pero se requiere, un cambio cultural de la idiosincrasia del mexicano hacia la mujer; sabemos que no es fácil desterrar el “machismo”, tan arraigado en nuestro país; calificado como una actitud de prepotencia de los hombres, sobre las mujeres.

Además, es una verdadera vergüenza, que se siga tolerando.

Esto por supuesto que no es nada nuevo, lo cual nos hace recordar a una mujer destacada en la literatura, y me refiero a Virginia Woolf, cuando en 1895 con tan solo trece años, fue abusada por sus medios hermanos, George y Gerald Duckworth, quienes eran más grandes de edad. Virginia intentó denunciar el abuso; pero nadie le creyó.

Este hecho ocurrió a finales del S XIX, pero desafortunadamente hoy en día, aún hay quienes siguen prefiriendo culpar a las niñas de los "deslices" de sus abusadores, antes que ver a estos individuos supuestamente "respetables" con cara de inocencia y de doble moral, perder su prestigio.

Pese al abuso sufrido, y las consecuencias que le provocaron, Virginia Woolf tuvo la determinación de ser una de las escritoras más originales del siglo XX; quien en su obra "Un cuarto propio", publicada en 1929, analiza las relaciones de poder entre hombres y mujeres, además, describe el contraste que tiene la mujer en la sociedad, en el aspecto político, económico y social.

De esta forma el libro se convierte en un parte aguas por la reflexión y vitalidad, para la liberación femenina. Mencionaba que las mujeres han tenido menos libertad intelectual, porque tan solo se les ubica en el aspecto doméstico.

Sin embargo, nunca sabremos hasta qué punto aquel abuso, influyó en el trágico final de la escritora, quien tenía ya un largo tiempo deprimida, así que el 28 de marzo de 1941, cuando tenía 59 años, decidió arrojarse al río Ouse en Inglaterra, dejándose llevar por la corriente.

Después de tanto tiempo, la voz de Virginia Woolf, sigue vigente, esta viva y su denuncia, resuena con nuevas fuerzas.

Ella creía, que era necesario que cada vez hubiera más mujeres que escribieran, para dar nuevas formas de identidad femenina y romper con los estereotipos que estigmatizan y discriminan a la mujer.

Porque más allá del discurso, es necesario que los derechos humanos de las mujeres se conviertan en una realidad, y que estas garantías sean actuales y vigentes.

Este es un llamado a la comunidad e instancias gubernamentales, para llevar a cabo políticas de promoción efectivas, para erradicar los agravios hacia las mujeres; al mismo tiempo es una propuesta de colaboración y cooperación, no de discriminación o dominación; para lograr un modelo nuevo de sociedad no excluyente, sino inclusiva.

Virginia Woolf mencionaba que “No hay cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”





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