/ sábado 30 de diciembre de 2023

Las quimeras del año nuevo

“La realidad no es real; es un sueño otorgado”

Estamos a punto de terminar un ciclo más, alrededor del sol y como siempre comienzan a surgir una larga lista de propósitos, como: un cambio de conducta, los compromisos en familia, los juramentos de amor, así como mejorar en el trabajo y muchos otros más.

Curiosamente, es una tradición que estos propósitos surjan al inicio de un año nuevo, y pasados un par de meses, estos mismos no se llegan a cumplir.

Sucede que a veces olvidamos, que los humanos tenemos costumbres, hábitos y manías; que es difícil cambiar, para cumplir los propósitos de año nuevo.

Algunos especialistas refieren que, para cumplir aquella retahíla de propósitos, lo que necesitamos es algo que se llama “disciplina”.

De tal forma que la algarabía de recibir el Año Nuevo, debiera ser un proceso de cambio, en el que se produce la conversión de los valores, que fortalecen a todas las culturas a través de la <disciplina>

Cuando se logra tener disciplina, tendremos por añadidura; autenticidad, veracidad, reconocimiento de las propias fallas, aceptación de la vulnerabilidad, transparencia, y la confianza de otras personas; solo así, podríamos cumplir algunos de los propósitos y promesas establecidas.

El asunto es que, si no se logra la disciplina, difícilmente se verán realizados los propósitos de año nuevo y entonces surgirá aquella <quimera>, que nadie quiere ver en el imaginario colectivo, la cual se refleja en el espejo; un monstruo híbrido una criatura con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Criatura mitológica que representa todas las realidades imposibles, además que ser fruto del “capricho de los dioses” y que en el mundo moderno del S XXI, se puede traducir como […aquello que se propone el ser humano en la imaginación; pero que solo en sueños lo ve como posible o verdadero…] y que, al despertar, se tiene la sensación de frustración.

Así que el individuo en sus sueños, busca respuestas a las hadas o seres supremos, precisamente en las vísperas de un mañana próximo, para celebrar y recibir el año nuevo.

Porque, aunque las diademas nos coronen de luces, somos testigos de que allá afuera, existe tanta indiferencia y una sordera infinita a tantos problemas, carencias y una verdadera ausencia de justicia en la sociedad.

Esto nos coinvierte en individuos extraviados, con voces que lentamente se apagan, frente a espectros fantasmales de un lastre del pasado, con la ilusión de un cambio en el mañana.

Sin duda el invierno, es bienvenido con todas sus bondades; esto nos hace recordar, que todo ser humano tiene sentimientos, una familia de origen y la propia que ha formado, a través del valor primigenio; que es el amor, que vincula a las familias.

Y por supuesto que se vale soñar,

¿Por qué, no ha de hacerse realidad un sueño anhelado?

Es más grande la voluntad de “vivir” en paz, frente al caos, la desgracia y la desventura, que están afectando a tantos seres humanos en otras regiones del planeta.

Celebrar el año nuevo, es tener una mirada en el espejo, que nos puede revelar como crecemos, y nos lleva a observar, lo que hemos logrado; pero también de tener una visión por lo que viene.

De traernos lo mejor del pasado, para fincar el presente y hacer un proyecto de vida; de crecer en todos los sentidos con sueños y esperanzas.

Basta con abrir los ojos, agradecer lo recibido y lo que somos; de volver a usar nuestras capacidades, para ser mejores y más competitivos, en lo que nos corresponde.

Recobrar la fuerza interior y de la manera más inteligente, hacer frente a las dificultades, de actuar con honestidad y voluntad día a día, para seguir proyectando nuestras vidas hacia el mañana.

Es el momento de fortalecernos y vencer con responsabilidad y madurez la quimera que nos amenaza día a día.

Porque sin duda, en el año nuevo se involucra un movimiento astronómico, que nos prepara mentalmente para poder asomarse, ante los milagros, que no dejan de suceder.

Belleza que ilumina las pupilas, entre la música de los atardeceres, momentos de alegría que no dejamos de recordar, imaginar y soñar mientras tengamos memoria, porque la vida es un regalo, la primera obra de arte conocida en esta conciencia.

Partitura celestial, entre palacios o un techo de paja; donde surge la emoción de otorgar y recibir un abrazo; y ver realizados nuestros anhelos y esperanzas. Pero también de actuar con civilidad y generosidad, valores que tal vez hemos olvidado.


¿Será cierto?

“La realidad no es real; es un sueño otorgado”

Estamos a punto de terminar un ciclo más, alrededor del sol y como siempre comienzan a surgir una larga lista de propósitos, como: un cambio de conducta, los compromisos en familia, los juramentos de amor, así como mejorar en el trabajo y muchos otros más.

Curiosamente, es una tradición que estos propósitos surjan al inicio de un año nuevo, y pasados un par de meses, estos mismos no se llegan a cumplir.

Sucede que a veces olvidamos, que los humanos tenemos costumbres, hábitos y manías; que es difícil cambiar, para cumplir los propósitos de año nuevo.

Algunos especialistas refieren que, para cumplir aquella retahíla de propósitos, lo que necesitamos es algo que se llama “disciplina”.

De tal forma que la algarabía de recibir el Año Nuevo, debiera ser un proceso de cambio, en el que se produce la conversión de los valores, que fortalecen a todas las culturas a través de la <disciplina>

Cuando se logra tener disciplina, tendremos por añadidura; autenticidad, veracidad, reconocimiento de las propias fallas, aceptación de la vulnerabilidad, transparencia, y la confianza de otras personas; solo así, podríamos cumplir algunos de los propósitos y promesas establecidas.

El asunto es que, si no se logra la disciplina, difícilmente se verán realizados los propósitos de año nuevo y entonces surgirá aquella <quimera>, que nadie quiere ver en el imaginario colectivo, la cual se refleja en el espejo; un monstruo híbrido una criatura con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Criatura mitológica que representa todas las realidades imposibles, además que ser fruto del “capricho de los dioses” y que en el mundo moderno del S XXI, se puede traducir como […aquello que se propone el ser humano en la imaginación; pero que solo en sueños lo ve como posible o verdadero…] y que, al despertar, se tiene la sensación de frustración.

Así que el individuo en sus sueños, busca respuestas a las hadas o seres supremos, precisamente en las vísperas de un mañana próximo, para celebrar y recibir el año nuevo.

Porque, aunque las diademas nos coronen de luces, somos testigos de que allá afuera, existe tanta indiferencia y una sordera infinita a tantos problemas, carencias y una verdadera ausencia de justicia en la sociedad.

Esto nos coinvierte en individuos extraviados, con voces que lentamente se apagan, frente a espectros fantasmales de un lastre del pasado, con la ilusión de un cambio en el mañana.

Sin duda el invierno, es bienvenido con todas sus bondades; esto nos hace recordar, que todo ser humano tiene sentimientos, una familia de origen y la propia que ha formado, a través del valor primigenio; que es el amor, que vincula a las familias.

Y por supuesto que se vale soñar,

¿Por qué, no ha de hacerse realidad un sueño anhelado?

Es más grande la voluntad de “vivir” en paz, frente al caos, la desgracia y la desventura, que están afectando a tantos seres humanos en otras regiones del planeta.

Celebrar el año nuevo, es tener una mirada en el espejo, que nos puede revelar como crecemos, y nos lleva a observar, lo que hemos logrado; pero también de tener una visión por lo que viene.

De traernos lo mejor del pasado, para fincar el presente y hacer un proyecto de vida; de crecer en todos los sentidos con sueños y esperanzas.

Basta con abrir los ojos, agradecer lo recibido y lo que somos; de volver a usar nuestras capacidades, para ser mejores y más competitivos, en lo que nos corresponde.

Recobrar la fuerza interior y de la manera más inteligente, hacer frente a las dificultades, de actuar con honestidad y voluntad día a día, para seguir proyectando nuestras vidas hacia el mañana.

Es el momento de fortalecernos y vencer con responsabilidad y madurez la quimera que nos amenaza día a día.

Porque sin duda, en el año nuevo se involucra un movimiento astronómico, que nos prepara mentalmente para poder asomarse, ante los milagros, que no dejan de suceder.

Belleza que ilumina las pupilas, entre la música de los atardeceres, momentos de alegría que no dejamos de recordar, imaginar y soñar mientras tengamos memoria, porque la vida es un regalo, la primera obra de arte conocida en esta conciencia.

Partitura celestial, entre palacios o un techo de paja; donde surge la emoción de otorgar y recibir un abrazo; y ver realizados nuestros anhelos y esperanzas. Pero también de actuar con civilidad y generosidad, valores que tal vez hemos olvidado.


¿Será cierto?

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