/ viernes 22 de mayo de 2020

Y hablando de…

Tristeza

¡Qué tristeza! Déjeme le comento que acostumbro a salir temprano de la casa, aun a oscuras, para dar una vuelta con la perra, a esa hora difícilmente encontramos personas en la calle, así que el riesgo de contacto, y por lo tanto trasmisión de virus es muy reducido. A mediados de abril noté un decremento considerable en el tráfico vehicular, en los últimos días eso ha cambiado: se nota un tráfico considerable en las avenidas. Le soy franco, no salgo a otras horas del día, pero imagino que, si de madrugada ya hay movimiento, así ha de mantenerse el resto del día.

Desde el doce de mayo pasado que el presidente anunció que entraríamos a una “nueva normalidad” parece que nos hubieran dicho “arranquen”, y a muchos les está valiendo esto del confinamiento.

Mire, se nos dijo que el pico más alto de contagios se daría en entre el ocho y el once de mayo, esto no es así. De hecho, según la información oficial, el ocho de mayo se registraron 1,906 nuevos contagios, y el día once hubo un descenso a 1,305 casos; quizá esto nos hizo pensar que ya estábamos “domando la pandemia” y la “curva se aplanaba.” Sin embargo, el día siguiente se reportaron casi dos mil nuevos casos, el día catorce se estableció un nuevo máximo de nuevos casos con 2,414, y desde ese día el reporte diario no baja de los dos mil, llegando a su máximo de 2,713 el pasado martes.

En este sentido, se debe decir con claridad que nuestro país ha tenido un manejo de la crisis muy por debajo del que muestran otros países latinoamericanos con los que podemos compararnos. Tal vez recuerde las imágenes de Ecuador a principios de abril que mostraban cadáveres apilados en bolsas de plástico (que luego un diario local sin escrúpulos utilizó en un intento de causar pánico en nuestra ciudad); a día de hoy México rebaza a ese país en más de veinte mil casos confirmados. De hecho, de toda Latinoamérica sólo Brasil muestra más casos que los nuestros, aunque su tendencia no es tan vertical como la de nuestro país. Argentina, Chile y Colombia, también muestran gráficas mucho más estables.

A la par, cada vez son más cotidianos los reportes en los medios de comunicación sobre la actividad que se presenta en las calles de distintas ciudades. De tantas cosas que circulan por las redes sociales, me llegó un video de alguien que dice ser médico general, sin especificar dónde atiende, y comenta que cuando les hace a sus pacientes observaciones sobre los cuidados que deben tener para evitar contagiarse de Covid – 19, no pocos le contestan incrédulos, aduciendo que todo eso es mentira, un invento del gobierno para mantenernos encerrados, y varias sandeces más. Así no la vamos a hacer.

También me tocó leer el reclamo que en tono de broma hizo una persona pidiendo que se le tuviera paciencia, que esta es su primera pandemia y que estaba aprendiendo a comportarse. Lamentablemente no tenemos margen de error, tenemos que hacerlo bien a la primera y confiar que si lo hacemos no habrá necesidad de hacerlo otra vez. La vida y salud personal y de sus cercanos está en juego.

El importamadrismo de los mexicanos fue evidente al observar las largas filas al exterior de los comercios en espera de poder adquirir cerveza, ¡hagámonos el favor!

El desorden en nuestra comunidad llegó a tal grado que la semana pasada el presidente municipal anunció una serie de medidas para limitar la circulación de vehículos y personas, más parece que ni así se ha logrado controlar la vocación extramuros de los juarenses.

El manejo de la situación a nivel federal ha sido un tanto confuso: el día doce el presidente anunció que anunciarían la forma en que regresaríamos a la nueva normalidad; al día siguiente se emitió un acuerdo, que luego se retiró, para sacar otro al día siguiente, que fue modificado por otro al siguiente día. Se anunció que desde el día dieciocho un grupo de municipios en los que no se había detectado personas contagiadas y que no colindaban con otro municipio con registro de contagios, podrían volver a las actividades sociales, escolares y productivas; para ese mismo día descubrir que en la lista figuraban algunos que sí tenían reporte de personas contagiadas.

¿Qué hacer ante esta situación? Haga caso, tómesela en serio. La presencia del virus, su poder de contagio y sus efectos perjudiciales para la salud y la vida de las personas es real. Lo apremio de nueva cuenta para que se quede en casa, y para que se convierta en un promotor de la prudencia: quedarse en casa y salir sólo para lo estrictamente indispensable; cuando se sale hay que usar cubrebocas, evitar el contacto personal y guardar la distancia con quienes lo rodean. Da coraje ver a dos desconocidos formados en la fila del supermercado cada uno con su carrito, para luego encontrárselos adentro agarrados de la mano, beso y beso, echando las cosas en el mismo carro.

Otra de las cosas que me da mucha tristeza es el trato que algunas personas le están dando al personal médico y sanitario. Todas las personas que laboran en lo relacionado con el cuidado de la salud deben ser considerados héroes en este momento, sin embargo, no son pocos los reportes de discriminación y agresiones que se hacen en su contra por el simple hecho de pretender abordar el transporte público o ingresar a una tienda con su uniforme de trabajo. No se vale, no lo haga. Si usted guarda las medidas de prevención no tendrá problema con ellos. Si no puede ayudarles o reconocerles, al menos no los denoste.

Hay otra cosa que también me da mucha tristeza y es el aumento de violencia doméstica durante este período de reclusión. Esto evidencia que no sabemos estar en familia, que no hemos construido los lazos de comunicación y solidaridad entre nosotros. Pero hoy se me ha acabado el espacio, así que le voy a pedir otro al editor para este domingo y seguimos hablando de…

Tristeza

¡Qué tristeza! Déjeme le comento que acostumbro a salir temprano de la casa, aun a oscuras, para dar una vuelta con la perra, a esa hora difícilmente encontramos personas en la calle, así que el riesgo de contacto, y por lo tanto trasmisión de virus es muy reducido. A mediados de abril noté un decremento considerable en el tráfico vehicular, en los últimos días eso ha cambiado: se nota un tráfico considerable en las avenidas. Le soy franco, no salgo a otras horas del día, pero imagino que, si de madrugada ya hay movimiento, así ha de mantenerse el resto del día.

Desde el doce de mayo pasado que el presidente anunció que entraríamos a una “nueva normalidad” parece que nos hubieran dicho “arranquen”, y a muchos les está valiendo esto del confinamiento.

Mire, se nos dijo que el pico más alto de contagios se daría en entre el ocho y el once de mayo, esto no es así. De hecho, según la información oficial, el ocho de mayo se registraron 1,906 nuevos contagios, y el día once hubo un descenso a 1,305 casos; quizá esto nos hizo pensar que ya estábamos “domando la pandemia” y la “curva se aplanaba.” Sin embargo, el día siguiente se reportaron casi dos mil nuevos casos, el día catorce se estableció un nuevo máximo de nuevos casos con 2,414, y desde ese día el reporte diario no baja de los dos mil, llegando a su máximo de 2,713 el pasado martes.

En este sentido, se debe decir con claridad que nuestro país ha tenido un manejo de la crisis muy por debajo del que muestran otros países latinoamericanos con los que podemos compararnos. Tal vez recuerde las imágenes de Ecuador a principios de abril que mostraban cadáveres apilados en bolsas de plástico (que luego un diario local sin escrúpulos utilizó en un intento de causar pánico en nuestra ciudad); a día de hoy México rebaza a ese país en más de veinte mil casos confirmados. De hecho, de toda Latinoamérica sólo Brasil muestra más casos que los nuestros, aunque su tendencia no es tan vertical como la de nuestro país. Argentina, Chile y Colombia, también muestran gráficas mucho más estables.

A la par, cada vez son más cotidianos los reportes en los medios de comunicación sobre la actividad que se presenta en las calles de distintas ciudades. De tantas cosas que circulan por las redes sociales, me llegó un video de alguien que dice ser médico general, sin especificar dónde atiende, y comenta que cuando les hace a sus pacientes observaciones sobre los cuidados que deben tener para evitar contagiarse de Covid – 19, no pocos le contestan incrédulos, aduciendo que todo eso es mentira, un invento del gobierno para mantenernos encerrados, y varias sandeces más. Así no la vamos a hacer.

También me tocó leer el reclamo que en tono de broma hizo una persona pidiendo que se le tuviera paciencia, que esta es su primera pandemia y que estaba aprendiendo a comportarse. Lamentablemente no tenemos margen de error, tenemos que hacerlo bien a la primera y confiar que si lo hacemos no habrá necesidad de hacerlo otra vez. La vida y salud personal y de sus cercanos está en juego.

El importamadrismo de los mexicanos fue evidente al observar las largas filas al exterior de los comercios en espera de poder adquirir cerveza, ¡hagámonos el favor!

El desorden en nuestra comunidad llegó a tal grado que la semana pasada el presidente municipal anunció una serie de medidas para limitar la circulación de vehículos y personas, más parece que ni así se ha logrado controlar la vocación extramuros de los juarenses.

El manejo de la situación a nivel federal ha sido un tanto confuso: el día doce el presidente anunció que anunciarían la forma en que regresaríamos a la nueva normalidad; al día siguiente se emitió un acuerdo, que luego se retiró, para sacar otro al día siguiente, que fue modificado por otro al siguiente día. Se anunció que desde el día dieciocho un grupo de municipios en los que no se había detectado personas contagiadas y que no colindaban con otro municipio con registro de contagios, podrían volver a las actividades sociales, escolares y productivas; para ese mismo día descubrir que en la lista figuraban algunos que sí tenían reporte de personas contagiadas.

¿Qué hacer ante esta situación? Haga caso, tómesela en serio. La presencia del virus, su poder de contagio y sus efectos perjudiciales para la salud y la vida de las personas es real. Lo apremio de nueva cuenta para que se quede en casa, y para que se convierta en un promotor de la prudencia: quedarse en casa y salir sólo para lo estrictamente indispensable; cuando se sale hay que usar cubrebocas, evitar el contacto personal y guardar la distancia con quienes lo rodean. Da coraje ver a dos desconocidos formados en la fila del supermercado cada uno con su carrito, para luego encontrárselos adentro agarrados de la mano, beso y beso, echando las cosas en el mismo carro.

Otra de las cosas que me da mucha tristeza es el trato que algunas personas le están dando al personal médico y sanitario. Todas las personas que laboran en lo relacionado con el cuidado de la salud deben ser considerados héroes en este momento, sin embargo, no son pocos los reportes de discriminación y agresiones que se hacen en su contra por el simple hecho de pretender abordar el transporte público o ingresar a una tienda con su uniforme de trabajo. No se vale, no lo haga. Si usted guarda las medidas de prevención no tendrá problema con ellos. Si no puede ayudarles o reconocerles, al menos no los denoste.

Hay otra cosa que también me da mucha tristeza y es el aumento de violencia doméstica durante este período de reclusión. Esto evidencia que no sabemos estar en familia, que no hemos construido los lazos de comunicación y solidaridad entre nosotros. Pero hoy se me ha acabado el espacio, así que le voy a pedir otro al editor para este domingo y seguimos hablando de…

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