/ viernes 12 de febrero de 2021

Y hablando de…

LAS VACUNAS.

En el momento que esto escribo estoy revisando los datos publicados en https://covidvax.live/, una página publicada por Our world in data que diariamente actualiza con los datos de setenta y ocho países, y calcula cuanto tiempo le tomará a cada uno de ellos administrar al setenta por ciento de su población las dos dosis que lo protegerán del contagio del SARS – COV- 2, y prevenir el Covid 19.

Dos datos son fundamentales para determinar el desempeño de cada país, el primero es el total de la población al que hay que proporcionarle la vacuna; el segundo el número de personas vacunadas que se reporta diariamente.

Lo primero que llama la atención es el indicador de desempeño: la página considera que deben aplicarse dos dosis de la vacuna a cada persona, a diferencia de lo señalado por el subsecretario de salud Hugo López, quien, con el mismo desparpajo que ha menospreciado la recomendación del uso obligatorio de cubrebocas, recientemente señaló que la aplicación de la segunda dosis no es indispensable, y basado en su dicho, el gobierno federal decidió privar de la misma a un número no determinado de personas que se desempeñan en las áreas Covid, para suministrar una dosis de la vacuna a personal educativo en el estado de Campeche. Por cierto, la Organización Mundial de la Salud nuevamente ha corregido la plana al primer epidemiólogo del gobierno federal, e insiste en la necesidad de suministrar la doble dosis, y cumplir estrictamente con el espaciamiento entre ambas, a efecto de garantizar la protección a las personas.

Pero de eso ni le quería hablar. El caso es que, conforme la información que se contiene en la página que le refiero, al ritmo que se viene trabajando el gobierno federal, única instancia que actualmente reporta tener y proveer vacunas, la organización calcula que vacunar a los cerca de noventa millones de personas que equivalen al setenta por ciento del total de la población mexicana tomará la friolera de treinta y tres mil veintiocho días, es decir, se vendrá terminando el dieciocho de julio de dos mil ciento once.

Puse la letra en texto para que usted qué amablemente me lee no piense que se trata de un error guarístico. Al ritmo de trabajo del actual gobierno, vacunar a la población suficiente para lograr la llamada “inmunidad de rebaño”, y garantizar que la enfermedad no represente un riesgo de epidemia tomará noventa años.

Para tener un punto de comparación, la página calcula lograr el mismo objetivo en el vecino país del norte, que tiene más del doble de la población, tomará doscientos sesenta y ocho días, concluyendo el seis de noviembre de este mismo año.

Desde luego que los datos tienen sus asegunes, porque en el lapso de noventa años con toda seguridad fallecerán por las más diversas causas las primeras personas que recibieron la vacunación, nacerán un sinnúmero de personas, y así la fecha se irá postergando indefinidamente. En fin, los datos son interesantes, le invito a verificarlos en la página.

Todo esto se da en la penumbra informática en que nos mantiene el actual gobierno respecto a la situación de las vacunas. No se aclara si se compraron vacunas, o qué se compró; cuántas se compraron y a quién, cuánto costaron o costarán (porque no hay un rubro específico para ello en el presupuesto de egresos de este año, ni lo hubo en el anterior); cuándo van a llegar, y cuántas cada cuando; ni se ha difundido con precisión cuál es la estrategia de distribución y su calendario de aplicación. Huelga decir que la página en la que es necesario registrarse para recibir la vacuna presenta constantes fallas.

Se puede estar en contra o a favor de la actual administración federal y quien la encabeza, se puede coincidir ideológicamente o simpatizar con la personalidad y el estilo de liderazgo, pero lo que no se puede es jugar con la salud de las personas.

El derecho a la salud implica no solamente recibir la atención, y en este caso, la protección requerida, sino también, contar con la certeza que la misma está al alcance.

Es un hecho que la crisis de salud ha rebasado todos los cálculos de las autoridades federales, y que el avance de la epidemia superó su capacidad de respuesta. Hoy queda claro que el asunto de la vacuna fue tomado con el mismo desdén. Esto deja claro que las personas no son la prioridad de la acción de gobierno, el mensaje que nos mandan es “tú no me importas”.

Tratando de salir del atolladero, en semanas recientes el gobierno federal levantó la restricción para que los gobiernos de cada estado busquen y adquieran vacunas para su población, pero suena más como un trapo con el cual limpiarse que una verdadera solución. Porque a la par de la autorización se recortan los presupuestos a los estados, y se repite nuevamente el ciclo vicioso de asignar responsabilidades sin proporcionar los recursos para atenderlas. Parece que al gobierno federal lo único que le importa es tener a quién echarle la culpa.

Ahora imagine una sencilla consecuencia. Durante los últimos once meses la vida fronteriza se ve alterada por la restricción de cruce terrestre en sentido de sur a norte. ¿Cómo cree que serán las cosas en el futuro reciente? ¿Qué pasará en noviembre, y después, cuando Estados Unidos haya vacunado ya al setenta por ciento de su población y aquí no se lleve ni la décima parte de eso?

Tampoco lo sé, pero vamos viendo como se dan las cosas y lo platicamos en otra ocasión en que nos encontremos hablando de…


LAS VACUNAS.

En el momento que esto escribo estoy revisando los datos publicados en https://covidvax.live/, una página publicada por Our world in data que diariamente actualiza con los datos de setenta y ocho países, y calcula cuanto tiempo le tomará a cada uno de ellos administrar al setenta por ciento de su población las dos dosis que lo protegerán del contagio del SARS – COV- 2, y prevenir el Covid 19.

Dos datos son fundamentales para determinar el desempeño de cada país, el primero es el total de la población al que hay que proporcionarle la vacuna; el segundo el número de personas vacunadas que se reporta diariamente.

Lo primero que llama la atención es el indicador de desempeño: la página considera que deben aplicarse dos dosis de la vacuna a cada persona, a diferencia de lo señalado por el subsecretario de salud Hugo López, quien, con el mismo desparpajo que ha menospreciado la recomendación del uso obligatorio de cubrebocas, recientemente señaló que la aplicación de la segunda dosis no es indispensable, y basado en su dicho, el gobierno federal decidió privar de la misma a un número no determinado de personas que se desempeñan en las áreas Covid, para suministrar una dosis de la vacuna a personal educativo en el estado de Campeche. Por cierto, la Organización Mundial de la Salud nuevamente ha corregido la plana al primer epidemiólogo del gobierno federal, e insiste en la necesidad de suministrar la doble dosis, y cumplir estrictamente con el espaciamiento entre ambas, a efecto de garantizar la protección a las personas.

Pero de eso ni le quería hablar. El caso es que, conforme la información que se contiene en la página que le refiero, al ritmo que se viene trabajando el gobierno federal, única instancia que actualmente reporta tener y proveer vacunas, la organización calcula que vacunar a los cerca de noventa millones de personas que equivalen al setenta por ciento del total de la población mexicana tomará la friolera de treinta y tres mil veintiocho días, es decir, se vendrá terminando el dieciocho de julio de dos mil ciento once.

Puse la letra en texto para que usted qué amablemente me lee no piense que se trata de un error guarístico. Al ritmo de trabajo del actual gobierno, vacunar a la población suficiente para lograr la llamada “inmunidad de rebaño”, y garantizar que la enfermedad no represente un riesgo de epidemia tomará noventa años.

Para tener un punto de comparación, la página calcula lograr el mismo objetivo en el vecino país del norte, que tiene más del doble de la población, tomará doscientos sesenta y ocho días, concluyendo el seis de noviembre de este mismo año.

Desde luego que los datos tienen sus asegunes, porque en el lapso de noventa años con toda seguridad fallecerán por las más diversas causas las primeras personas que recibieron la vacunación, nacerán un sinnúmero de personas, y así la fecha se irá postergando indefinidamente. En fin, los datos son interesantes, le invito a verificarlos en la página.

Todo esto se da en la penumbra informática en que nos mantiene el actual gobierno respecto a la situación de las vacunas. No se aclara si se compraron vacunas, o qué se compró; cuántas se compraron y a quién, cuánto costaron o costarán (porque no hay un rubro específico para ello en el presupuesto de egresos de este año, ni lo hubo en el anterior); cuándo van a llegar, y cuántas cada cuando; ni se ha difundido con precisión cuál es la estrategia de distribución y su calendario de aplicación. Huelga decir que la página en la que es necesario registrarse para recibir la vacuna presenta constantes fallas.

Se puede estar en contra o a favor de la actual administración federal y quien la encabeza, se puede coincidir ideológicamente o simpatizar con la personalidad y el estilo de liderazgo, pero lo que no se puede es jugar con la salud de las personas.

El derecho a la salud implica no solamente recibir la atención, y en este caso, la protección requerida, sino también, contar con la certeza que la misma está al alcance.

Es un hecho que la crisis de salud ha rebasado todos los cálculos de las autoridades federales, y que el avance de la epidemia superó su capacidad de respuesta. Hoy queda claro que el asunto de la vacuna fue tomado con el mismo desdén. Esto deja claro que las personas no son la prioridad de la acción de gobierno, el mensaje que nos mandan es “tú no me importas”.

Tratando de salir del atolladero, en semanas recientes el gobierno federal levantó la restricción para que los gobiernos de cada estado busquen y adquieran vacunas para su población, pero suena más como un trapo con el cual limpiarse que una verdadera solución. Porque a la par de la autorización se recortan los presupuestos a los estados, y se repite nuevamente el ciclo vicioso de asignar responsabilidades sin proporcionar los recursos para atenderlas. Parece que al gobierno federal lo único que le importa es tener a quién echarle la culpa.

Ahora imagine una sencilla consecuencia. Durante los últimos once meses la vida fronteriza se ve alterada por la restricción de cruce terrestre en sentido de sur a norte. ¿Cómo cree que serán las cosas en el futuro reciente? ¿Qué pasará en noviembre, y después, cuando Estados Unidos haya vacunado ya al setenta por ciento de su población y aquí no se lleve ni la décima parte de eso?

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