/ viernes 16 de abril de 2021

Y hablando de…

El hambre y las promesas

En su libro “Homo Deus: breve historia del Mañana”, Yuval Noha Harari inicia proclamando la inminente victoria de la humanidad sobre los cuatro grandes males con los que se viene luchando desde el principio de los tiempos: el hambre, la guerra y la muerte.

En lo que se refiere al hambre da una serie de datos actualizados que confirman lo que he leído en algunos otros actores: nunca antes hubo en el mundo tal cantidad de satisfactores, y nunca como ahora hay están accesibles a una porción tan grande de la humanidad.

Ciertamente mucho nos falta para llegar a la verdadera universalidad, por diminuto que sea el porcentaje, seguirá indicándonos que miles, cientos de miles de personas, se van a la cama sin haber ingerido ningún alimento durante el día, y sin certeza de que al día siguiente vayan a comer.

Pocas cosas hay que puedan impactarnos más que la imagen de un infante con la piel pegada a los huesos y las moscas rondándole, desfallecido bajo en los brazos de su madre, incapaz de producir leche para amamantarle porque tampoco tiene alimento. Esa imagen convoca a la acción.

En otro interesante libro, “Hombre blanco busca negro pobre”, Gustau Nerín, describe la cantidad de iniciativas que año con año surgen para solucionar los problemas de comunidades en el continente africano, y la gran cantidad de recursos que se desperdician, se despilfarran y muchas veces se desvían, bajo esa altruista bandera.

Bueno, pero de eso no estaba hablando. La cosa es que hoy la humanidad en su conjunto padece más por el extremo contrario a la desnutrición que a causa de esta. Noha hace una comparativa que no puedo recordar, pero el número de personas que fallecen a causa de ingerir más calorías de las necesarias es muy superior al de aquellas que perecen por falta de alimento. Pongamos como ejemplo el caso de México.

En nuestro país fallecen cada año a causa de la desnutrición un poco más de ocho mil quinientas personas. En cambio, la ingesta desproporcionada y desequilibrada de calorías que culmina en sobrepeso y obesidad termina con la vida de alrededor de doscientas mil personas: ochenta mil de ellas a causa de la diabetes y sus complicaciones; cien mil más por enfermedades cardiovasculares. Como dijo el cura, ta´cab…

Pero la imagen descrita líneas arriba sigue siendo real, y aunque el número de niños que en el mundo mueren antes de cumplir cinco años ha disminuido en los últimos treinta años a menos de la mitad, (de 12.6 millones en 1990 a 5.4 millones en 2017), la desnutrición sigue siendo la causa de la mitad de esas muertes. Diario unos ocho mil niños mueren en el mundo por falta de alimentos y la consecuente debilidad para combatir las enfermedades infecciosas que los aquejan.

Esas cifras refuerzan la conmovedora imagen.

Por ello los políticos abrazan, o dicen abrazar, las causas de los “necesitados”: gana más votos tomarse la foto con una persona de edad avanzada de extremada delgadez (afortunadamente nuestro sistema legal ha limitado la utilización de la imagen de menores de edad en las campañas políticas), que tomarse una foto junto a un rollizo oficinista con los botones de la camisa a punto de saltar; aunque el problema del segundo es mucho más extendido, al grado de estar considerado ya como epidemia.

Es por ello también que algunos prefieren patrocinar una “protesta ciudadana”, y luego irrumpir en la misma luciendo pijamas, y literalmente “tirarse al piso”, en vez de reflexionar seriamente sobre lo que conviene a la ciudad.

Y vamos hablando claro, entiendo que hay una oposición legítima a las obras que se construyen para introducir el sistema de transporte por el centro del Blvd. Gómez Morín, pero creo que quien aspira a dirigir los destinos de esta ciudad debe por lo menos tener una visión general de la misma. Argumentar que el sistema de transporte no es necesario en ese tramo “porque aquí nadie llega en camión”, es ignorar las necesidades de cientos de personas que efectivamente sí utilizan, y actualmente padecen, el sistema de transporte para llegar al negocio donde trabajan y cuyos propietarios se oponen a la mejora. Es ignorar también a los miles de personas que viven más al oriente de la ciudad y que necesariamente atraviesan ese tramo del boulevard para llegar a sus destinos.

Reconozco también que los esfuerzos por sumar a los propietarios de negocios de ese sector tal vez no han sido suficientes y adecuados, que la construcción causa molestias temporales y altera la forma de convivir con la vialidad. Pero soy un convencido de que Juárez merece un sistema de transporte digno.

Entiendo también del enojo que genera la ejecución simultánea de tal cantidad de obras en nuestra ciudad, pero estoy seguro de que una vez puestas en operación se elevará el nivel de vida de los habitantes y la competitividad ascenderá, generando con ellos mayores oportunidades de desarrollo, comunitario y personal. La inversión sin precedentes que hoy estamos viendo debe ser la chispa que detone la espiral virtuosa y lleve a Juárez a ser la ciudad que sus habitantes merecen.

Sé también que en la ocasión pasada prometí ahondar en las impresionantes capacidades comunicativas del presidente de la república (si los proyectos que hoy están bajo el ataque constante de los opinólogos locales tuvieran un defensor con el diez por ciento de esa habilidad, otro gallo estaría cantando), pero qué quiere. Irma tiene razón, no puedo ver en la pantalla a una mujer en ropa de noche arrastrándose por el piso porque me distraigo. Sobre el presidente y sus virtudes regresamos en una próxima ocasión en que nos encontremos hablando de…

El hambre y las promesas

En su libro “Homo Deus: breve historia del Mañana”, Yuval Noha Harari inicia proclamando la inminente victoria de la humanidad sobre los cuatro grandes males con los que se viene luchando desde el principio de los tiempos: el hambre, la guerra y la muerte.

En lo que se refiere al hambre da una serie de datos actualizados que confirman lo que he leído en algunos otros actores: nunca antes hubo en el mundo tal cantidad de satisfactores, y nunca como ahora hay están accesibles a una porción tan grande de la humanidad.

Ciertamente mucho nos falta para llegar a la verdadera universalidad, por diminuto que sea el porcentaje, seguirá indicándonos que miles, cientos de miles de personas, se van a la cama sin haber ingerido ningún alimento durante el día, y sin certeza de que al día siguiente vayan a comer.

Pocas cosas hay que puedan impactarnos más que la imagen de un infante con la piel pegada a los huesos y las moscas rondándole, desfallecido bajo en los brazos de su madre, incapaz de producir leche para amamantarle porque tampoco tiene alimento. Esa imagen convoca a la acción.

En otro interesante libro, “Hombre blanco busca negro pobre”, Gustau Nerín, describe la cantidad de iniciativas que año con año surgen para solucionar los problemas de comunidades en el continente africano, y la gran cantidad de recursos que se desperdician, se despilfarran y muchas veces se desvían, bajo esa altruista bandera.

Bueno, pero de eso no estaba hablando. La cosa es que hoy la humanidad en su conjunto padece más por el extremo contrario a la desnutrición que a causa de esta. Noha hace una comparativa que no puedo recordar, pero el número de personas que fallecen a causa de ingerir más calorías de las necesarias es muy superior al de aquellas que perecen por falta de alimento. Pongamos como ejemplo el caso de México.

En nuestro país fallecen cada año a causa de la desnutrición un poco más de ocho mil quinientas personas. En cambio, la ingesta desproporcionada y desequilibrada de calorías que culmina en sobrepeso y obesidad termina con la vida de alrededor de doscientas mil personas: ochenta mil de ellas a causa de la diabetes y sus complicaciones; cien mil más por enfermedades cardiovasculares. Como dijo el cura, ta´cab…

Pero la imagen descrita líneas arriba sigue siendo real, y aunque el número de niños que en el mundo mueren antes de cumplir cinco años ha disminuido en los últimos treinta años a menos de la mitad, (de 12.6 millones en 1990 a 5.4 millones en 2017), la desnutrición sigue siendo la causa de la mitad de esas muertes. Diario unos ocho mil niños mueren en el mundo por falta de alimentos y la consecuente debilidad para combatir las enfermedades infecciosas que los aquejan.

Esas cifras refuerzan la conmovedora imagen.

Por ello los políticos abrazan, o dicen abrazar, las causas de los “necesitados”: gana más votos tomarse la foto con una persona de edad avanzada de extremada delgadez (afortunadamente nuestro sistema legal ha limitado la utilización de la imagen de menores de edad en las campañas políticas), que tomarse una foto junto a un rollizo oficinista con los botones de la camisa a punto de saltar; aunque el problema del segundo es mucho más extendido, al grado de estar considerado ya como epidemia.

Es por ello también que algunos prefieren patrocinar una “protesta ciudadana”, y luego irrumpir en la misma luciendo pijamas, y literalmente “tirarse al piso”, en vez de reflexionar seriamente sobre lo que conviene a la ciudad.

Y vamos hablando claro, entiendo que hay una oposición legítima a las obras que se construyen para introducir el sistema de transporte por el centro del Blvd. Gómez Morín, pero creo que quien aspira a dirigir los destinos de esta ciudad debe por lo menos tener una visión general de la misma. Argumentar que el sistema de transporte no es necesario en ese tramo “porque aquí nadie llega en camión”, es ignorar las necesidades de cientos de personas que efectivamente sí utilizan, y actualmente padecen, el sistema de transporte para llegar al negocio donde trabajan y cuyos propietarios se oponen a la mejora. Es ignorar también a los miles de personas que viven más al oriente de la ciudad y que necesariamente atraviesan ese tramo del boulevard para llegar a sus destinos.

Reconozco también que los esfuerzos por sumar a los propietarios de negocios de ese sector tal vez no han sido suficientes y adecuados, que la construcción causa molestias temporales y altera la forma de convivir con la vialidad. Pero soy un convencido de que Juárez merece un sistema de transporte digno.

Entiendo también del enojo que genera la ejecución simultánea de tal cantidad de obras en nuestra ciudad, pero estoy seguro de que una vez puestas en operación se elevará el nivel de vida de los habitantes y la competitividad ascenderá, generando con ellos mayores oportunidades de desarrollo, comunitario y personal. La inversión sin precedentes que hoy estamos viendo debe ser la chispa que detone la espiral virtuosa y lleve a Juárez a ser la ciudad que sus habitantes merecen.

Sé también que en la ocasión pasada prometí ahondar en las impresionantes capacidades comunicativas del presidente de la república (si los proyectos que hoy están bajo el ataque constante de los opinólogos locales tuvieran un defensor con el diez por ciento de esa habilidad, otro gallo estaría cantando), pero qué quiere. Irma tiene razón, no puedo ver en la pantalla a una mujer en ropa de noche arrastrándose por el piso porque me distraigo. Sobre el presidente y sus virtudes regresamos en una próxima ocasión en que nos encontremos hablando de…

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