/ viernes 2 de julio de 2021

Y hablando de…

A medias

Este jueves fue una fecha muy importante: se cumplieron treinta y cuatro años de que, en una madrugada y después de salir del baile de graduación, le hice una pregunta a la bella Irma y su respuesta afirmativa nos mantiene unidos hasta la fecha sorteando juntos lo que la vida nos presenta y planeando lo el futuro, porque pensar en el mañana es una forma de irlo disfrutando por adelantado.

También el jueves se cumplieron tres años de la aplastante victoria del presidente López en las urnas, uno de los triunfos más contundentes que lo revistió de una legitimación impresionante, y lo arropó con una mayoría legislativa que no se veía desde el siglo pasado. El resultado permitía augurar que no tendría problema para ejecutar sus planes de gobierno. Aunque la fecha no coincide exactamente con el período del encargo, se puede decir que más o menos se encuentra a la mitad del mismo.

López logró convencer a la mayoría de los votantes reeditando aquella bandera de dirigir sus acciones a la atención de los más pobres. Mejorar las condiciones de bienestar es la tarea principal de una administración. En México se han establecido, primero criterios de medición objetivos, y en base a ellos, políticas públicas encaminadas a elevar la calidad de vida de las personas consideradas en situación de pobreza.

Según datos del CONEVAL, instancia creada para evaluar la efectividad de la política social, en la década comprendida de 2008 a 2018, la que antecedió al actual gobierno, el porcentaje de población en pobreza extrema se redujo de 44.4 a 41.9 por ciento, un avance pequeño pero sostenido; mientras que aquellas personas consideradas en pobreza extrema disminuyeron del 11 al 7.4 por ciento, una reducción significativa, pasando de 12.3 a 9.3 millones de personas.

Si el énfasis de la actual administración es mejorar la condición de los pobres, no lo ha logrado. Por el contrario, lo está empeorando. En los primeros treinta y un meses de gobierno la cantidad de personas en situación de pobreza aumentó en 9.8 millones, lo que habíamos logrado en diez años quedó borrado en menos de tres.

El candidato López ofreció un crecimiento de la economía del orden del cuatro por ciento, le atinó al número, pero no al signo. Lo cierto es que la economía mexicana muestra una disminución del 4.4 % durante su gestión como presidente. Buena parte de ello es atribuible a la pandemia de Covid 19, sin embargo, otras economías que también registraron contracciones crecen ya, como la de Estados Unidos a casi el ocho por ciento, o China que alcanza un crecimiento de dos dígitos.

El manejo de la pandemia ha sido desastroso en todos los sentidos: desde la falta de medidas de prevención para evitar contagios, la negligencia en adquirir oportunamente material y equipo para la atención de los enfermos, y desde luego la impreparación para la obtención y aplicación de las vacunas. La contracción económica pudo paliarse y puede mejorarse, pero el gobierno ha sido renuente en establecer un programa de estímulo a la reactivación económica, como lo han hecho los países que hoy van saliendo de ese aspecto de la crisis. La ausencia de una política reactive la economía podría llevar a la pobreza a otros tres millones de mexicanos, según lo estima el propio CONEVAL.

Otro de los grandes dolores de los mexicanos lo es el aspecto de la seguridad. López prometió que la misma terminaría al día siguiente de asumir el poder, pues los delincuentes ya no tendrían porqué serlo, y ofreció una política de amnistía bajo el lema de “abrazos, no balazos”, que tampoco ha funcionado.

Si medimos la inseguridad por el delito de mayor impacto que son los homicidios dolosos, los mismos presentan un incremento del ciento ocho por ciento, si se comparan con los primeros treinta meses de la administración anterior. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los primeros treinta meses de la gestión de López han ocurrido en el país más de ochenta y nueve mil asesinatos. Tan sólo en el último mes se han registrado diez masacres.

Claro, la política de amnistía se ha aplicado selectivamente. Recordemos el caso de Ovidio Guzmán (hijo del Chapo) cuya liberación fue ordenada por el mismísimo presidente.

López nos dijo también que su gobierno llevaría finanzas sanas, que no tendría necesidad de pedir prestado porque llevaría una administración austera. Si bien es cierto se han aplicado algunos recortes draconianos, el balance del gobierno no mejora, de hecho, la deuda pública creció en 1.6 billones de pesos y se ubica en un máximo histórico de 12.3 billones, según datos de la SHCP. Esto significa que cada mexicano debe hoy cerca de cien mil pesos gracias al gobierno.

Ya de otras cosas ni le hablo, como la promesa de vender el avión presidencial que ahí sigue estacionado y cuyo mantenimiento sigue constando un dineral.

Y si bien no estamos exactamente a la mitad de la administración, confío en que estos treinta y cuatro años de convivencia con Irma tampoco lo sean, y que nos queden muchos más por delante, para tener oportunidad de seguir hablando de…

A medias

Este jueves fue una fecha muy importante: se cumplieron treinta y cuatro años de que, en una madrugada y después de salir del baile de graduación, le hice una pregunta a la bella Irma y su respuesta afirmativa nos mantiene unidos hasta la fecha sorteando juntos lo que la vida nos presenta y planeando lo el futuro, porque pensar en el mañana es una forma de irlo disfrutando por adelantado.

También el jueves se cumplieron tres años de la aplastante victoria del presidente López en las urnas, uno de los triunfos más contundentes que lo revistió de una legitimación impresionante, y lo arropó con una mayoría legislativa que no se veía desde el siglo pasado. El resultado permitía augurar que no tendría problema para ejecutar sus planes de gobierno. Aunque la fecha no coincide exactamente con el período del encargo, se puede decir que más o menos se encuentra a la mitad del mismo.

López logró convencer a la mayoría de los votantes reeditando aquella bandera de dirigir sus acciones a la atención de los más pobres. Mejorar las condiciones de bienestar es la tarea principal de una administración. En México se han establecido, primero criterios de medición objetivos, y en base a ellos, políticas públicas encaminadas a elevar la calidad de vida de las personas consideradas en situación de pobreza.

Según datos del CONEVAL, instancia creada para evaluar la efectividad de la política social, en la década comprendida de 2008 a 2018, la que antecedió al actual gobierno, el porcentaje de población en pobreza extrema se redujo de 44.4 a 41.9 por ciento, un avance pequeño pero sostenido; mientras que aquellas personas consideradas en pobreza extrema disminuyeron del 11 al 7.4 por ciento, una reducción significativa, pasando de 12.3 a 9.3 millones de personas.

Si el énfasis de la actual administración es mejorar la condición de los pobres, no lo ha logrado. Por el contrario, lo está empeorando. En los primeros treinta y un meses de gobierno la cantidad de personas en situación de pobreza aumentó en 9.8 millones, lo que habíamos logrado en diez años quedó borrado en menos de tres.

El candidato López ofreció un crecimiento de la economía del orden del cuatro por ciento, le atinó al número, pero no al signo. Lo cierto es que la economía mexicana muestra una disminución del 4.4 % durante su gestión como presidente. Buena parte de ello es atribuible a la pandemia de Covid 19, sin embargo, otras economías que también registraron contracciones crecen ya, como la de Estados Unidos a casi el ocho por ciento, o China que alcanza un crecimiento de dos dígitos.

El manejo de la pandemia ha sido desastroso en todos los sentidos: desde la falta de medidas de prevención para evitar contagios, la negligencia en adquirir oportunamente material y equipo para la atención de los enfermos, y desde luego la impreparación para la obtención y aplicación de las vacunas. La contracción económica pudo paliarse y puede mejorarse, pero el gobierno ha sido renuente en establecer un programa de estímulo a la reactivación económica, como lo han hecho los países que hoy van saliendo de ese aspecto de la crisis. La ausencia de una política reactive la economía podría llevar a la pobreza a otros tres millones de mexicanos, según lo estima el propio CONEVAL.

Otro de los grandes dolores de los mexicanos lo es el aspecto de la seguridad. López prometió que la misma terminaría al día siguiente de asumir el poder, pues los delincuentes ya no tendrían porqué serlo, y ofreció una política de amnistía bajo el lema de “abrazos, no balazos”, que tampoco ha funcionado.

Si medimos la inseguridad por el delito de mayor impacto que son los homicidios dolosos, los mismos presentan un incremento del ciento ocho por ciento, si se comparan con los primeros treinta meses de la administración anterior. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los primeros treinta meses de la gestión de López han ocurrido en el país más de ochenta y nueve mil asesinatos. Tan sólo en el último mes se han registrado diez masacres.

Claro, la política de amnistía se ha aplicado selectivamente. Recordemos el caso de Ovidio Guzmán (hijo del Chapo) cuya liberación fue ordenada por el mismísimo presidente.

López nos dijo también que su gobierno llevaría finanzas sanas, que no tendría necesidad de pedir prestado porque llevaría una administración austera. Si bien es cierto se han aplicado algunos recortes draconianos, el balance del gobierno no mejora, de hecho, la deuda pública creció en 1.6 billones de pesos y se ubica en un máximo histórico de 12.3 billones, según datos de la SHCP. Esto significa que cada mexicano debe hoy cerca de cien mil pesos gracias al gobierno.

Ya de otras cosas ni le hablo, como la promesa de vender el avión presidencial que ahí sigue estacionado y cuyo mantenimiento sigue constando un dineral.

Y si bien no estamos exactamente a la mitad de la administración, confío en que estos treinta y cuatro años de convivencia con Irma tampoco lo sean, y que nos queden muchos más por delante, para tener oportunidad de seguir hablando de…

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