/ viernes 30 de julio de 2021

Y hablando de…

La sobremesa 2.1

Habíamos quedado de hablar sobre lo que puede hacer la oposición para enfrentar el 2024, pero ya hablamos también de cómo son las sobremesas, la conversación no tiene un rumbo fijo y repentinamente surge un nuevo tema que atrae la atención de todos y se pasa el tiempo. Así surgió en nuestra plática el tema de la consulta pública que se llevará a cabo este domingo y supuestamente tiene como finalidad enjuiciar a los expresidentes.

Ya se ha hablado mucho de ese evento y la verdad tiene poco caso repetirlo. Lo que se pregunta no se refiere a ninguna persona ni hecho en concreto, y podría traducirse en algo así como “¿esta usted de acuerdo en que los peces naden?”. Ni el presidente ni ninguna otra autoridad requiere el aval de la una consulta para cumplir con su obligación, ni, por el contrario, si la consulta resultara en sentido negativo, les exime de aplicar la ley.

Para ser vinculante la consulta requiere la participación de poco más de treinta y siete millones de personas, número al que no se llegará, de lo que se pueden prever dos cosas, aunque como dijo Yogui Berra: es difícil hacer predicciones… especialmente sobre el futuro.

Lo primero es que el bando oficialista cargará la culpa del fracaso al INE, y utilizará la poca participación en la consulta como una razón más para exigir cambios en la composición y funcionamiento del instituto, orientándolo a donde piensan que les conviene.

Lo realmente interesante es ver como se comporta la estructura de Morena. En el estado no se ve que estén haciendo nada, y muy probablemente será uno de los de menor participación. Pero los números servirán para confirmar su voto duro en las zonas en las que recientemente obtuvo triunfos: el oriente de CDMX, y estados como Zacatecas, Campeche y Tlaxcala.

Ver también si la delincuencia organizada vuelve a “portarse bien” como lo hizo el seis de junio, y le aporta participantes a la consulta en el corredor dorado, desde Guerrero a las Baja Californias, donde ya demostró su poder. Resulta muy raro que el mismo fin de semana de la consulta el presidente López regrese a Badiraguato.

Se habla también de una irresponsabilidad al no elevar los niveles del semáforo epidemiológico para no inhibir la participación. Creo que, por el contrario, si se quisiera manipular el semáforo la autoridad debería ponerlo todo en rojo profundo, para tener un pretexto.

Lo que más debe preocupar del semáforo es la obstinación presidencial de regresar a clases presenciales, sin importarle (así lo dijo) que otros piensen diferente, ni el aumento de contagios registrado en niños de edad escolar, o el que se haya presentado ya, al menos, el deceso de un menor que se dice fue contagiado en un aula.

Pero en cosas de otra índole (le digo, así son las sobremesas, de la consulta a la pandemia y ahora a otra cosa), me llamo la atención lo ocurrido con la gimnasta olímpica estadounidense Simone Biles, quien decidió abandonar a su equipo y la competencia al enfrentar una fuerte presión emocional y psicológica. Si se intenta entenderla, hay que analizar el proceso.

Una atleta de su nivel se somete a duros programas de entrenamiento diseñados para desarrollar lo mejor de sus habilidades y alcanzar el punto culminante de las mismas el día de la competencia importante, es decir, en la fecha exacta. Así, ella inició una rutina de más de dos años que concluiría en la tercer semana de julio de 2020, lo que se frustró debido a la pandemia. Imagine usted el desconsuelo (de ella y de cualquier atleta) al confirmar que casi un diez por ciento de su vida (tiene 24 años) se ve desperdiciado por un acto ajeno, imprevisible e incontrolable.

Imagine también la desazón ante la incertidumbre de si se volvería a programar la justa deportiva y cuando; a la edad de Simone una cancelación total de los juegos terminaría con su carrera olímpica, pues a pesar de su talento difícilmente llegaría a los juegos del 2028.

Luego tener que acelerar los programas de preparación para estar lista en pocos meses, no es que los atletas se tiren a la hamaca, pero sus rutinas se vieron interrumpidas por los confinamientos. Y por último, que todos los ojos estén puestos sobre su desempeño, ¿podría refrendar las medallas de oro que obtuvo en Río de Janeiro? La joven explotó.

Esto nos deja ver dos cosas: aún los más talentosos y dedicados profesionales están compuestos de emociones y sentimientos, y su desempeño, que parece perfecto, se ve afectado por los mismos. Pero lo más importante, al menos para mí, refleja la importancia de la salud emocional y psicológica de las personas.

En México hemos experimentado un aumento constante en los suicidios desde 2008, según datos del INEGI. En los primeros seis meses del año pasado se registraron 2,130, y el suicidio constituye ya la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años.

Ciertamente estamos ocupados en atender y resolver la pandemia por Covid – 19, pero no debemos cerrar los ojos ante esta realidad. Desde antes de la pandemia vivíamos ya otra epidemia de enfermedades como la depresión, la ansiedad y la soledad; la pandemia, con sus confinamientos, restricciones y las ausencias provocadas, ha venido a empeorar las cosas. Las enfermedades de la psique son complicadas de entender y más aún de tratar, pero una obligación común a todos es ser cercanos a nuestros prójimos, alertas para identificar cambios de comportamiento, y tener el contacto de algún especialista que pueda dar la atención adecuada.

Ya se me acaba el espacio y al rato empieza el editor a dar guerra con que le mande estás líneas. Lo que la oposición pudiera hacer rumbo al 2024 lo platicamos en la siguiente ocasión en que nos encontremos hablando de…

La sobremesa 2.1

Habíamos quedado de hablar sobre lo que puede hacer la oposición para enfrentar el 2024, pero ya hablamos también de cómo son las sobremesas, la conversación no tiene un rumbo fijo y repentinamente surge un nuevo tema que atrae la atención de todos y se pasa el tiempo. Así surgió en nuestra plática el tema de la consulta pública que se llevará a cabo este domingo y supuestamente tiene como finalidad enjuiciar a los expresidentes.

Ya se ha hablado mucho de ese evento y la verdad tiene poco caso repetirlo. Lo que se pregunta no se refiere a ninguna persona ni hecho en concreto, y podría traducirse en algo así como “¿esta usted de acuerdo en que los peces naden?”. Ni el presidente ni ninguna otra autoridad requiere el aval de la una consulta para cumplir con su obligación, ni, por el contrario, si la consulta resultara en sentido negativo, les exime de aplicar la ley.

Para ser vinculante la consulta requiere la participación de poco más de treinta y siete millones de personas, número al que no se llegará, de lo que se pueden prever dos cosas, aunque como dijo Yogui Berra: es difícil hacer predicciones… especialmente sobre el futuro.

Lo primero es que el bando oficialista cargará la culpa del fracaso al INE, y utilizará la poca participación en la consulta como una razón más para exigir cambios en la composición y funcionamiento del instituto, orientándolo a donde piensan que les conviene.

Lo realmente interesante es ver como se comporta la estructura de Morena. En el estado no se ve que estén haciendo nada, y muy probablemente será uno de los de menor participación. Pero los números servirán para confirmar su voto duro en las zonas en las que recientemente obtuvo triunfos: el oriente de CDMX, y estados como Zacatecas, Campeche y Tlaxcala.

Ver también si la delincuencia organizada vuelve a “portarse bien” como lo hizo el seis de junio, y le aporta participantes a la consulta en el corredor dorado, desde Guerrero a las Baja Californias, donde ya demostró su poder. Resulta muy raro que el mismo fin de semana de la consulta el presidente López regrese a Badiraguato.

Se habla también de una irresponsabilidad al no elevar los niveles del semáforo epidemiológico para no inhibir la participación. Creo que, por el contrario, si se quisiera manipular el semáforo la autoridad debería ponerlo todo en rojo profundo, para tener un pretexto.

Lo que más debe preocupar del semáforo es la obstinación presidencial de regresar a clases presenciales, sin importarle (así lo dijo) que otros piensen diferente, ni el aumento de contagios registrado en niños de edad escolar, o el que se haya presentado ya, al menos, el deceso de un menor que se dice fue contagiado en un aula.

Pero en cosas de otra índole (le digo, así son las sobremesas, de la consulta a la pandemia y ahora a otra cosa), me llamo la atención lo ocurrido con la gimnasta olímpica estadounidense Simone Biles, quien decidió abandonar a su equipo y la competencia al enfrentar una fuerte presión emocional y psicológica. Si se intenta entenderla, hay que analizar el proceso.

Una atleta de su nivel se somete a duros programas de entrenamiento diseñados para desarrollar lo mejor de sus habilidades y alcanzar el punto culminante de las mismas el día de la competencia importante, es decir, en la fecha exacta. Así, ella inició una rutina de más de dos años que concluiría en la tercer semana de julio de 2020, lo que se frustró debido a la pandemia. Imagine usted el desconsuelo (de ella y de cualquier atleta) al confirmar que casi un diez por ciento de su vida (tiene 24 años) se ve desperdiciado por un acto ajeno, imprevisible e incontrolable.

Imagine también la desazón ante la incertidumbre de si se volvería a programar la justa deportiva y cuando; a la edad de Simone una cancelación total de los juegos terminaría con su carrera olímpica, pues a pesar de su talento difícilmente llegaría a los juegos del 2028.

Luego tener que acelerar los programas de preparación para estar lista en pocos meses, no es que los atletas se tiren a la hamaca, pero sus rutinas se vieron interrumpidas por los confinamientos. Y por último, que todos los ojos estén puestos sobre su desempeño, ¿podría refrendar las medallas de oro que obtuvo en Río de Janeiro? La joven explotó.

Esto nos deja ver dos cosas: aún los más talentosos y dedicados profesionales están compuestos de emociones y sentimientos, y su desempeño, que parece perfecto, se ve afectado por los mismos. Pero lo más importante, al menos para mí, refleja la importancia de la salud emocional y psicológica de las personas.

En México hemos experimentado un aumento constante en los suicidios desde 2008, según datos del INEGI. En los primeros seis meses del año pasado se registraron 2,130, y el suicidio constituye ya la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años.

Ciertamente estamos ocupados en atender y resolver la pandemia por Covid – 19, pero no debemos cerrar los ojos ante esta realidad. Desde antes de la pandemia vivíamos ya otra epidemia de enfermedades como la depresión, la ansiedad y la soledad; la pandemia, con sus confinamientos, restricciones y las ausencias provocadas, ha venido a empeorar las cosas. Las enfermedades de la psique son complicadas de entender y más aún de tratar, pero una obligación común a todos es ser cercanos a nuestros prójimos, alertas para identificar cambios de comportamiento, y tener el contacto de algún especialista que pueda dar la atención adecuada.

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